Prohibido olvidar

Posted on abril 17, 2012 por

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Por Sofía Salas Ungar

Colombia grita de alegría. Finalmente, después de 13 tortuosos años, los últimos soldados y policías que permanecían en poder de las FARC fueron liberados. Qué emocionante es verlos hundirse en los brazos de sus seres queridos sabiendo que nunca más deberán volver al corazón de la manigua que casi, casi se los traga vivos. Comparto la alegría.

Colombia aplaude con entusiasmo. Las FARC afirmaron haber abolido el secuestro como práctica de guerra. Civiles y fuerza pública podemos estar tranquilos de que nadie más sufrirá el flagelo que este grupo insurgente hizo que tantos otros padecieron. Comparto los aplausos.

Colombia celebra. Con las operaciones “Armagedón” en Arauca y “Faraón” en Meta, varias caletas incautadas y un total de 141 guerrilleros dados de baja, 264 capturados y 217 desmovilizados en lo que va corrido del año, el Gobierno Nacional, de la mano del Ejército y la Policía, está dando golpes contundentes en la lucha militar. Comparto y no comparto la celebración porque, esta vez, además de aplaudir, también me pregunto en qué juego sucio hemos caído como sociedad al alegrarnos por la muerte de 141 seres humanos en tan sólo 4 meses.

Gritar de alegría sin recordar y detenerse a pensar es peligroso. Aún quedan muchos secuestrados. Según la Fundación País Libre, 405 personas que fueron secuestradas entre el 2002 y el 2011 siguen privadas de su libertad. Los encargados de Las Voces del Secuestro hablan de una cifra más pesimista que ronda los 3500 casos. Asimismo, según datos de Fondelibertad, el número de secuestrados de los que no se tiene noticia hace más de tres años asciende a 79.

Hay indicios de que la promesa de no secuestrar no se está cumpliendo. Según Olga Lucía Gómez, la directora de País Libre, el secuestro extorsivo, es decir, aquel que se da por motivos económicos, sigue vigente en las prácticas de las FARC. El consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Andrade, denunció que varios indígenas han sido secuestrados por grupos ilegales, entre ellos las FARC.

Los triunfos militares no sólo me causan cierta intranquilidad por tratarse de la celebración de muertes, sino también porque el combate y el ataque son de parte y parte. Sólo por citar algunos datos, en menos de dos semanas -entre finales de febrero y principios de marzo-, cinco poblaciones en el Cauca (Argelia, Timbiquí, Caldono, Guapí y Miranda) fueron atacadas y, el pasado 7 de abril, 6 soldados murieron en un enfrentamiento con el grupo guerrillero.

Es un poco pronto para celebrar gritando.

No dejemos que se nos olvide que todavía hay personas secuestradas merecedoras del mismo esfuerzo por su liberación. Un gran primer paso dieron las familia de estas personas con la creación de la organización “’Los que Faltan’ Secuestrados y Desaparecidos de Colombia Asociación Nacional” hace unas semanas. No dejemos que se nos olvide que todavía somos un país en guerra y que, si bien parece estar algo más cerca, nos falta un largo camino por recorrer para llegar a la paz. No dejemos que se nos olvide que la derrota no puede ser sólo militar y que debemos ocuparnos de los otros frentes. Celebremos, aplaudamos, alegrémonos, pero también recordemos, seamos conscientes y construyamos a partir de ello.

Fotografía: (cc)Xpectro

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Posted in: Opinión, Política