Mis argumentos por Antanas Mockus

Posted on mayo 27, 2010 por

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Por Jkrincon

Estoy cansado de que nos estigmaticen y nos ofendan, a quienes vamos por Mockus, afirmando que hacemos parte de una moda y que no tenemos propuestas ni argumentos. Es triste que todos los candidatos hayan caído en el juego de despreciar y generalizar, simplificando el complejo mundo electoral.

De Juan Manuel Santos me lo esperaba, después de todo es una persona que ha demostrado cómo su obsesión por llegar a la presidencia lo mueve a utilizar cualquier medio para ser el nuevo residente del palacio. Que tristeza que haya quién cree en el discurso de un pícaro (en sus palabras) sin escrúpulos y sin respeto por la inteligencia de los colombianos. Lo mismo para el presidente que ha participado descaradamente en política. Lástima que aquí tenemos instituciones de papel y puestos otorgados por clientelismo.

Me entristece, sin embargo, ver como candidatos respetables se dejaron llevar por el mismo juego. Gustavo Petro, claramente ofendido por un descache de mi candidato -lo admito-, empezó a promover el “voto maduro” por él. ¿Eso en qué nos convierte a los demás? ¿en inmaduros? ¿de verdad?; Germán Vargas Lleras, y su cruzada contra el voto útil, es un intento desesperado por llamar la atención a una propuesta programática que es fuerte, pero que no debe ser vendida a costa del desprestigio del voto por los demás.

Mi voto es útil, pero no en la definición que da Lleras. Mi voto es útil porque servirá de capital para empezar a bombardear con oportunidades este país. A continuación me preparo a exponer mis argumentos para votar por Antanas Mockus, porque mi voto no es una moda, es una convicción fundada en propuestas que no sólo son serias, sino que son las mejores para dirigir nuestro país.

Seguridad democrática + legalidad democrática + bombas de oportunidades = ¡PAZ!

Hay dos problemas fundamentales en nuestro país: la violencia y la desigualdad. Ambos son puertas en nuestro conflicto armado. La puerta de salida ha sido fuertemente atacada por la seguridad democrática. Nuestra atención se ha centrado en sacar a guerrilleros del conflicto (muertos, capturados o desmovilizados) y hemos sido relativamente exitosos en esto (prueba de esto son los fuertes golpes a las FARC en los últimos años).

Sin embargo, ese foco de atención ha traído grandes problemas en las áreas que hemos descuidado. El costo de una guerra a muerte nos alejó de la inversión social, de crear instituciones verdaderamente fuertes, de atender seriamente el problema de los desplazados que dejábamos en el camino,  de aplicar serias disposiciones en la salud, de invertir en educación.

Ese descuido generó desigualdad y actualmente tenemos un país que no brinda serias oportunidades a los que están más abajo. Y eso abre la otra puerta, la puerta de entrada al conflicto.

La guerrilla sigue viva porque se sigue nutriendo de personas que la ven como su única opción de supervivencia. Cuando no hay trabajo, cuando no hay educación de calidad accesible, cuando ni siquiera hay un sistema de salud que funcione, es muy difícil pedirle a las personas que están en la miseria, o que ven la miseria de cerca, que no tomen la vía del atajo y que no se unan a los grupos que tanto mal nos hacen. Para muchas personas, lástimosamente, la guerrilla es un trabajo más.

Es por eso que la propuesta de Mockus + Fajardo es el complemento perfecto a la seguridad democrática, es el empujón que nos falta para alcanzar la paz verdadera.

La propuesta consiste en continuar con las bondades de la seguridad democrática: fuerte inversión en la fuerza pública, fomentar la presencia del estado en todo nuestro territorio y alcanzar el monopolio de la fuerza (la idea de que sólo el estado puede hacer justicia), pero a esto sumarle una cultura de legalidad y, para lidiar con la puerta de entrada al conflicto, bombardear todo nuestro país con oportunidades.

Hablemos, primero, de las oportunidades. ¿Cuándo fue la última vez que invertimos en Colombia? ¿cuándo fue la última vez que invertimos en nuestra salud? ¿cuándo fue la última vez que invertimos en nuestra educación?

Si miramos la crisis en el sector salud, y el terrible problema con la calidad en la educación, podemos entender la sensación que existe entre muchos colombianos que sienten que su país no les da las oportunidades para desarrollarse, para vivir.

Por eso es necesario bombardear nuestro país con oportunidades, cerrar de una buena vez por todas la puerta de entrada al conflicto, que el país grite: colombiano, creemos en tí, le apostamos a tus oportunidades.

La inversión en nuestro país se centrará en el fomento a la ciencia, tecnología, innovación, educación y cultura. Varias de las propuesta para lograrlo son estas:

Primero, es tiempo de apostar por la educación.

La educación y el cambio de nuestros comportamientos son los fundamentos para construir entre todos una Colombia justa, pacífica, respetuosa de la ley y los derechos, innovadora, productiva y próspera. Con educación y cultura derrotaremos la ilegalidad, la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la informalidad, la destrucción del medio ambiente y los desequilibrios regionales.

La propuesta es atender la educación primaria a tal punto que alcancemos a tener un cubrimiento del 90% de los niños, especialmente los pobres. Para combatir la desigualdad es necesario encargarnos de que los más desfavorecidos no se queden atrás por los obstáculos que les genera su condición de pobreza.

La idea no es sólo, sin embargo, ampliar la cobertura (que ha sido la principal preocupación del gobierno actual), sino mejorar la calidad. La candidatura de Mockus y Fajardo (dos profesores, por cierto) es respaldada por un enorme grupo de docentes y estudiosos de los sistemas educativos que prestaran su ayuda para mejorar la calidad de la educación básica pública. Entre los planes que existen, está el de dotar las escuelas con computadores, crear un sistema de capacitación continua a los docentes, la creación de un proyecto “no me retiro” a nivel nacional para reducir el número de deserciones escolares (“Los jóvenes de los estratos más pobres que permanezcan en la educación media, se esfuercen y se gradúen de bachilleres, tendrán apoyo financiero para su acceso a estudios técnicos, tecnológicos y universitarios.”), una reestructuración del SENA para que “opere dentro de los sistemas de evaluación de calidad del Ministerio de Educación Nacional”.

En la educación superior se pretende mejorar la calidad creando un sistema de fomento para que los profesores tengan maestrías y doctorados. Además, reformular la manera en que se enseña para que la educación esté más ligada a las necesidades del mercado laboral.

Para ir acorde a todo el proyecto de apostar por las oportunidades y por la educación, se propone la venta del 15% de las acciones de Ecopetrol para la creación del ministerio de ciencia y tecnología que tanto necesita nuestro país. Nuestro talento e ingenio es famoso a nivel mundial, sin embargo, Colombia no ha invertido cómo es debido para convertirnos en exportadores de tecnología. ¿Por qué conformarnos con ser un país que exporta materia prima? Las universidades del país, y los científicos colombianos, son apetecidos por las grades empresas a nivel mundial que buscan lo mejor de lo mejor, ahora imagínense si lo mejor de lo mejor se queda trabajando en Colombia.

La idea es invertir en desarrollo tecnológico, fomentar investigaciones en áreas como la biomédica, en la cual Colombia estaría a la vanguardia mundial. Por mucho tiempo hemos estado atrasados esperando a que las innovaciones lleguen de otros países. Le apostamos a que la innovación empiece en nuestro país.

Haremos los arreglos institucionales necesarios para darle al Estado una visión clara y ejecutar unas políticas efectivas de ciencia, tecnología e innovación, que coordinen la acción de todas las agencias del Estado y estimulen de manera sostenida la productividad y la competitividad, apoyen el programa de producción de bienes y servicios de alta tecnología, el desarrollo de empresas de alta tecnología y programas de investigación que articulan universidades, empresas y el Estado, y promuevan la innovación en el sector privado y mejorar su competitividad.

Es tiempo, además, de construir colegios de alta calidad en infraestructura. “Lo bello para lo más humilde” dice Fajardo, exponiendo la idea de que “la calidad de la educación empieza por la dignidad del espacio. Los niños más humildes deben tener la posibilidad de asistir a colegios tan buenos y tan bonitos como a los cuales asisten los niños de las familias con todos los privilegios”.

Un edificio más bonito no convierte a los estudiantes mejores académicamente, sin embargo, cuando una persona de escasos recursos llega a un colegio público grande, bien cuidado y de infraestructura hermosa, piensa “están invirtiendo en mí”. ¿Qué dirá la mamá del niño? ¡Empecemos a invertir en nuestros jóvenes!

Esta inversión en infraestructura no es sólo a nivel de colegios. En las grandes ciudades suele presentarse el fenómeno de que hay zonas que se marginan, lugares donde las personas no van porque es allí donde se generan los focos de violencia e inseguridad. ¿Cómo los combatimos? Bombardeamos esos lugares con oportunidades. Construimos bibliotecas, parques, recuperamos esa zona, llevamos presencia de la policía y fomentamos a que toda la ciudad se una, que no haya un sólo rincón de nuestras ciudades que no sea atractivo, que no sea accesible. Unidos podemos más, y esa unión empieza por el espacio público, por un país que no deja a nadie atrás.

Nuestra primera prioridad para que nuestras ciudades sean humanas será la seguridad, para hacer efectivo el derecho a vivir sin miedo. Sobre la base de nuestra experiencia, apoyaremos la labor de las autoridades municipales para reforzar el trabajo judicial y de policía en sus ciudades y mejorar los factores que propician una mayor seguridad: espacios públicos de calidad, limpios y ordenados; una excelente iluminación; que los vecinos se conozcan; que la gente use los espacios públicos y cumpla las normas de convivencia.

La fuerte inversión en la educación, emprender proyectos de infraestructura y el fomento por la innovación es la primera gran bomba de oportunidades que la propuesta verde trae consigo. Cuando nuestro sistema educativo se convierta en una alternativa seria mediante la cual se pueda acceder a un trabajo y a un mejor futuro, entonces la desigualdad empezará a ceder. Cuando el colombiano se vea frente a un país que apuesta por él, es mucho más probable que elija la cultura legal, la cultura de no causarle daño a nuestro país, que se eduque y confíe en las oportunidades que le brindamos.

Porque en últimas toda esta inversión es en las personas. Creemos en las personas, en la bondad, en la voluntad de cambio y de hacer las cosas bien, pero también sabemos que el cambio nace desde el Estado.

Por supuesto que esta apuesta por Colombia no puede dejar atrás el campo. Además de los incentivos para llevar la educación a los habitantes de las zonas rurales, se propone una fuerte inversión en dos aspectos: tecnificación de los medios de producción e infraestructura, y protección a las tierras de quienes las han perdido.

El problema de los desplazados no se puede solucionar en 30 años. Tiene que solucionarse ya, y para eso, se propone la distribución de las tierras en manos mal habidas, cumplimiento de las sentencias judiciales y un estudio serio acerca de este problema. Se fomentarán los proyectos de pequeños y medianos inversionistas, así como una distribución más equitativa de los subsidios: apoyo estatal para quién verdaderamente lo necesita.

Esto se hará a través de la imposición de impuestos a los grupos poblacionales más pudientes. Aumentar los impuestos de los inversionistas no es, como pretenden muchos, un atentado a la confianza y a la inversión extranjera. Si esos impuestos se ven reflejados (como sucederá en el gobierno de Antanas) en vías de comunicación mejor desarrolladas, en un campo más tecnificado y una integración mayor, Colombia será más atractiva para los inversionistas.

Como dice Mockus: es cuestión de seducción. Sí, cobraremos más, pero invertiremos más y esas inversiones se verán representadas.

Es necesario, entonces, integrar todo nuestro país. ¡No más licitaciones clientelistas! ¡No más contratos incumplidos! ¡No más plata desperdiciada! Con un gobierno honesto y que no le debe favores a nadie, las licitaciones se ganarán por meritocracia verdadera, y el gobierno Mockus pretende invertir en nuestra infraestructura vial. Nuestro país tiene que estar bien comunicado, es necesario aprovechar nuestras salidas al mar, es necesario aprovechar el ferrocarril, es necesario promover la doble calzada.

Con un país mejor comunicado, será más fácil garantizar la seguridad y el desarrollo económico.

Toda esta apuesta por nuestro país y por el desarrollo de nuestros medios de producción nos permitirá entrar a negociar Tratados de Libre Comercio que no impliquen sacrificar nuestros medios de producción internos. Alcanzaremos la competitividad a nivel internacional fortaleciendo nuestra industria.

Otro punto básico en la propuesta de bombardear el país con oportunidades es arreglar nuestro sistema de salud.

Debo, por supuesto, tocar el tema del millón de pesos de salario para los médicos generales. Fue un error de Mockus, una equivocación que ha sido reconocida, especialmente porque la propuesta de salud verde está “sobre la base de un diálogo con pacientes, médicos, enfermeras, hospitales, aseguradores, empresas y entidades de atención en salud, investigadores y entidades territoriales, para lograr un sistema integral, con capacidad real de coordinar los diferentes sectores que contribuyen en la prestación de los servicios, accesible a toda la población, de calidad, equitativo y oportuno, administrado en forma eficiente, bien dirigido y bien gerenciado”.

Se propone recuperar la figura del ministerio de salud para buscar la aplicación verdadera de la ley 100 (cuyo plan único de beneficios en salud no ha sido utilizado) y una actualización humana del servicio de salud. No se queden en una frase, un presidente no toma decisiones en 10 segundos, los invito a ver la propuesta completa en este [enlace].

Estos proyectos van íntimamente ligados a la gran propuesta de un país basado en la legalidad democrática.

Legalidad democrática es una apuesta (I)por nuestras instituciones y (II)por la cultura ciudadana.

¿Quién cree en la fiscalía? ¿en la procuraduría? ¿en el DAS? Los escándalos de corrupción han manchado el nombre de todo el estado, y de sus instituciones. Es difícil obedecer cuando no se cree en las fuerzas de poder. Por eso, es necesario recuperar esa confianza, limpiar todas las instituciones y fomentar una institucionalización basada en el mérito, la honestidad, y el verdadero trabajo por el bienestar público. La justicia empieza por empleados públicos verdaderamente comprometidos.

Reforzaremos la presencia del Estado en todo el territorio nacional, no sólo con la Fuerza Pública, sino con un sistema de justicia que cuente con fiscales y jueces idóneos e insobornables, reconocidos y respaldados por la comunidad, con el propósito de crear un ambiente de seguridad y bienestar que permita generar desarrollo y abrir las puertas a las oportunidades legítimas.

Esto va, por supuesto, unido a la inversión en la cultura ciudadana, que es la fuerte apuesta por el individuo, por la voluntad de cambio y honestidad.

Mockus entiende que la violencia nace en nosotros. La violencia se perpetua cuando somos groseros, cuando no respetamos las leyes de tránsito, cuando ofendemos a alguien en la calle, cuando no cuidamos los espacios públicos y botamos la basura donde se nos venga en gana. Esto luego evoluciona a recibir un soborno, a ayudar a alguien con un puestico, a mover palancas, a pedir que muevan palancas por nosotros, a robar un poco, a robar mucho.

¿Cómo queremos que sea nuestra sociedad? Esa es la pregunta que plantea Mockus. La cultura ciudadana se construye con educación, con simbolismos, con marchas, con la colaboración de todos. Con el desarme ciudadano, con cuidar nuestros espacios.

De nada sirve la construcción de parques si no los cuidamos. De nada sirve limpiar la corrupción estatal si nosotros robamos en el ámbito privado.

La propuesta de Mockus va a eso, empezando por el ejemplo.

¿Y cómo se da el ejemplo? Argumento va, argumento viene, respeto por el otro. Muchas personas se han quejado por que Mockus se ha rectificado en varias ocasiones, sin embargo, eso es lo más coherente que puede hacer. Es el claro ejemplo de que es una persona que no se guía por el orgullo, sino por los argumentos, por el debate. Cuando se equivoca, y se le demuestra equivocado, cede y da la razón. ¡Imagínense eso! ¡Un político que admite sus errores!

Lo mismo sucedió con el problema de Chávez. Hay quienes critican a Antanas por profesar su admiración al presidente vecino. Para empezar, él no dijo que admiraba a Chávez, sino que admiraba al pueblo venezolano por elegir democráticamente a su presidente. Y decide no meterse en asuntos internos. ¿Es eso tan malo? ¿no nos quejamos constantemente de que Chávez se mete en nuestros asuntos? ¿por qué deberíamos nosotros meternos en los de él? La admiración de Mockus es señal de respeto por los otros países, es señal de una política internacional que va a normalizar nuestras relaciones con otros países. ¡Y cómo lo necesita la frontera!

Ahora, imagínense un país donde la fuerza pública es apoyada y respetada por la ciudadanía, donde el pobre tiene todas las oportunidades de crecer, donde toda Colombia está unida en la búsqueda de la verdadera prosperidad, una prosperidad para todos, una prosperidad construida a través del principio de que la unión hace la fuerza.

En Bogotá se logró.

Durante los tres años de su última alcaldía, 2.445 personas menos murieron por causas violentas en la ciudad. Cuando Mockus asumió su primera alcaldia redujo la tasa de homicidios de 82,1 por cien mil habitantes, a 64,9. Y cuando acabó la segunda alcaldía en 2003, después de un período intermedio de su compañero Enrique Peñalosa, la tasa bajó a 23,4 homicios por cien mil habitantes.

Mockus logró esta disminución récord, que no ha sido alcanzada por Uribe ni en sus mejores momentos, con una política pública que combinó las acciones simbólicas de las que se burla Arias con otras medidas más convencionales, que de hecho fueron replicadas luego por la administración de Álvaro Uribe.

La Silla Vacía

Ahora es el turno de todo el país. Mockus está rodeado de mentes genuinamente brillantes que están trabajando por el bien del país. Los invito a ver la propuesta programática de justicia, por ejemplo, para que vean como funciona la formulación de propuestas en nuestra campaña.

Estas propuestas crecen, y seguirán creciendo, incluso cuando lleguemos a la presidencia. Porque así es como debe ser. Nuestro presidente debe estar abierto al diálogo, a mejorar las propuestas, a darle voz y participación a todos los sectores. Polarizados hemos hecho algunas cosas, pero es tiempo de que juntos construyamos el país que queremos.

Mi voto es por una política que respeta nuestra Constitución, que respeta nuestra dignidad, que respeta la verdad, que invierte en nuestra innovación. Piénsalo. Vota por Antanas Mockus.

Es la hora de elevar nuestras voces para impulsar un cambio cultural y educativo en el país. Este momento nos pertenece y debemos hacerlo sentir en todos los rincones de nuestra geografía. Nos dicen que no podremos alcanzar estos objetivos, y respondemos que unidos estamos construyendo la posibilidad de cambiar la historia política de Colombia. Nos piden ser realistas y que renunciemos a estos sueños, y nosotros le exigimos al país no solo las ganas, sino la voluntad de soñar.

Todas las fotografías pertenecen a la campaña de Antanas Mockus.

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