La magia y García Márquez

Posted on abril 18, 2012 por

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Por Juan Botía

García Márquez es una criatura mitológica. Es una hidra, un fauno y un grifo.

Pensamos en él como si fuese lo que, acaso, quizá sea en el fondo: un hombre volcado más allá del mundo y de sí mismo. Una estatua viva. Perfectamente inalcanzable. Es sólo un hombre, pero su obra no es sólo una obra.

En sus libros yace una especie de abismo donde el infinito y la magia se tocan con una intermitencia desoladora y exquisita. No arrojarse a él podría ser una de las formas más concretas de la amargura.

Al leer varios títulos suyos sentí una bruma ardiente que me devastaba, un soplido de conmoción tan grandioso que, para mí, el hecho de escribir se traducía en una tibia vergüenza luego de terminar cualquiera de sus libros. Es difícil levantarse a vivir después de leer cualquiera de sus líneas, de sus párrafos. En esencia, por aquella sensación de estar embebido en ese charco de baba materna del que no puedo acordarme, pero cuyo sabor tengo grabado en las coyunturas de las manos. Es difícil levantarse a vivir después de leer a García Márquez, pues yo siento nacer de nuevo. Y, sin embargo, no me veo en sus pueblos ni en sus gentes, sino en el mismo escenario desde donde él ascendió al cielo que inventó en sus novelas y en sus cuentos, y desde donde yo lo veo vivo, envuelto en su fuego de leyenda.

En ocasiones, y con razón, entendemos las sombras de los grandes clásicos como fantasmas de demonios inclementes que nos envuelven en su grandeza y nos privan de la inspiración. Quizás esté ausente la tierna idea de que estos mismos demonios lleven lápices en lugar de tridentes, y que también nos mueven los brazos con sus hilos eternos cuando ya no hay suficiente valor para seguir mirando la miseria a los ojos.

Tal vez derrumbarse leyendo grandes obras no sea sino la mejor oportunidad para reorganizar los ladrillos de la vida.

A Gabriel García Márquez “le debo la gran deuda de instruirme, sin querer, a vivir a cambio del sueño que requiere el tormento de estar de pie”.

Lo único más mágico y más bello que su obra sería que Gabo cumpliese Cien Años. Ojalá y hasta allá le alcance su alma encantadora.

Fotografía: (cc)Haceme un 14

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Posted in: Cultura, Opinión