Colombia, un orgasmo fingido

Posted on abril 1, 2012 por

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Por Mariángela Urbina Castilla

Somos una tribu de mujeres mal tiradas. Insatisfechas. Enfermas de mal sexo. 3 millones 145 mil mujeres colombianas son madres solteras. Mantienen solas a sus hijos, sostienen la economía de sus familias, trabajan sin descanso y, adivinen… duermen solas. No tienen una mano que las consienta. Pasan noches enteras sin un orgasmo. (La mayoría, por lo menos)

Si a ellas pudiésemos sumar la inconmensurable cifra de lesbianas reprimidas que abundan en esta patria, la cantidad de féminas insatisfechas en Colombia sería alarmante. Afortunadamente, para no morir de miedo, nunca encontraremos estadísticas confiables al respecto pues, para no agraviar nuestros “valores morales”, las chicas que se quieren entre ellas aún temen confesarse. ¿No les parece terrorífico? ¿Acaso no les de pavor pensar que son muchas las mujeres que no se atreven a vivir juntas; a dormirse juntas?

Tranquilos. Es comprensible que todavía no se alarmen. En una sociedad homofóbica y machista, eso es natural. Somos puros. Ascéticos. Por eso, lo que rechazamos no es la infelicidad sexual de las lesbianas y las madres solteras. No. Las repudiamos a ellas, por ser lo que son. A unas, por anormales. A las otras, por no conservar su matrimonio.

Lo que sí debería alarmarlos, ya que este país dice detestar la violencia, es lo siguiente: el 41% de las mujeres alguna vez ha recibido maltrato físico de su compañero. Un 11% confesó haber sido violada por su pareja. ¿Imaginan sus noches? Acostarse en la cama con un maltratador no debe ser excitante. No dudo que el sadomasoquismo resulte agradable para algunas, pero no creo que sea este el caso.

Y ni hablar de las suertudas (que si suman, no son muchas). Esas que no son madres solteras, lesbianas reprimidas, maltratadas o violadas. Las que sí tienen acompañantes que las tratan rico. Las que se sienten únicas en la cama. Las que tienen material real para consentirse cuando están solas. Las que cantan en la ducha. Las que no tienen que fingir orgasmos. Las felices por la noche. Esas tienen un problema grave: no pueden hablar de lo felices que son. La sociedad las llamaría putas, adjetivo que sería insoportable. Sus parejas, si son hombres, sentirían miedo de enfermarse. No hay nada más godo que un macho colombiano.  A ellos les gustan las niñas buenas. Buenas con el mundo. Traviesas en las sábanas.

¿De qué sirve la felicidad si no es para exhibirla? Tristemente, para ellas, es mejor no andar mostrándola. Ser puta, en Colombia, es un delito. Si no me creen, pregúntenle al Procurador.

Si yo fuese una mujer real, me arrancaría el sostén y lo colgaría en la entrada de la biblioteca de la universidad jesuita donde estudio. Me cambiaría el nombre: me llamaría Simone; Simone de Beauvoir. Me asociaría con otras mujeres reales para exigir buen sexo. Y lo más importante: expondría a los culpables en juicios públicos. A lo mejor, por fin, eso sí los alarma.

Fotografía: (cc)soy inne

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Posted in: Diatribas, Opinión