Colombia y sus soluciones imaginarias

Posted on marzo 26, 2012 por

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Por Gabriela Eslava

Un tipo andaba con pistolas descargadas para disparar balas imaginarias a quienes consideraba charlatanes. Fue él quien, en el París de los años 20, inspiró la patafísica: ciencia que estudia las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones. El término fue acuñado por Alfred Jarry, autor de Ubú rey y precursor del dadaísmo y el surrealismo. Después de su muerte, la ciencia sobrevivió y, el 11 de mayo del 48, se creó el Collège de la Pataphysique, al que pertenecieron personajes ilustres como Duchamp, Miró y Max Ernst.

Cualquier patafísico de los años 20, de sombrero encitado y chupa de boda, habría vivido feliz en Colombia. Aquí tenemos magíster en inventar soluciones imaginarias. Basta con hacer un recorrido por la amorfa geografía nacional para entender que vivimos de apariencias y titulares que calman la conciencia de unos pocos.

La situación en el Chocó es uno de los ejemplos insignia de las soluciones imaginarias del Gobierno. Sólo el 23% de la población cuenta con servicio de acueducto, mientras que el 65% vive en la pobreza. Les faltan los servicios básicos, esos sin los que nosotros no imaginamos una vida digna. Hay presencia de Bandas Criminales, de las Farc, de delincuencia común y, además, hay más de 3.000 hectáreas de coca según el último informe de Naciones Unidas contra las drogas y el delito. Las grandes empresas mineras internacionales se instalan a orillas del Río San Juan y explotan indiscriminadamente los recursos naturales y humanos, contratando a los chocoanos en condiciones miserables. Como si fuese poco, es una de las zonas del país con uno de los mayores índices de desplazamiento. Basta recordar que la masacre de Bojayá, en 2002, desplazó aproximadamente a 5.700 personas quienes, después de una década, no han podido volver a su tierra. En Chocó, tierra olvidada, las miradas color ébano ven pasar gobiernos, gobernantes, cámaras y micrófonos sólo cuando la capital decide recordarlos.

Las soluciones planteadas son pocas e imaginarias. No basta con organizar consejos comunales. No basta con hablarles de cómo la Constitución los abraza como un grupo de especial protección; de cómo la letra muerta habla de ellos cuando la única realidad que conocen es un día a día en el que nadie los tiene en cuenta. El Gobierno plantea aumentar el pie de fuerza en la región y promete, con frases de cajón, “brindar educación, salud y promover la cultura” de la zona. Van, dicen unas cuantas palabras, rodean con ejército por unos días y, tras un corto lapso de tiempo, todo vuelve al olvido habitual.

Y ante las soluciones imaginarias, los ciudadanos comunes y corrientes no hacemos mucho. Por eso las propagandas y un programa de gente cantando son suficientes para anestesiarnos la conciencia. ¿Cuántas masacres más tendrán que ocurrir para despertar del aletargamiento en el que vivimos? ¿Qué tanto tiene que aumentar la cifra de desplazados para que entendamos, de una vez por todas, que el problema es más profundo y que la solución imaginaria de poner ejército por unos días en unas cuantas vías no es suficiente?

Bogotá, la capital a donde aspiran llegar miles de esos colombianos desplazados para encontrar un mejor futuro, se derrumba ante nuestros ojos. Creemos que guardando silencio y fingiendo que no pasa nada todo se solucionará. Las soluciones imaginarias de la Alcaldía no contribuyen en lo más mínimo a la ciudad. Pagamos la sobretasa a la gasolina más cara del mundo, “supuestamente” para el arreglo de la maya vial. Es vergonzoso el estado de las vías fracturadas. Son vergonzosas las lozas dañadas de Transmilenio que desangran el bolsillo de los usuarios. Da pena la inseguridad y la delincuencia común. Es vergonzosa, también, la reacción de los usuarios, que creen que quemando y destruyendo las cosas van a cambiar. La indignación dura poco menos que un trancón, y el alcalde propone soluciones imaginarias desde su twitter, el medio desde donde gobierna. Sus 140 caracteres con ideas imaginarias no resuelven nada a corto ni a largo plazo.

Es muy cómodo sentarse a criticar y dedicarse a ser patafísico. ¿Qué estamos haciendo como ciudadanos? Somos patafísicos ilustres. Poner un hashtag en twitter con #díadenotanqueo, o unirse a un evento en Facebook, no es nada si efectivamente no hacemos nada. Si vamos a protestar, que sea con argumentos, con soluciones pensadas y con proyectos viables. Protestemos actuando, no sólo imaginando.

Fotografía: (cc)United Nations Photo

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