De la ignorancia y la Colombia por desconocimiento u omisión

Posted on junio 19, 2010 por

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Por ABCamilo*

Desnudando mi ignorancia

Antes de acusar a alguien de ignorante uno debe primero reconocer sus propias ignorancias. Yo, por ejemplo, no me considero una persona inteligente por encima del nivel de la mayoría; de hecho mis ignorancias son un azote diario entre quién soy y quién desearía ser.

Entre lo superfluo y lo fundamental, a mis veinti-tantos años de edad me avergüenzo de no saber cómo hacer sonar con armonía un instrumento musical cuando -a causa de mi apariencia- me preguntan si toco la guitarra o el bajo. Los acordes y arpegios de la primera son todavía un sueño acuñado desde mi preadolescencia, que por falta de disciplina ya me resigné a simplemente imaginarlos en el aire (air guitar) cuando voy a algún concierto.

Tampoco soy hombre de letras, si bien ser autor de un buen libro es una ilusión que espero encarnar algún día. Creo que fue Borges quien dijo que para escribir es imprescindible leer muchísimo antes; una obviedad en la que creo con fervor. Puedo decir que leo más que el colombiano promedio, eso sí, a pesar de que quisiera hacerlo con más constancia. Pero por fortuna conservo la atracción hacia los libros que desde pequeño mi padre me contagió, arrebatamiento que podía satisfacer inicialmente a pocos pasos de mi casa, en una biblioteca pública, con las historietas de Tin Tín, Mafalda y Garfield, con los libros de R.L. Stine y otros cuentos de brujas, duendes y fantasmas.

El deporte, que es otro tipo de inteligencia, era uno de mis fuertes. Entrené Taekwondo con alguna virtud y me divertía con otras actividades físicas hasta que mi abuelo paterno desde su tumba le recordó a mis genes un síndrome hereditario en ambas rodillas; rótula luxable, se llama. Así que eventualmente he intentado acudir al gimnasio sin mucho éxito; me ha ganado la apatía por el narcisismo y la pereza. También me antecede la excusa de la falta de tiempo.

Últimamente he pensado mucho en que debo cultivar algún arte. En un momento de la infancia mostré cierto talento para la pintura, quizá lo podría intentar de nuevo. También he decidido emprender la búsqueda por algo que me haga potenciar lo mejor que tengo. Primero, por supuesto, debo descubrir qué es lo mejor que tengo. Y en ese camino siento curiosidad por, llamémoslo, una excavación espiritual -que no religiosa-. Tengo todavía muchas dudas sobre la “institucionalidad” que he de darle a este respecto; sólo sé que el panteísmo me huele bien como doctrina filosófica y que me seduce el esoterismo afín a culturas nórdicas antiguas. Cada loco con su tema.

Cuando la angustia puede con uno

Soy consciente, pues, de mis muchas otras propias ignorancias. No obstante, también tengo claro que no vivo cómodo con ellas. Bien sabido es que ”ignorar” es desconocer, pero también es hacer caso omiso. En ese sentido tengo justo en este momento una disyuntiva: por más que intente ignorar lo que pasa a mi alrededor no puedo. Y esto me ha afectado mucho anímicamente, al punto de que incluso en varias ocasiones me despierto con ganas de nada. Puedo pasar el día entero sentado frente al computador y no rendir laboralmente cuanto debo. Gran problema.

Como una especie de doloroso placer, procuro mantenerme informado con los medios de comunicación a los que todavía puedo creerles algo, no todo. Le entendí hace años a Descartes que la duda es inexorable. Entre muchas otras angustias, una de las principales por estos días tiene relación con el futuro de Colombia desde su más grande fuente de incidencia: el gobierno. Esa angustia es más perseverante de lo que yo quisiera; por eso hallo casi un vicio en estar tanteando qué dicen los medios y cómo se corresponde con la opinión pública discursiva, que planteada en términos simples se refiere a la que se genera en la Internet mediante las redes sociales y los medios ciudadanos.

¿Qué tiene que ver este cuento con el tema de la ignorancia? Pues bien, que casi todo el texto escrito hasta ahora es un reconocimiento de algunas de mis ignorancias para concederme la licencia de decirle a mi país, con humildad, con desazón y con mayúscula, ¡COLOMBIA, TAN IGNORANTE ERES!

Tenía pensado orientar esta entrada por otro lado. Tal vez elevando la queja por la corrupción, por el fraude electoral que chamusca el aire, por el hecho de que -a pesar de la voluntad de varios millones de colombianos por asumir la honestidad, la legalidad y la justicia como pre-supuestos básicos para transformar el país- las fabricaciones politiqueras (mafiosas y apátridas) hicieron de las suyas y probablemente las sigan haciendo. Pero no.

Mejor es posible: preferible la ignorancia que la angustia

La miopía y el Alzheimer de este país hacen parte de una serie de patologías generalizadas y decepcionantes. Más triste que eso es que quienes sí tienen la memoria fresca se hacen “los de la vista gorda” porque no importa cómo se hagan las cosas con tal de que se persigan las metas que, nos vendieron, deben perseguirse. O sea, ignorancia desde la omisión, no desde el desconocimiento.

Les confieso entonces que la intención no es juzgar la ignorancia sino, por el contrario, elogiarla. Cuán necesaria para que las consciencias de las masas puedan dormir tranquilas. Eso de “dormir tranquilos” es cuento del de la U; asumo que su gobierno propenderá por mantener en la ignorancia a la mayor parte de colombianos para que al menos en las estadísticas pasemos -del segundo lugar que ocupamos- a ser el país más feliz del mundo. Dormir, letargo, desasosiego. Ésa es la prosperidad que nos están vendiendo y que mucha gente escogió en las urnas. Lo digo, me sostengo en dudar de todo, incrédulo con la cifra de supuestos votantes.

La angustia la concibo pues como un sentimiento lacerante. Es la angustia la que me aboca a mantenerme informado, práctica masoquista. Es la angustia la que me tiene escribiendo pasadas las 4 de la mañana, cuando hace horas iba a irme para la cama. Es la angustia, entonces, una conmoción antagónica a la ignorancia. Si ignorara- por desconocimiento u omisión- cómo se mueve este país estaría sumido justo en este momento en un sueño disciplinado para levantarme como colombiano de bien a trabajar en el horario socialmente reglamentario.

Tanto rodeo para esto

Ahora bien, les dije anteriormente que no me enfocaría del todo en política, por lo que paso en definitiva a compartirles el motivo de mi trasnochada angustia, la que me origina un deseo ruin de ignorar más cosas de las que admito al principio del post.

Colombia 2010, un documental realizado por la VI de la Delegación Asturiana de verificación de la situación de los Derechos Humanos en Colombia, muestra de una manera muy digna (estamos cansados de la pornomiseria que le resta valor a la realidad haciendo que nos acostumbremos a la misma) cómo probablemente vivimos en el peor país del mundo en relación con Derechos Humanos.

Resalta la impunidad por los asesinatos a civiles y cómo bajo el eufemismo de “falsos positivos” este tipo de terrorismo estatal acabó con la vida de campesinos, ciudadanos jóvenes y menores de edad discapacitados física y mentalmente. Cómo Ocaña, en Norte de Santander, es escenario de la centralización mortuoria por la existencia de fosas comunes con cadáveres provenientes de diversas geografías del país. Cómo pequeñas poblaciones de Putumayo son seriamente afectadas por el autoritarismo del ejército nacional al punto de que los campesinos temen más a las fuerzas armadas estatales que a los grupos subversivos.

El video expone también el exterminio indígena en tanto que las poblaciones nativas quedan entre la espada y la pared en la guerra de guerrilla, paramilitares y ejército. Habla además del asesinato a periodistas independientes y a defensores de los Derechos Humanos, y cómo el gobierno de Álvaro Uribe los vincula como cómplices del terrorismo. Otro dato: de cada 10 sindicalistas asesinados, 9 son de Colombia.

Muchos otros aspectos y casos de violación a Derechos Humanos son abordados por esta comisión extranjera. Quien esté interesado en angustiarse puede leer el informe completo descargándolo del sitio oficial o haciendo clic aquí.

A continuación les presento entonces el video en cuestión. Debería verlo usted y acudir a las urnas el 20 de junio. Debería verlo Hillary Clinton antes de abogar por un TLC con Estados Unidos.

*Puedes visitar el blog del autor en este [enlace]

La fotografía (cc)mellyjean

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