Más humanidad, por favor

Posted on abril 5, 2012 por

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Por Lina Ceballos

Si una persona habitante de la calle posee el dinero necesario para consumir algún alimento en un establecimiento público y el dueño de este no lo atiende por motivo de su apariencia, ¿es discriminación? Lamentablemente, para nuestra legislación y nuestro mundo democrático, donde prima el bienestar general sobre el particular, no. No es un acto de discriminación.

Según la norma, el acto de discriminación se da sólo por razón de  “raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual”. ¿Ven ahí estrato social, apariencia física o condición económica? ¡NO! Y si no está estipulado normativamente, no existe discriminación de este tipo. Entonces, lo que no digan las normas, no existe en el mundo real. ¡Sí, señores legisladores! Si supiesen que la realidad es más rica que cualquier teoría… que bellas aquellas clases de Constitucional Colombiano en las que me decían que el Derecho debe ir ligado a la realidad: caminando al mismo ritmo y generando un doble movimiento. Que bello y que falso es en realidad.

Aquellos seres, grises para algunos e invisibles para otros (como para el Derecho), pueden ser ultrajados y (mal) tratados hasta donde la moral, la ética y la misericordia de las personas lo permita, o ellos, en su instinto de conservación, resistan.

No somos quien para, alimentando nuestras ínfulas de jueces, calificar como justo y consecuente lo que le sucede a ese ser que habita en la calle. Es una de esas circunstancias en las que es imposible generar una valoración si no se está viviendo en carne viva. “El hambre no se explica, el hambre simplemente se siente y ya”.

Diría Descartes: “eres libre para ser sujetado”. ¿Cuán libres en realidad son aquellos seres que recorren a diario las calles de la ciudad? Y yo peleando por incluirlos en una normatividad que los sujetará, les arrancará su libertad y los condicionará mintiéndoles con frases tan bellas, elocuentes y pegajosas como “tu libertad termina donde empieza la del otro”. Embusteros.

Por lo que todos deberíamos pelear es por un trato humano para ellos: un saludo, una sonrisa, una mirada sin temor. Que bien que aquí todos sabemos que, pa’ ladrones, tenemos a los bancos, a las iglesias y a los políticos. Dejémonos de vainas y de prejuicios. Entendámonos como un todo. Veamos a ese ser como una persona que tuvo un desenlace de su vida no muy gratificante y no lo vulneremos más. Con aguantar hambre, frio, lluvia y sol ya es más que suficiente.

Peleo, en realidad, por un mundo más humano. Para eso no se necesita saber de Derecho, Economía, Sociología ni Antropología. Sólo se necesita ponerse un segundo en los zapatos del otro, entenderlo como mi hermano, como mi par, como un ser que siente, vive y ama. Lo que pretendo es una Bogotá (y una Colombia) más Humana. Pero no la de Petro, por favor.

Fotografía: (cc)carlosfpardo

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