La incoherencia política

Posted on junio 12, 2010 por

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Por Armando Guío

Durante estas ultimas semanas no es difícil ver en las noticieros y periódicos la noticia de las distintas alianzas que ha logrado generar el candidato Juan Manuel Santos con varios partidos políticos del país. Esto no produce mas que pena ajena y ante todo importantes reflexiones.

Una de las cosas que mas se le ha criticado a Juan Manuel Santos es la forma en la que ha logrado estar en distintos gobiernos y partidos a lo largo de su vida política sin que logre definir una identidad política. Fue ministro de un gobierno liberal, y precandidato a la presidencia por el mismo partido, trabajó con el gobierno conservador de Andrés Pastrana, y luego fue ministro del gobierno Uribe, acérrimo critico de medidas como la zona de distensión, y luego creó un nuevo partido, el de la U. Esta falta de coherencia sería, para muchos, un elemento que generaría dudas, pero parece que en este país esto genera es apoyo.

Uno de los más celebres casos de cambio de partidos que se ha dado a lo largo de la historia fue el de Winston Churchill, que a pesar de ser el hijo de uno de los mas prominentes lideres conservadores, empezó su vida política en el partido laborista, pero luego alrededor de sus 40 años decidió volver al conservatismo. Este cambió le costó a Churchill gran parte de su credibilidad, y generó dudas en varios de los conservadores que no sabían hasta que punto verlo como uno de los suyos, y claramente creó un ambiente de recelo y oposición por parte de los liberales. Sin embargo, Churchill logró manejar su influencia dentro del conservatismo y llegó a ser primer ministro, pero inclusive, y a pesar de las circunstancias y de haber logrado lo que logró (derrotar el fascismo), después de la guerra los laboristas hicieron una fuerte oposición e impidieron su reelección. ¿Si a un personaje como Winston Churchill no le fue posible nunca lograr una unidad, y que el partido laborista lo perdonara, que tiene Juan Manuel Santos que si lo ha logrado? Esto es lo que no logro entender, y es que cómo un partido, como el liberal al cual Santos abandonó y lo dejó en la oposición, luego lo perdona y lo apoya incondicionalmente, o cómo el partido conservador puede apoyar a un liberal de cabo a rabo, e incluso lo denomina “nuestro candidato”.

La escasa coherencia política de los partidos tradicionales no sólo produce un “oso” ajeno, sino que los muestra como unos mendigos de la política. En un país con partidos coherentes, una carrera política como la de Santos seria impensada, y mucho menos se pensaría que tendría el éxito como para llegar a la presidencia, sino que sería visto como un ser impredecible e inclusive como un oportunista, pero en este caso se ha dado todo lo contrario, y es que ese recorrido por tantos gobiernos y partidos le ha generado la posibilidad de llegar a ser uno de los presidentes con mayor poder en toda la historia, con más del 80% del congreso; es decir, en vez de castigar su incoherencia, lo que han hecho es premiarla.

Esto demuestra que el liberalismo y el conservatismo son una triste sombra de lo que fueron en un pasado y que cada vez tienen menos coherencia con su ideología.

El caso del conservatismo es extraño ya que lo que ha hecho es apoyar políticos de origen liberal, y no existe dentro de sus miembros una voluntad de poder real, sino de posicionamiento burocrático. El conservatismo se ha convertido en un partido de poder, pero no propio sino ajeno, y es como la mujer que todos quisiéramos tener, fiel hasta el cansancio, es una fe ciega, no importa cambiar lo que se tenga que cambiar para lograr el cariño del presidente de turno. El día que el Polo gane las elecciones (ojalá nunca) no se nos haga raro ver a un grupo de conservadores, o al partido en su totalidad, celebrando el triunfo y recordando que también existe una idea de equidad en el conservatismo, un “conservatismo social”. Aquí entre nos, para qué hacen consulta interna si al fin y al cabo Arias nunca respetó la decisión, y él y varios representantes conservadores se burlaron de Noemí y de las directivas, y al final ¡GANARON!

El liberalismo, por su parte, se cansó de ser de la oposición, y entonces, en lugar de generar un discurso coherente y de pelear por el poder sin importar que no se logre en la primera oportunidad, lo que ha hecho es unirse a uno de los que fue suyos, mostrando que el abandono y el desprecio por el partido si paga. Me pregunto yo qué tendrá de diferente un gobierno de Uribe y Santos como para hacerle oposición a uno y no al otro. Imagínense qué diría los antiguos liberales que les tocó aguantar 40 años de hegemonía conservadora, y sólo hasta 1930 lograron que un liberal de verdad llegara al poder. Los políticos liberales de ahora se reirían de sus antecesores y les dirían que lo más inteligente hubiese sido aliarse del todo con le conservatismo, que porque más bien no se aliaban con Laureano Gómez y lo subían a la presidencia, ¡en vez de ponerse a pelear y aguantar todo ese tiempo!

Entonces todo esto nos lleva a una impensada, ridícula y jocosa conclusión, y es que ¡EL CONSERVATISMO Y EL LIBERALISMO ESTAN UNIDOS! Ambos partidos forman ahora parte del mismo gobierno y apoyan al mismo candidato, y seguro tendrán puestos en ese gobierno. Esto no es sólo divertido, sino que es a la vez lleva a dos conclusiones. La primera es que ambos partidos están formados es por una clase política que se acostumbró a la burocracia, no a mantener una ideología y un modelo de sociedad y de gobierno, sino que buscan el poder y mantener al establecimiento junto con ellos; es decir, estamos en manos de una clase política oportunista, incoherente y que no conoce de ideas, sino de puestos. A su vez, esto demuestra el derrumbamiento de los partidos como instituciones sólidas y consecuentes, ya que no se han convertido en una bandera y un color mas que en una idea, lo cual muestra que se podrá encontrar mas coherencia en un planteamiento táctico de Maradona que en estas instituciones.

La otra conclusión es que la oposición se acabó, por lo menos en lo que tiene que ver el control político, y se ha logrado evidenciar una verdadera unidad que resulta peligrosa. Tales fenómenos son propios de países en guerra exterior o en graves situaciones de orden publico, y son uniones muy efímeras y momentáneas. Sinceramente creo que el país no está en esa situación, e inclusive considero que en esos casos la oposición debe mantenerse en cierto punto para impedir abusos por parte de los gobiernos que aprovechan de esa unidad y consenso para cometer arbitrariedades. Creo que de la oposición se genera la competencia, y eso genera una lucha por hacer las cosas de una mejor manera, y por ende ser más efectivo, así funciona el sistema capitalista y por eso se han obtenido grandes cosas, o quién pone en duda el avance de Estados Unidos como nación durante la guerra fria, fue por esa competencia que el hombre fue a la Luna, no se nos olvide. Pero en Colombia esa competencia se acabó, y que no sólo es necesaria para hacer que el gobierno sea mejor, sino para controlar la corrupción y los enormes escándalos que pueden rodear a un gobierno. Ahora quién destapará un escándalo si todos se tapan con la misma cobija y tratarán de encubrirse entre ellos.

Nos encontramos así, ad portas, de ver a uno de los gobiernos mas poderosos de toda la historia, donde la oposición será minima y donde dependeremos del buen juicio del ejecutivo para que el país funcione.

Así la incoherencia política fue la que logró la unidad, y los partidos tradicionales que marcaron los últimos 150 años de vida política, republicana y democrática de nuestro país, se han venido para abajo y no tienen freno. Los conservadores dirán que están en el poder, pero a qué costo, y los liberales dirán que volvieron al poder, pero a qué costo. ¿Qué credibilidad les queda?

Sinceramente creo que es hora de superar la época de nuestros abuelos y padres donde se seguían fielmente a los partidos tradicionales, tal vez ellos lo hacían porque encontraban cierta coherencia, pero hoy en día es imposible, ya que sería apoyar a una clase política corrupta y politiquera que no tiene ninguna coherencia y que busca es su bienestar particular, ya seguirlos es por pura nostalgia.

Es triste, pero creo que es nuestra generación la que le tiene que mostrar a estos politiqueros que ya no existen votos amarrados, que ya no votamos por colores, que no alabamos ningún partido y que no votaremos siempre liberal o conservador, sino por quien se nos venga en gana,  porque somos ciudadanos libres y esto ya no es la colonia, o por lo menos la prehistoria. Es triste esta conclusión porque la fuerza y el desarrollo de un país está en sus instituciones, y por ende, en partidos políticos sólidos y estables, pero en Colombia eso hoy en día no es posible, por los personajes que están en el congreso.

Lo que nos queda a nosotros es darnos cuenta de ésta triste situación, no acompañar más esta incoherencia política, y empezar a generar ideas, pensamientos y modelos de sociedad que se implanten y que trasciendan a las personas, no podemos seguir dependiendo de los caudillos y no se puede generar políticas e ideologías para los próximos 5 o 10 años, sino que deben superarnos. Debemos volver a reconstruir los partidos y las ideas, volver a definir qué es liberalismo y conservatismo, y otras tendencias, y dejar sin espacio de participación a esa clase política corrupta y clientelista que se escuda bajo estas ideologías…bueno, si algo, ahí les queda el PIN.

La fotografía pertenece a la campaña Santos Presidente

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