Introducción a El Pasquín

Posted on marzo 14, 2012 por

0



Por Andrés Durán

Querido lector,

Hay una línea delgada en medio de lo que es bueno y lo que es malo. La cruzaría, pero no me siento seguro. Siento que mi vida es un circo y camino sobre esa cuerda de equilibrio. Veo a mi izquierda unos seres hermosos, de almas brillantes y belleza despampanante. Corazones puros, llenos de amor inmenso. Almas inconquistables por aquella sombra de maldad, esa sombra asesina que acaba vidas, se alimenta de la pureza y la inocencia de los sueños de mis hermanos.

A mi diestra tengo un ser lleno de maldad insaciable, carente de sentimientos; un consejero de Hades que intenta guiar mi vida, buscando llenar mi alma de ese espíritu oscuro oculto en nuestra humanidad. ¿Seré el culpable por odiar y amar a la vez de manera tan profunda? ¿Seré culpable de querer arrebatar una vida en un suspiro o de querer reconstruir vidas con golpes de amor?

Vivo entre ángeles e insectos, rodeado de la suciedad de una sociedad patética. Vivo con seres amargos, de sentimentalidad arrebatada hace tiempo. Las pasiones de mi alma se agotan.

¿Seré un ángel, un alma bella, pura, perfecta, sin odios, rencores o iras, de pasiones nobles, lleno de felicidad total y no la que dan los míseros placeres mundanos? O, acaso, ¿Seré yo uno de esos seres despreciables que gozan de la maldad y disfrutan del derramamiento de lágrimas ajenas, de esos que rondan los días, no las noches, buscando una víctima nueva a su interminable colección, de esos que regalan un te quiero como si fuese cualquier cosa, de esos que viven con máscaras en los bolsillos de su gabardina, máscaras usadas para mentir; para destruir?

Temo. Temo no sobrevivir a la desavenencia entre luz y oscuridad; al conflicto entre mis pasiones. Temo a la vicisitud de mis sentimientos humanos. Temo que sean conquistados, dominados y exprimidos por la belleza o la crueldad.

A veces me sueño en lo alto de un edificio, viendo caminar, por las calles, a insectos y ángeles. Los veo toparse unos con otros, reír unos con otros, sufrir unos con otros. Me gustaría saber si quienes me rodean son ángeles o insectos, son bellos o son una escoria más. Mi vida me ha enseñado que nunca se conoce realmente a las personas, a jamás juzgar. Hasta el diamante más hermoso puede ser salvado de una pila de boñiga y, también, es posible encontrar la amargura en algo tan dulce como la miel.

No puedo vivir sin unos ni otros. No me sentiría vivo sin la dulzura de una sonrisa verdadera; sin el goce enfermizo que produce ver un cadáver frío, estático, inmóvil; sin sentir el miedo que me abraza; sin el calor de un te amo; sin la profundidad de un te odio. La belleza de una risa y una lágrima derramada, ambas manifestaciones de nuestra profunda humanidad, son incomparables.

Disfruto la maldad, pero no puedo negar la bondad de mi ser.

¿Qué soy, entonces? Ángel e insecto; perfecto e imperfecto; puro y bello, pero, a la vez, sucio y repugnante; odiado y amado; rencoroso y amante. Soy mi pasión, mi egocentrismo, mi envidia, mi amor y mi locura. Soy mi humanidad llena de contradicciones. Soy, sencilla y únicamente, humano.

Bienvenidos a mi Pasquín.

Anuncios
Posted in: Opinión, Reflexiones