Atrévete-te-te

Posted on julio 25, 2010 por

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Por San Guino*

Me indigna ver noticias, como ésta, sobre las andanzas de algunos curas católicos. [Enlace]

Me indigna porque lo considero, no una afrenta contra los fieles católicos, sino contra la sociedad LGBT, de la cual hace parte la mayoría de los jerarcas católicos por condición natural, pero que por su santa investidura, otorgada por otro santo -dicen- colmado del poder y la bendición que un dios perfecto y célico le concedió por una larga vida, dedicada a divulgar el mensaje más excluyente y Represor [con mayúscula] de libertades personales que jamás haya inventado cualquier Constantino.

No sólo los vemos haciendo la parodia de la blanca paloma que lleva una gajo de olivo en su pico, y tomando protagonismo con el dolor de los secuestrados y sus familiares, queriéndose ofrecer cómo mediadores -¿con qué autoridad moral?- con otros igual de sádicos y enfermos, pero por la violencia y el poder [dicen que entre iguales se entienden], sino que desde el púlpito que se les construyó dicen, de labios para afuera, contrastes como “paz en nuestros corazones”, “perdón al vecino” y “la mano porque somos hermanos”; y por otro lado arman una alharaca y se rasgan el amito, el alba, el roquete, el cíngulo, la estola y hasta los calzones, que no les gusta ponerse por aquello de la libertad interior [entendida por nuestro apreciados como la libertad del interior], cuando por el congreso pasa una ley relacionada con el aborto, la libertad de género de todos y cada uno; incluida la de ellos que se autocensuran, la unión de parejas del mismo sexo y la adopción por parte de las mismas. Algunos se transforman en locas con sotanas, reprimidos y encaprichados en no respetar los derechos de unas minorías y en ocultar lo que, a la luz de los ojos y con nuestra complicidad en ocasiones, ellos no se atreven a sacar del armario; toda su santa imperfección natural.

No me ofendería en lo absoluto que hayan curas homosexuales, transexuales, travestidos; tampoco que desde ese centro de poder económico global, ubicado en Ciudad del Vaticano, se acepten a las mujeres como predicadoras del mensaje, y que estas sean lesbianas o bisexuales. Nada de esto me haría abrir los ojos de sorpresa. Por el contrario, celebraría ese retrógrado avance. Pues de igual forma, según sus palabras, todos somos hijos de dios creados a su imagen y semejanza; y todos tenemos derecho a hacerlo si decidimos en algún momento estudiar Teología.

Es preferible lo anterior a tener un cura que asesinó, al estilo Capote, a sangre fría, a su mujer y su hija por celos en Manizales, Colombia. Esto no sucedió en Alemania ni en Irlanda.

Me podría extender hacia el futuro y retroceder también, de igual manera, no acabaría con los relatos más morbosos, incluido ese de la confesión en los primeros renglones.

Me agradó que la noticia fue publicada en el noticiero del mediodía, algo curioso en nuestro país tan “religioso y puritano” de labios para afuera, pero que aplaude, por ejemplo, las bajas de guerrilleros que nuestro Mesías criollo [¡no les digo!] celebra en público sin fruncir el ceño y sin titubear.

Estoy seguro que a mi vecina, que llevaron a la iglesia católica desde antes que empezara a caminar, le impresionó la noticia de los curas gays en Europa. Dirá que eso sólo pasa por allá, que eso no tiene perdón de dios, que a ella también le parece justo que dejaran tener a los curas esposas, no esposos, pero esposas sí, una familia, nietos y la pensión, y esto y lo otro.

Y se irá con ganas de preguntarle al padre después de misa qué piensa él de eso de tener hijos y familia, sin pensar tal vez en el desfalco que esto represente para las arcas de la esposa de dios, que es como la Biblia llama a la iglesia. Seguro el padre responderá que cómo se le ocurre, que el voto de castidad, que la palabra, que el mensaje, que los réditos, que esto y lo otro; y terminará por convencerla de que sí hay curas buenos, y que son unos pocos las ovejas que se salen del rebaño.

Tal vez salga llena de gozo después de lo hablado con ese curita tan querido que tenemos en el barrio, pero con una pequeña inquietud que no le quiso preguntar “por no pasar por ignorante de la palabra”, que escucha todos los domingos, que tan poco entiende, y de la que mucho habla. No, qué pena con el curita, hacerle esa pregunta, que hasta tonta le parece, y que hace que se persigne por haberla pensado nada más, “que por qué, si dios tiene esposa, por qué los curas no pueden”… Quizás le de risa de la carajada, y lo olvide antes de abrir la puerta de la casa y ver el crucifijo colgado en la entrada.

…Y no es que yo piense que todos los curas tengan estas andanzas, ¡pero cómo decirlo de otra manera!

Blog del autor: Kenny Sanguino

Fotografía: (cc). SantiMB .

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Posted in: Opinión, Religión