Actuamos por convicción o reacción, podemos aportar.

Posted on junio 3, 2010 por

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Por Julián Alberto Pinto Tobón*

Hola a todos, reciban un afectuoso saludo desde Costa Rica.

Motivado por el resultado de las pasadas elecciones me animo a escribirles, pues todos ustedes están dentro de mi círculo cercano de afectos y emociones. Llevo ya 10 meses viviendo en Costa Rica, y por tanto en estos meses he tenido la oportunidad de observar y vivir de cerca otra realidad de lo que es una cultura y un país, que dicho sea de paso es muy parecido a nosotros, en sus paisajes, gastronomía, creencias y por supuesto su gente. Su economía surge del trabajo campesino y evoluciona ahora a las nuevas tecnologías, y los principios y valores de respeto a las normas, leyes y sobre todo a las personas e instituciones, brillan en el quehacer diario del pueblo Tico.

Tengo la fortuna de haber salido de Colombia no por obligación, como muchos de los más de 4 millones de Colombianos que viven fuera, sino como parte de mi desarrollo laboral y profesional. Ahora que vivo acá tengo la posibilidad de analizar la situación de mi querido país con dos ópticas: la del residente y la del emigrante.

Viviendo aquí confirmo que sí hay maneras diferentes de hacer las cosas. Y cuando hablo de diferentes no es que hable de transformaciones profundas en los modelos de Gobierno (es un país democrático que acaba de elegir una mujer a la presidencia), ni en las creencias religiosas (existe mayoría católica), ni en el soporte económico (sigue siendo la tierra la que genera los mayores ingresos y mercado laboral: café, banano, flores, etc) sino en la cultura del ciudadano y de sus gobernantes, en eso sí hay diferencia.

Los proyectos sociales están implementados y se siguen implementando, hay preocupación, exigencia y apoyo para que todos los niños y jóvenes estudien; la salud no es un negocio de grandes emporios que estratifican la atención para volverla un elemento más de apertura de la brecha entre ricos y pobres; las compañías extranjeras llegan a invertir sin el temor que los “padres de la patria” les cobren el peaje de la corrupción y la extorsión apoyados por las mafias armadas; los vecinos no sienten temor de que van a existir conflictos bélicos pues, y cómo muestra de que efectivamente existen maneras distintas de hacer las cosas, ACÁ NO HAY EJERCITO. Y la razón es que la gente no lo necesita, porque no es necesario que me amenacen para cumplir la ley, porque la gente sabe que debe respetar las normas, la constitución y se auto regula, con educación, con principios y con amor por su tierra.

Para algunos colombianos, encasillados ya claramente en una campaña y que ven las cosas desde nuestra “cultura del atajo, todo vale o mafiosa” (denominación asignada a nuestra supuesta “malicia”), los que quieren hacer las cosas bien, los que acatan la Ley, o son tontos o son ilusos. Muchos lo han dicho antes, sin embargo, hay que reconocerlo: lo que sucede con el pueblo Tico es que son personas tranquilas, analíticas, sinceras, transparentes y honestas que respetan las Leyes, las instituciones y las personas. Y ese respeto surge desde los dirigentes (con muy contadas excepciones) quienes, como modelo a seguir, se esfuerzan por demostrar que lo que vale es la honestidad y rectitud.

Siento tristeza y preocupación de saber que, muy a pesar de las cifras desastrosas que se muestran en Colombia en desempleo, migración, desplazamientos, violencia, corrupción y sobre todo pobreza, y que se han acentuado e incrementado en los últimos 8 años, los resultados de las elecciones resulten ser tan predecibles. Vivimos en un letargo y una creencia de que no hay otra forma y no hay nadie más y, excusándonos en eso, seguimos eligiendo políticos cuestionados y claramente corresponsables (por acción u omisión) de nuestra realidad de atraso y violencia. La verdad es que sí existe otra forma y está en cada uno de nosotros.

Mi deseo es enviarles un mensaje de corazón e invitarlos a que usemos la única herramienta real que tenemos para aportar en el cambio y desarrollo del país: EL VOTO. Es incomprensible que menos de la mitad de los colombianos, conociendo la realidad que vivimos, vote. Estamos dejando que, como ha sucedido en los últimos 40 años, voten los de siempre, los de las maquinarias, los que manipulan a la gente con promesas para perpetuarse en los círculos de poder y seguir teniendo a nuestra bella patria como la caja menor que cubre sus gastos.

Ayer tuve una conversación con un amigo del que me diferencian sus posiciones políticas (si pese a ello, y contrario a lo que cree Uribe y todos sus seguidores, uno puede tener amigos que no compartan sus tendencias políticas, y no todos los que no piensan como uno son delincuentes, socialistas, ateos o personas no gratas), donde me manifestaba textualmente “pues si ese país es tan bueno y bello pues váyase para allá”, con la creencia errónea de que yo anhelo irme alejándome de lo que quiero y por lo cual sueño construir. No, la solución no es irse, parte de la solución es saber que HAY SIEMPRE POR LO MENOS DOS FORMAS DE HACER LAS COSAS, todas ellas válidas. En Colombia llevamos más de 40 años haciéndolas de la misma forma, acusando a los políticos (siempre son lo mismo llegan a robar), a los narcotraficantes (es que si no me vendo me matan), a la guerilla (es que son unos terroristas que matan a la gente pobre y atacan al pueblo), a los paras (es que usan las mismas armas de la guerilla), al ejército (es que no pueden usar las mismas armas de la guerrilla), al fenómeno del niño, a las lluvias, al sol, etc, etc, a cuanta excusa se nos ocurre para echarle la culpa de nuestra situación, cuando la verdad es que con nuestra apatía, abstención, y escaso análisis a la hora de decidir, permitimos que los mismos que llevan más de 40 años gobiernen. Si seguimos igual obtendremos siempre lo mismo.

No necesitamos ser ricos ni millonarios, pero si necesitamos que el estado realice su trabajo, que invierta en desarrollo, que gobierne y legisle para la legalidad y la gente, que respete a las instituciones y la ley, y sobre todo que respete las reglas.

Necesitamos un país donde nuestros hijos crezcan seguros, con amistades honestas, sin miedos de robos, raponeos, abusos, avivatos y agresiones. Necesitamos un país donde las oportunidades de empleo surjan porque son el objetivo de los planes de los gobiernos.

Por ello los invito a que el 20 de Junio votemos a conciencia. Está en nuestra manos cambiar de verdad las costumbres políticas de Colombia. No nos dejemos coaccionar por comentarios, rumores y excusas, el problema de Colombia está en Colombia y nosotros podemos resolverlo.

Si ustedes votan, háganlo a conciencia y felicitaciones por participar. Si no votan, por favor háganlo, pues es la verdadera herramienta que tenemos para decidir.

Un abrazo de amigo, compatriota y hermano.

*Recibimos este artículo vía nuestro formulario de contacto.

La imagen principal (cc)Dean Terry

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