Colombia con cadena perpetua

Posted on junio 6, 2010 por

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Por Juan Carlos Rincón

Quiero que piensen lo que responderían a las siguientes preguntas: ¿qué los mueve? ¿qué los ayuda a no rendirse cuando cometen un error? ¿qué los invita a seguir buscando cuando tienen el corazón roto? ¿qué los lleva a buscar trabajo, a buscar ascensos? ¿qué los mantiene vivos? Todos ustedes han cometido errores, y apuesto que han tenido que vivir por tiempos, momentos difíciles, la pregunta fundamental es ¿qué los mantiene con vida?

Sin importar lo variadas que pueden ser sus respuestas, todas pueden ser resumidas en una poderosa palabra: esperanza. La esperanza es el motor de nuestras vidas. Esperamos que se presenten nuevas oportunidades, que podremos enmendar nuestros errores, que encontraremos un nuevo amor, que conseguiremos un nuevo trabajo, que sobreviviremos, esperamos, siempre, que vengan tiempos mejores. Es esa esperanza la que nos levanta, la que nos mantiene con vida, la que nos invita a cambiar lo que está mal y a seguir intentando.

Ahora, imagínense que los encierran en una celda y los condenan a permanecer en ella de por vida. Digieran esas palabras: POR EL RESTO DE SUS VIDAS. Una vez entren a la prisión, no volverán a salir. Lo único que les queda es esperar a la muerte. No vendrán tiempos mejores, ni nuevas oportunidades, ni nuevos amores. Alguien les ha arrebatado la esperanza.

Imagínense eso, han perdido cualquier motivo para vivir. No los han matado, han hecho algo peor: les han quitado el motor de sus vidas.

¿No les parece cruel? ¿no les parece que es una tortura? A mí me parece la peor tortura que puede existir. En mi opinión, condenar a alguien a vivir en prisión de por vida es convertirlo en un zombie, un muerto viviente sin corazón y sin razones para seguir en este mundo.

No estoy sugiriendo que la violación de niños, una atrocidad, no deba ser castigada. Sólo estoy pidiendo que entiendan la magnitud de lo que la cadena perpetua implica. Porque ustedes pueden decir lo que quieran, pero la cadena perpetua es torturar. En el nombre de la justicia y de los niños, ustedes pretenden encerrar a un ser humano para que espere su muerte; en nombre de la justicia, ustedes pretenden arrebatarle las esperanzas; en nombre de la justicia, ustedes están actuando con crueldad, están torturando.

Yo les pediría, a quienes defienden la cadena perpetua, que muestren un poco de misericordia y dejen de ser hipócritas: si lo que quieren es matar al violador, porque es lo que a largo plazo buscan -aislarlo de la sociedad hasta que se muera-, mejor hagánlo de una y busquen la pena de muerte (con cambio de Constitución incluido).

No estoy de acuerdo con la pena de muerte ni con la cadena perpetua. No profundizaré en argumentos jurídicos (la medida no reducirá los índices de impunidad ni fomenta que no se cometa el delito), ni utilitaristas (es muy costoso, para el estado, mantener a un preso por toda su vida), porque considero que el argumento humano es más que suficiente.

Ésta discusión se dirige a los fundamentos de nuestra sociedad, ¿a qué le apostamos? ¿cómo reaccionamos a las afrontas? ¿qué es justicia? Si alguien comete un crimen tan grave como la violación, ¿deja de ser humano y merece ser encerrado hasta que muera? Ó ¿podemos apostar a que sea rehabilitado?

¿Cómo nos portamos con nuestros criminales? La cadena perpetua, como pena, es más una venganza que cualquier otra cosa. Es reaccionar agresivamente y sin piedad. Es rebajarnos al nivel del enfermo. Apoyar la cadena perpetua, y adoptarla, es decir que como sociedad abandonamos el respeto por la vida humana y por la dignidad cuando alguien nos provoca cometiendo algo atroz.

Yo creo en una sociedad que es capaz de mantener sus ideales, incluso en los momentos más difíciles. Yo creo que, sin importar lo que una persona haga, esa persona no pierde su estado de ser humano, y nosotros no podemos arrebatarle sus derecho básico a la vida digna. No podemos torturarlo. Es en las penas que imponemos dónde se ve la clase de sociedad que somos.

Yo propongo que deberíamos invertir en un sistema penitenciario dónde la principal atención sea la rehabilitación. Apostarle a tratamientos psicológicos y psiquiátricos. La cárcel debería ser un lugar dónde nazcan nuevas esperanzas, dónde la gente pague por sus errores y cambie, genuinamente cambie, apoyado en una sociedad que cree en él, que le apuesta a sus esperanzas.

Porque a mi no me cabe duda: con esperanza, cualquier persona cambia.

Los invito a ver ésta charla de Philip Zimbardo dónde explica que todos, absolutamente todos, podemos cambiar si las condiciones están dadas.

Encerrar de por vida al violador no va a borrar lo que él hizo, asesinarlo menos. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por la ira y el resentimiento. Si somos mejores que ellos, debemos demostrarlo portándonos como personas que respetamos la dignidad, incluso si se trata de criminales.

Los dejo con ésta maravillosa imagen que mi buena amiga Marci realizó especialmente para éste artículo. [Visiten sus galerías aquí y aquí]

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PD: Yo me pregunto qué pensará Mockus, quien considera que todo el mundo puede cambiar y que la vida es sagrada, al ver que es una senadora de su partido la principal ponente de una pena que no cree en el posible cambio de los criminales.

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