Siempre soñé con ser italiana…

Posted on marzo 19, 2012 por

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Por Julliett Trujillo

Siempre soñé con ser italiana. ¿Por qué italiana? Porque son completamente bellas, porque transmiten más con su cuerpo y con su cara que cualquier otra persona en el mundo. Y por una sencilla razón: porque han estado, están y estarán rodeadas de cultura. Crearon cultura y crearán cultura.

Pero este gran razonamiento se ha visto un poco tergiversado por un video que me llevó a cuestionarme sobre mi deseo de ser italiana. ¿Hay una realidad de ser italiana más allá de una belleza y hermosura inherentes a un cuerpo físico?

Para empezar, debemos saber que las imágenes no son simples imágenes: van más allá de la comunicación, la educación y el saber. Todo aquello que transmitimos no es más que un mensaje; un espejo de nuestras costumbres y nuestra cultura. Los espejos, muchas veces, sirven más para esconder que para revelar. Permiten disimular, diversificar y modificar la realidad.

Por ello, todo lo que denominamos como entretenimiento, no sólo representa un paisaje de ensueño sino que modifica fibras profundas de nuestro imaginario y, al hacerlo, se lleva nuestras raíces y realidades. Lo que vemos diariamente no es más que una realidad inventada para esconder una verdad. Nuestro entretenimiento está reducido a máscaras de cirugía estética, cuerpos inflados en exceso que modifican la imagen de una mujer real por un modelo falso y confuso de lo que realmente somos. Es, en muchos casos, la mera expresión de un circo producido para entretener más que para educar.

La imagen real de la mujer en su expresión y su significado ha sido ocultado para poner, en su lugar, un ideario vulgar y manipulado de lo que otros quieren ver, completado por muslos, senos, máscaras y otros materiales que hacen perder el sentido completo de la realidad femenina.

¿Qué es realmente lo femenino hoy en día? Una mujer en escena hoy no es más que la presencia de cantidad, no calidad. Lo realmente sorprendente de todo esto es que la mujer actual pasa a estar de acuerdo en secundar y ser adorno para la presencia masculina, un mero objeto sexual. Se resume en ser una imagen que perfecciona al otro en vez de complementarlo. El problema no es sólo en escena. Como mujeres, estamos tan acostumbradas a vernos a través de los ojos de los hombres que ya no podemos reconocer qué queremos realmente y qué nos hace felices. La belleza natural ya no nos representa y somos usadas como simples referencias sexuales. Es la asimilación de un modelo pornográfico simplista. La humanidad, en su gran mayoría, ha dejado de lado la sensualidad y la belleza de lo hermoso para entenderlo como simple y mojigato.

Un ejemplo es la vejez. Antes, los efectos de los años eran marcas que van más allá de un simple surco en la piel de cara: se entendían como testimonio de un camino recorrido y superado. Ahora, las mujeres sostienen una lucha contra el tiempo que les deja lo que ellas entienden como deformaciones monstruosas. Son un castigo.

¿Por qué hemos llegado a este punto de humillación? Para eso solo hay una respuesta, y aquí va: porque así funciona el sistema. Así funciona desde la moda hasta la política, desde el deporte y la música pop hasta la medicina. Por eso la pornografía entiende la atracción como una mera alusión sexual. Dejamos de lado la estética de la belleza.

Más que el cuerpo, duele la cara, porque es el más bello signo de la digna desnudez, muestra de la majestuosa vulnerabilidad humana. Ahora, más que ser italiana quiero es ser mujer, aunque no responda al gusto del entretenimiento creado. Lo único que quiero es responder a todo aquello llamado humanidad, con estética o sin ella, pero con la belleza de lo abstracto y, sobre todo, de lo verdadero.

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Posted in: Opinión, Reflexiones