Instrucciones para querer

Posted on junio 16, 2012 por

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Por Martín de la Torre Mejía

Escriba un título pretensioso y crea que usted es el indicado para decir cómo ha de quererse en la vida.

Haga listas, de palabras, preferiblemente en libretas rojas, con esferos de media tinta. Escriba solo las que suenen a libertad. Retíñalas varias veces en caso de que presienta que las puede llegar a olvidar.

Averigüe si tiene tripas, entrañas, hígado y garganta.

Retenga el llanto que tanto quiere salir y canalícelo en recordar las palabras que tienen diéresis: antigüedad; averigüe; pingüino.

Estire su brazo izquierdo, aléjelo de su cuerpo, abra su mano lentamente, siéntala ajena, contemple sus dedos, siéntase ajeno.

Mande cartas. Escríbalas a mano. Compre sobres y, si le alcanza el dinero, estampillas. Vaya al correo. Mande la carta. Mande las cartas. Si no puede, salga corriendo a media noche, salga de madrugada en bicicleta. Pase por la casa del sujeto querido. Recuérdese entrando, olvídese saliendo. Entregue las cartas.

Sea cobarde. Sea cretino. Espere. Planee viajes lejanos, no importa si va a ir o no. Espere. En la víspera del viaje, sea cobarde. Marque el número que conoce de memoria, ese que no ha sido capaz de borrar. Llámela. Llámela y quédese callado. Piense en todas las palabras que tienen diéresis. Respire, profundamente si quiere. No deje que un suspiro traidor se le escape. Cuando el vértigo se apodere de usted y esté a punto de decirle que la ama, que no imagina su vida sin ella, que el maldito cliché de no haber conocido a alguien como ella en la vida, de no saberla suya, de saber que envejecerá y será la mejor y más bella persona que jamás lo habrá notado, es cierto. Cuando sea irremediable el impulso y el salto en la mitad de la vida esté a punto de consumarse, empiece a hablarle de sus  planes, háblele de la de siempre. Dígale que todo el mundo lo ve con ella, dígale que la quiere, que sabe que ella también lo quiere a usted. Cuando sienta una pausa en su respiración sepa que cumplió su cometido y que la persona a la que va a querer por el resto de su jodida existencia seguramente está llorando por usted.

Sean una idea abstracta de algo que solo ustedes conocen.

Cómprele flores. Que sean amarillas o blancas. No se las dé.

Manche todas las malditas canciones con su nombre.

Hágase necesario.

Desaparezca.

Sea intermitente y triste, finja que no le importa. Siga su vida, envejezca. Recuérdela en agosto, en mayo y en diciembre. Recuérdela todos los días. Véala en otras personas, deje que su miopía empeore, reconózcala en otras caras en la calle. Ahora usted la quiere, para siempre. Sea cobarde, no se lo diga. Escriba textos con títulos incoherentes solo para que ella sepa, intuya, en el fondo de su garganta, que cada una de estas palabras grita desesperadamente ese nombre que usted no es capaz de pronunciar.

Compre un gato y póngale su nombre.

Sea cobarde, quiérala.

Fotografía: (cc)seanmcgrath

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Posted in: Pajazos mentales