Colombia no aprende del pasado

Posted on abril 30, 2012 por

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Por Sara E. Corredor Russi

Las condiciones económicas de un país son el punto diciente de sus ventajas y desventajas cuando decide abrirse al mercado mundial. Desde los 90, Colombia ha tenido que afrontar las consecuencias de la apertura económica, opción teórica para lograr altas tasas de crecimiento, pleno empleo, inserción internacional y mejoras en el salario. Opción teórica limitada por la realidad empírica.

Ahora Colombia debe afrontar nuevos retos en el campo internacional. Firmar el tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de América no es cualquier cosa. Si desde Mayo de 2004 el país empezó los trámites para abrirse al mercado más grande del mundo, es indudable reconocer las consecuencias de la magnitud de la tarea. Hoy tenemos un gobierno que se muestra positivo y una población a la espera.

Una decisión que altere la condición económica del país hace que, indudablemente, miremos el pasado. La apertura económica que empezó a tener vigencia en 1991 nos hizo confiar en exceso en la ventaja comparativa. ¿El resultado? El desempleo alcanzó la tasa más alta y se diluyó la poca equidad existente en la sociedad colombiana. Todo en el escenario de las demandas internacionales para las que no éramos competentes.

El mercado interno colombiano y el comportamiento de las distintas regiones del país nos demuestran, también, la importancia de la historia. El contexto que envuelve a las ciudades que han liderado el desarrollo y el crecimiento de la nación nos indica los pocos campos de acción en los que se sostiene la productividad y la industrialización del país.

En 1970, por ejemplo, también se hicieron esfuerzos por abrir las puertas al mundo. Sustitución de importaciones (ISI) y crecimiento en exportaciones eran el objetivo. Pero, de nuevo, al objetivo lo limitaron las aglomeraciones industriales que no permitían la desconcentración. Una vez más, perdimos solidez como nación.

Luego de la firma del TLC con Estados Unidos, Colombia debe superar las consecuencias de la historia. Cada vez que la globalización aparece para nosotros, quedamos en desventaja frente al mundo. Desventaja que nace precisamente de no reconocernos como país y de no regionalizar nuestros sectores productivos para que prevalezcan en el mercado internacional.

Colombia debería fortalecerse a sí misma y no esperar ser fortalecida por el mercado más grande del mundo. Un país que exporta 99% más que el nuestro y que, a pesar de ello, está sumergido en una crisis económica, merece todo tipo de cuestionamientos.

Colombia se manifiesta: las ventajas tecnológicas y de infraestructura de Estados Unidos son una clara preocupación en términos de competitividad para el sector agrícola. La Sociedad de Agricultores Colombianos considera que “una cosa es ser eficiente y productivo a nivel de finca, y otra darle valor agregado y llevarlo a los puertos para embarque”. La inconformidad de los sectores se generaliza cuando se considera que los costos logísticos y de transporte no facilitan la movilización de mercancías.

La economía colombiana siempre ha estado sujeta al sector primario, a las actividades agrícolas, mineras y petroleras que llevan, conjuntamente, al desarrollo del comercio y la tercerización del país. Los resultados son históricos y la dependencia sigue siendo la misma cuando decidimos abrirnos al mercado mundial.

Después de casi una década de negociaciones con Estados Unidos, el país debe afrontar nuevos retos que nos pongan en condiciones de competencia: mejoras de infraestructura, adecuación institucional y normativa, eficacia en la rama judicial, productividad y competitividad en el sector agrícola, capacidad de inversión, lucha contra la corrupción y, finalmente, ser consecuentes con los beneficios a largo plazo que garanticen la reducción de la pobreza y la inequidad.

Sin duda la entrada en vigencia del TLC puede mostrarnos dos lados de la moneda: garantías económicas, sociales y políticas o… una degradación del proyecto de país. Para resolver el acertijo, revisemos nuestra historia.

Fotografía: (cc)prendio2

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