La pánfila

Posted on junio 14, 2010 por

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Por Camilo M.*

Una recomendación, a quien lea el texto: léalo muy despacio, y use ésta canción como cortina:

¡así verdaderamente funciona!

Pensar en vos está bueno, es absolutamente virtuoso.

A más, como andamos lejos, separados, se nos logran retrasar las excusas, no consiguen cuajarse esos silencios tan necesarios. Temporalmente, las intenciones que nos corresponden dejan, así no más, de corresponder, o ya no están. Como andamos separados, yo ya no puedo predecir las curvas que la cosa que llamás rostro produce. Estoy, entonces, como un vegetal conectado a mi imaginación. Como estamos separados, me toca instrumentar círculos de aceite para tus senos, y es ese mismo imaginario el que hace que sienta que no necesito ninguna autoridad. Como que somos libres, y es de eso de lo que estamos enamorados.

Pienso en tus reposiciones y se genera un plano de bellezas que conspiran por coincidir con la tuya, por lo mismo te hago esta invitación, tenemos que desfragmentar vuestra hermosura, a ver si así disponemos de ella para después, reconocer su descaro.

Comerciemos: Si vos me enseñás a tomar tus fotos, yo te cambio toda mi violencia.

Yo no comprendo, tus pautas están bien hechas, tu cuerpo está bien hecho, tu cara está prohibida, tus transiciones y tus torpezas están geniales, están bien sincronizadas. El llanto que te dieron se mide en exactitud de gramos, lloras cantidades iguales por cada vista, lloras hambre. Estás envuelta en apetito y me quiero instalar dentro tuyo. Que te quiera por montones no significa que pueda afianzar mis pasiones a las luces de tus zapaticos, soy incapaz de afrontar un baldón que pueda dirigirse a tus enaguas; oíste, yo no nací para escribirle a las alambradas, menos mal que de imbécil sólo te quedó el silencio después de la suavidad. Tu desgobierno es dulce, la falsedad que se encierra en una disposición de atrincherar tus piernas, es envidiable. El mundo te ama por ser una prueba de la vida, una facultad. La gente te ama por tener salidas de empresa. Yo te amo por desconocer el adulterio.

Soy un buscavidas: siempre estoy conteniendo comportarme adecuadamente. Si hubiesen doctorados pa’las conjeturas, yo los tendría todos. Pero me quedás grande, y lo hallo contraproducente, tanto me concentro cuando te llevo a la cabeza que, a mitad del trecho acabo rebatiendo y acomodado en cualquier piso, palabreando que sí, que esas piernas, que ese cabello ¡que esos ojos! y si sigo me urjo o me convierto en una emergencia. No hay como escapar del lío. Caray, me van a excomulgar de la poesía.

Sos una profesión, pequeña, el único empleo que puede disfrutarse sin salario, sin remuneración, ni nada a cambio. Cuando yo te pienso la cabeza se me vuelve un laboratorio: entonces comienzo a transfigurarte, guapa, comienzo a separar por pedacitos los atributos que le corresponden a tus sinónimos, tardo un tanto en distribuirme, me enderezo y resuelvo: La tuya es una belleza innecesaria; que no necesita ropa, que puede andar desnuda y brillante y activar su transparencia, que logra cruzar desapercibida sin agachar un solo segundo la cabeza. Es una belleza que no necesita puertas porque está preparada para reunirse, para amontonarse sin desfigurarse, sin perder la compostura. Es de esas bellezas que no son de nadie. Que no necesita ser una caradura para identificarse como exclusiva, una belleza élite, cargada de modestia, una belleza noble. Tampoco necesita temerle a la vejez ni adherirse a ninguna juventud, ni despedir ni saludar, una belleza conocedora, que sabe que sabe, y que acepta que le belleza es vida, y que la vida sos vos. Una belleza selectiva, que no necesita de retribuciones, ni gazas ni venganzas para desdibujarse. Una belleza perpetua, atrevida formalmente. La tuya es una belleza que está en capacidad de reinventarse, que es múltiple: una belleza que no precisa fijarse en ayudas, otra que no requisita ventajas y una última que no condiciona, ni exige alianzas.

Estás llena de carencias y te importa, hallas el estilo y el punto para reconocer errores, y amplificarlos en beneficios: huir a un obligatorio con clase, con pulcritud, esconder un pudor, ejercer farándula, ser una escarapela con piernas; encaratularse. Fingir que se miente.

Vuestra belleza me mata por coincidir con mi insania, y por exaltarla con simultaneidad. Una belleza que arde por ser estratégica, por bombardear descripciones, por filtrar piropos o por arremolinarse en contra de los improperios. La belleza de una mujer jamás ha radicado en la buena postura de todas sus posibles partes para admirar, la corrupción de los hombres la puso en ese sitio, pero ella jamás se ha doblegado: la verdadera belleza consiste en disponer de las cosas, en bofetear con un silencio, en insultar con las pestañas, en conjurar maldiciones en medio de un sexo. Cualquier mujer, con o sin gracia lo sabe, pero lo olvida, caray.

Todas las mujeres son verdaderamente bellas; vos sos bella verdaderamente. Por eso me atrevo a advertir que te estoy amando, o que te estoy queriendo un montón, porque te he estudiado y me he enseñado a rebobinarte. Un montón te quiero por tus consecuencias, porque vos y tu gracia están cosidas irremediablemente, pero puedo diferir en querer a tu belleza y quererte a vos porque mi educación se redirecciona, y tengo como observar tus apariencias, pero a vos no te puedo ver. Como estamos separados, acá lo tengo todo, tengo absolutamente todo lo que una criatura de mis principios podría solicitar; lo tengo todo, pero no te tengo a vos.

Veníte, carajo.

*Para visitar el blog del autor oprime este [enlace]

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