El efecto Ingrid

Posted on julio 18, 2010 por

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Por Andrés Páramo

Un amigo mío (que curiosamente habla muchas veces en términos generalizadores y excluyentes) me dijo una frase muy sabia que trato de aplicar siempre: en Colombia, todos los problemas se deben mirar por partes pequeñas. Tiene razón. Acá cada caso es un universo único, con sus condiciones particulares.

El caso de Ingrid, cómo víctima de la violencia colombiana, es único también. Sin embargo, y siguiendo una tendencia muy de acá, se mezcla con los demás casos de secuestro, lo que genera algo mil veces peor: que se juzgue por igual al resto de las víctimas.

La demanda contra el Estado colombiano que adelantó Ingrid Betancourt, causó un rechazo generalizado en toda la población. Hay varios factores que lo generan: a mucha gente nunca le cayó bien. A mí tampoco. Ni ella ni su familia. Ella por auto impartirse la orden celestial de ser la salvadora de Colombia, siendo ciudadana francesa, pero sobretodo por exponerse negligentemente al flagelo del secuestro. Ni por ejemplo, Yolanda Pulecio, su madre, perfecto exponente del egoísmo de su familia, quien quiso poner a Ingrid, para todo el país, como la más importante de los secuestrados, y viene a alegar ahora que Uribe no le paró bolas. ¿Ah no? De pronto a ella en persona no. Pero ¿qué no hizo por el caso de su hija? Mediaciones como liberar unilateralmente a Granda (y ojo, hablamos de Uribe, quien por un guerrillero muerto, se salta la institucionalidad de todo el país), pero también ofensivas, como la exitosa operación militar Jaque.

Otro factor es el reproche por su ingratitud (mencionado, otra vez lo cito acá, por Mauricio García en su última columna), la pregunta eterna de: ¿cómo es posible que después de que la rescataran, tenga la desvergüenza de demandar?

Hasta ahora factores subjetivos. Pero también está el objetivo, que yo defiendo y comparto: después de varias advertencias hechas por el ejército, ella decidió irse sola y desprotegida en un carro con banderas del Partido Oxígeno Verde. En pleno San Vicente del Caguán, con el auge de la guerrilla y toda su ira corrosiva. Yo no estoy de acuerdo con esos acérrimos defensores de las víctimas que no ven la negligencia en Ingrid. Porque sí, sí es responsabilidad del Estado mantener el orden público, pero si el caso se presenta en plena zona de conflicto armado, con Presidente a bordo y la seguridad volcada encima de él, y además, le advierten a la víctima en tres ocasiones (de tiempo y de geografía) que es imposible brindarle la seguridad, ¿dónde está la responsabilidad del Estado? Yo no la veo y esto es lo que me parece reprochable en el caso Ingrid. Su negligencia, su demanda y su monto exagerado. Pero el caso acaba ahí.

Sin embargo, después dijo que no. Que ella había hecho eso como un símbolo para que el Estado no desatienda a las demás víctimas. ¿Pero por qué tenía que ser Ingrid? Todos sabemos lo visible que es ella y lo importante que puede volverse la reparación a las víctimas, cuando un famoso es quien encabeza la lista de peticionarios. Pero es que ella no.

Ella tiene a sus espaldas el problema de haberse puesto a sí misma en esa situación de peligro. Y el símbolo sirvió, pero al revés. Ahora los colombianos, sobre todo aquellos enemigos de los matices, despertaron el pequeño fachito que tienen adentro y responden con ataques insensibles a esta situación.

Grupos de Facebook como: “AL PAREDÓN TODOS LOS POLÍTICOS EX-SECUESTRADOS QUE PIDEN INDEMNIZACIÓN”, muestran un resentimiento desproporcionado y egoísta, que se propulsó por la mal encaminada (si es que iba encaminada y no era una trampa codiciosa) de Ingrid. Como siempre, le pasó a Ingrid lo de la lechera: que por andar soñando en imposibles se le rompió el cántaro.

¿Y las víctimas que sí tienen una legítima causa para alegar un derecho a reparación? – como las familias de los diputados del Valle o los mismos sobrevivientes del cautiverio – pues se tendrán que atener a esta ira irrazonable y estúpida de los colombianos: un país donde no se sabe diferenciar un caso de otro, y donde las víctimas tienen que correr con la suerte de ser castigadas dos veces.  (Cosa que me hace pensar: prefiero a aquellos que defienden ciegamente a las víctimas. Por lo menos en este caso, hacen mucho menos daño)

Fotografía: (cc)h de c

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Posted in: Opinión, Política