Mi voto no seguirá la disciplina de partido.

Posted on mayo 29, 2010 por

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Por Juán Sebastián Romero Leal*

Como edil del Polo se asume que votaré por Petro, el candidato oficial de mi partido. De lo contrario, no podría hacerlo público. Sería doble militancia. No obstante yo nunca he sido petrista por varias razones. Una de ellas es que eso, como el samperismo, el gavirismo, el uribismo, etc, es mas bien poco o nada. Por el contrario, con respeto de quienes se consideran así, de vez en cuando se me hace un culto jartísimo al personalismo que tanto daño le ha hecho a la construcción de la síntesis social en nuestros países latinoamericanos y que en el partido ha marcado una suerte de unanimismos que a mi me espantan. Uno puede ser marxista si está de acuerdo con Marx, cree en sus postulados teóricos para entender el capital y usa sus métodos para explicar los fenómenos del mundo. Algo similar ocurre con ser Kantiano, o Habermasiano, etc… pero lo otro, es el culto al caudillo: a Perón, Pincochet, Mockus, Santos al que sea y yo a eso no le jalo.

Siempre acompañé a Gustavo. Como no soy petrista, estoy en un emparedado. En medio de dos grandes tendencias: a una no le genero suficiente confianza por falta de obsecuencia y a la otra menos, porque de todas maneras, me clasifican como petrista. Pero lo cierto es que desde hace unos años coincido con él en mucho. Representa a una izquierda progresista (lejos del ala radical que me da una pereza, igual que la que me producen los numerarios del Opus Dei). Pero sobre todo, coincido con Petro porque pone el problema de las prácticas políticas en el centro de la agenda del partido y del país. Se destaca por hacer unas críticas muy valientes al acaparamiento del estado por parte de las mafias y al interior del polo contra las mañas clientelistas de un cierto sector.

Tras la consulta, guardé distancia con actuaciones que no acepto por parte de Gustavo. Principalmente, creo que no se puede retroceder nada en sus reclamos justos por la coptación de una parte del partido por la clientela ligada al gobierno de Bogotá. De otro lado, me duele su voto por el procurador oscurantista. De este personaje le he pedido a Petro solicite abrirle una investigación en la Corte Suprema de Justicia; pues el procurador se pronunció en el tema de adopción de parejas LGBT en la Corte Constitucional, cuando debía estar recusado por haberlo hecho antes públicamente.

Pese a esto, su propuesta de diversidad sexual es la más completa y la más compleja de todos los candidatos. Muy basada en los hechos del partido. El polo, durante dos gobiernos seguidos en Bogotá, nombró a dos alcaldesas lesbianas en la alcaldía local más representativa en este tema. Ha promovido y elevado a acuerdo del Concejo la política pública para la garantía de los derechos de las personas LGBT y ha asignado recursos y burocracia que hoy se traducen en acciones concretas. Sus bancadas en los distintos niveles parlamentarios apoyan, con una disciplina sin igual, las leyes y acuerdos a favor de este grupo poblacional. Además, Petro ha construido su programa conmigo y con un grupo cercano que rodeó su campaña desde la consulta: Política Pública Nacional, Discriminación positiva y política antidiscriminación en todo el país, sin abandonar las estrategias asistencialistas como la estrategia de Centro Comunitario LGBT, con especial énfasis en la población mas vulnerable: los transgeneristas. Lo mejor en este punto no es solo su propuesta. Es su coherencia entre lo acordado en los documentos de campaña y lo que asume en los debates públicos. Esto último desafortunadamente no ocurre con todos los otros candidatos progres. Antanas aún dice que mas SI que NO, pero que la Corte decida en temas como la unión de parejas. Me gusta más el SI contundente de Petro a la adopción y el matrimonio para parejas del mismo sexo: SI, sin ambigüedades.

De otro lado, sus propuesta económicas me identifican: 1) democratizar la tierra como algo urgente, aprovechando los millones de hectáreas mal habidas. 2) democratizar el saber para fortalecer el trabajo: avanzar en innovación e investigación mediante la universalización de la educación superior, con mucha pertinencia de abajo hacia arriba en las propias regiones y desde el colegio. 3) y finalmente democratizar el capital: es decir el acceso a crédito. El dinero es demasiado caro. Las ganancias de la banca colombiana están mas allá de lo razonable. Los bancos dejaron de cumplir su razón de ser: servir como canal entre el sector que genera excedentes y los emprendedores que los necesitan y pueden pagar algo a los primeros. Para esto creará el banco del jóven, sólo prestaría contra la garantía de un diploma de universidad. El banco de la mujer con perspectiva de género al servicio de la economía del microcrédito. Asímismo el banco de vivienda y el de la frontera y el mar.

Pero…llega la ola verde cargada de entusiasmo y posibilidades ciertas de llegar al poder. Encabezada por un líder que ha demostrado en el pasado ser un gobernante honesto que trabaja con amor por la ciudadanía desde el papel de la cultura, las reglas claras y su cumplimiento para crear capital social que se traduce en capital económico. Transformó la ciudad de Bogotá, tanto ética como financieramente y sentó las bases para otros gobiernos futuros muy exitosos como el de Lucho Garzón. Una opción real para evitar que continuemos bajo un gobierno premoderno y latifundista. Promete una inserción del país en el mundo internacional y superar la estrechez del régimen político.

Con justa razón, cientos de amigos, familiares mios y cientos de miles de simpátizantes del Polo, han optado desde ya por acompañar a Antanas Mockus. Ante las encuestas desean desesperadamente terminar con ocho años en que se modificó la constitución y la ley al antojo del presidente. Están hastiados de las prebendas al senado y del irrespeto a las instituciones: a los jueces y su independencia y a la autonomía universitaria, a los partidos, etc. Están asustados de que siga la policía política que persiguió y desprestigió a embajadores, periodistas, la oposición política y, lo más grave, a las altas cortes. Anhelan el cese de las graves violaciones a los derechos humanos: los vergonzosos falsos positivos, desplazamientos, asesinato de líderes sociales, sindicales y políticos, etc.

Ahora bien, en parte porque Antanas no estaba buscando ser presidente hoy y en parte por la premura con que se armó el nuevo partido verde, él llega sin un programa de gobierno, sin ideas concretas para temas puntuales. Eso si dotado de sus buenas intenciones, de su imagen cierta de probidad y de una filosofía convincente pero aún abstracta que no da respuestas  a los retos del país ni el corto y ni en el mediano plazo. Lo más grave es que la gente no podrá esperar ni le podrá pedir una dirección política específica en la economía o el medio ambiente, por ejemplo, porque simplemente él llega a la cúspide de las encuestas sin haber dicho mucho al respecto. Los debates necesarios para avanzar en estas deficiencias han sido muy difíciles. El debate ha estado muy marcado por el culto a los personalismos, sin detenerse en los programas y de parte del establecimiento, llegando incluso a la campaña sucia.

En este ambiente no se puede dialogar mucho. Lo he sentido cuando opino sobre Antanas. El sentir furiverdista, comparable con el sentir furibista y furipetrista, caen con su peso a la menor reflexión. Al menos en mi caso, me he atrevido a dar opiniones académicas sobre las tesis que Mockus defiende en sus debates y que no coinciden con el programa que le escribieron sus asesores. Eso me ha valido pérdida de amigos en facebook, en twitter y dolores en la vida cotidiana. Supongo que al contrario también les pasa a algunos verdes.

Urge que nos demos las discusiones sobre los contenidos que el país requiere y sobre las prácticas políticas. Unas buenas prácticas que no encarnan ningún partido hoy, pero afortunadamente si Mockus y Petro. Para esto hay que querer escuchar y evitar el unanimismo que tanto daño le hizo a Colombia el uribismo. Creer, por ejemplo, que “neoliberal” es un insulto es síntoma de adoctrinamiento de derecha o izquierda. Reivindico el valor heurístico de la palabra para decir que Mockus comparte y ha sostenido, en los precarios debates nacionales, muchas tesis que se enmarcan en una suerte de ajustes y reformas propuestas por las escuelas económicas del Consenso de Washington. Por ejemplo, las privatizaciones, el libre mercado, la reforma laboral (flexibilización), etc y otras como medidas fiscales muy regresivas: aumento del IVA y la disminución del impuesto de renta, etc.

En otros temas, Mockus también ha anunciado su apoyo a desarrollos como la concesión actual de las minas de oro a cielo abierto, los monocultivos de palma, su apoyo a las fumigaciones con glifosato, entre otras. Esto lo ubican bastante a la derecha del espectro político colombiano y lejos de la filosofía propia de los partidos verdes del mundo. De hecho, uno ve más seriedad y coherencia en el tema ambiental en el Polo, que es amarillo. Acá hay un debate ideológico que es tan sano como urgente. Creo que otros caminos mejores conducen al desarrollo y que el neoliberalismo mostró ser ineficaz en América Latina para acabar las injusticias sociales y generar un desarrollo sostenido y sustentable. Requisitos para fortalecer la institucionalidad del estado que defiende el propio Antanas. Juzguen ustedes mismos.

No por esto es imposible un acercamiento. Aceptada la premisa de que llevamos 8 años trágicos en la política nacional, vale la pena una convergencia.  Su único propósito sería salvar la democracia. Se llaman gobiernos de transición y en el mundo se hacen entre diferentes. Esta propuesta, reiterada hasta el cansancio por Petro, no ha tenido eco alguno en nuestros homólogos de los otros partidos (los demócratas), que, por las razones que sean (y no discuto su validés), han preferido seguir solos en primera vuelta.

En este escenario y como la primera vuelta tiene como fin la expresión del voto ideológico y no impide los acuerdos en la segunda, votaré por Petro e invito a quienes compartan el sueño de la equidad en nuestro país a que contemplen hacerlo. Así será posible una convergencia en segunda vuelta. Mientras tanto no pueden desaparecer de la agenda los postulados de la izquierda democrática. Votaré feliz por Petro, para decirle al país que las políticas públicas y sobre todo las económicas, han sido equivocadas y han conducido a mayor pobreza e iniquidad. Votaré, pero sin  disciplina religiosa y partidista.

*Edil de Chapinero. Originalmente publicada en Entorno Diverso

La imagen del artículo pertenece a la campaña de Gustavo Petro

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