El factor vocación

Posted on agosto 24, 2010 por

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Por Lumiph

Escribiré sobre algo que quizá pueda parecer poco profundo, por no decir carente de cualquier tipo de importancia; algo, un factor más bien, que todos dan por inservible y superfluo en lo que a las discusiones con la Iglesia se refiere: la vocación. Todo a raíz de los aparentemente imparables escándalos de los miembros de la jerarquía eclesiástica.

En primer lugar, ustedes porqué razones creen que una persona se mete de cura, el porqué un hombre desea entrar al clero en lugar de permanecer en el estado civil donde no hay tantas exigencias -si se puede usar el término-, donde no es necesario dejar de casarse, donde se puede tener una familia, donde se puede aspirar a una vida llena de lujos y donde no es necesario ser un altruista ni un filántropo… ¿por qué, si es tan prometedora una vida civil, hay hombres que nos metemos en la lucha, en la odisea, de una vida consagrada, de una vida de sacerdote? Porque hay vocación, porque se siente el llamado de que uno de hecho puede servir dentro de una comunidad, que uno puede, en mi caso, dedicar toda su vida educando a los niños y a los jóvenes, en especial a los más pobres; es la vocación, es el saberse apto, y quererlo, es entregarse, es la vocación genuina, la que responde con abundancia a ese Jesús que mira a los ojos en medio de las vicisitudes de la vida, de los infinitos matices de la vida, y dice, Sígueme.

Pero está también la vocación que no es de hecho una vocación, son simplemente homónimos, pero nunca serán lo mismo ontológicamente; está la vocación llena de deseos de buscar solamente el dinero, de pretender estudiar gratis gracias a una comunidad y luego salirse, de los que quieren ocultar su profunda incoherencia en un estado de vida donde no se exige el casarse o el tener hijos, o de los que quieren tender a la mano a otros para abusar, no sólo sexualmente, de los más débiles y necesitados.

En todo caso, ambas vocaciones son opción personal, a mí nadie me obligó a meterme en un seminario, nadie, fue una opción enteramente personal porque yo de hecho creo tener la genuina vocación; pero hay otras personas que no sienten el deseo de servir y entran a un seminario por razones enteramente ajenas al bien de la Iglesia. ¿Y la Iglesia? Ella simplemente puede acoger, y ese es el mayor riesgo. Pero ¿qué puede hacer? Me refiero, en una época en donde únicamente el 0.1% de las personas piensan en entrar al estado clerical ¿qué otra cosa puede hacer la Iglesia que acoger la vocación de todos como vocaciones genuinas al margen de que haya alguno que entra por razones egoístas y abyectas?

Los procesos formativos en la mayoría de los casos, en especial en los referentes a la formación diocesana, son bastante pobres, que a mi parecer se basan únicamente en la asimilación y apropiación de un acervo filosófico y teológico dejando de lado cualquier tipo de formación humana, asistencia psicológica, acogida de cursos de formación humana, acompañamiento personalizado, la vivencia continua de la confesión y de la Eucaristía. Sólo importa saber, pero no ser.

Y es allí donde empieza la pesadilla, cuando una persona así que sólo conoce sin ser en lo profundo un Jesús y para colmo lleno de una vocación interesada y solapada se ordena, ¿qué puede pasar? sí, ¿qué puede pasar? No me preocuparé por contestar esto.

Si un sacerdote hace algo malo la culpa es de la Iglesia, y en alguna medida lo es, en tanto no se dan, en algunos casos, procesos formativos serios y que ayuden a una verdadera formación sacerdotal; pero de hecho, en el fondo, la culpa es de cada quien, porque es cada uno el que decide para qué se está metiendo en el estado clerical, la Iglesia, como ya lo dije, simplemente puede acoger esa vocación y suponer que se hace con la más pura e inocente de las intenciones.

Ese es el factor vocación, el que hace ver que en el fondo la culpa es del que quiere ser cura, del que ya es cura; la Iglesia es culpable en la medida en que no procure una verdaderamente buena formación, y en tanto tenga reglamentaciones que oculten los delitos cometidos por algunos de sus miembros. Lo repito, es un factor bastante dejado de lado, pero que explica el comportamiento poco ejemplar de ciertos sacerdotes.

Una última opinión consistiría en que más allá de que el mal ejemplo de ciertos padres hagan perder la fe en la Insititución, la Iglesia, no por ello se rompe una relación con la trascendentalidad; romper con la Iglesia no es romper con Dios, esos curas no son Dios; hay que saber diferenciar esto; si quieren pueden romper con la Iglesia, no me pondré bravo, pero no rompan con Dios; Dios, en esto, es el más inocente de todos, y es a la vez el que más resulta culpado, estigmatizado y odiado. Seamos objetivos y justos.

Fotografía: (cc)Grant MacDonald

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