La campaña infame.

Posted on mayo 14, 2010 por

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Por Andrés Páramo

Colombia no es tierra apta para elecciones. Por la gente, porque no escucha – parecen fanáticos de un partido de fútbol – pero sobretodo, por los candidatos y sus campañas sucias. Así la revista Semana diga que siempre no, que lo que pasa acá, cuando un candidato ataca a otro, es parte de un debate de elecciones y pasa en cualquier parte del mundo. No señoritos, sí es guerra sucia. Y cada candidato tiene su forma de hacerla.

Vargas Lleras – que debo aceptar, hasta ahora venía muy bien – con su columna de El Tiempo, pidiendo que por fa no voten por Mockus porque es un salto al vacío, que por eso, más bien voten por él. O Noemí, que en el debate atacó a Santos, haciéndole apuestas por su pasado corrupto (¿no les dará vergüenza?) y arengando que el país se salvaría si él renunciara a la candidatura. Noemí también hace guerra sucia a través de su nuevo jefe de campaña, quien tuvo una revelación como la de Saulo yendo a Damasco, y de criticarla, pasó a defenderla. Ahora saca columnas y vive repitiendo la siempre mentirosa frase de que las Farc van a estar de fiesta si gana Mockus, y de que la guerra no se gana a punta de girasoles.  De enemigo a compinche(r)

Petro, quien no puede quitarse de su espalda todo su recorrido político como opositor, ataca a veces a Santos y a veces a Mockus – su nuevo enemigo – También el mismo Antanas es protagonista de esta guerra (qué tristeza), haciendo declaraciones de alto calibre contra Gustavo Petro, que en últimas generan aquello contra lo que lucha: formas convencionales de hacer política y violencia polarizada.

Pero el peor es Santos, y de lejos. De todos el más infame, el más inescrupuloso, el que menos vergüenza tiene, el que más se atreve sin miedo a las consecuencias, es él. O Él, como sale escrito en sus campañas. Y no me sorprende, de Ministro era igual. Lanzando bombas en la frontera de otro país para atrapar guerrilleros, después mintiendo y diciendo que qué pena, que no sabía, o incentivando perversamente a los soldados para que le dieran cifras más gordas de muertos. Muertos que terminaron siendo, como camino lógico, población civil (Ojo: no digo que Él los matara o los mandara a matar) Santos es el típico político, que en pleno siglo veintiuno, mantiene vigente la frase milenaria de que el fin justifica los medios.

Se levanta por la mañana, se baña, se disfraza de Uribe y sale a hacer campaña. Contrata a un imitador de Uribe (de su voz, que si Santos pudiera, también imitaría), para que en una cuña radial, diga: “Yo creo en Juan Manuel” y después un locutor invite: “si él cree, nosotros también”. Y cuando le hacen el reclamo, entonces se ríe, con esos ojitos de ternero, con esa voz dulce de quien no rompe un plato (pero sí los rompe, no es ningún santo), diciendo que es un chiste, que a los uribistas les ha gustado mucho, que todo bien. Como si nadie cayera engañado con publicidad falsa, como si no estuviera prohibido usar la imagen del presidente para hacer política.  Y cuando le vuelven a hacer el reclamo, entonces se pone bravo y grita y corta entrevistas. Se salta la norma.

Almuerza y se inventa una propaganda. El carro va en una tranquila autopista sueca, y de pronto, un demonio vestido de guerrillero, asusta al televidente. Con esto, y otras cosas, usa la muy inteligente estrategia de Uribe: sin Él no se puede. Apela al miedo.

Luego toma onces y rápido se va a una reunión de Familias en Acción. Convocada por él y basada en mentiras: que el día de la madre, que la junta, que la oración. Y las pobres familias (las familias pobres) se imaginan y declaran, incorrecta pero entendiblemente, que sin Él el programa se acabará. ¿Increíble no?, ¿descarado no?, ¿infame no?, ¿extremadamente grave no? Pero es Santos, así es Él, no hay que olvidarlo. Si no creen, miren ustedes muchachos:

Se aprovecha de la ignorancia de las personas.

La suma: se salta la norma, apela al miedo y se aprovecha de la ignorancia de la gente. Así no puede ser presidente. Bueno, sí puede, pero no uno bueno. Uno más bien muy malo.

La imagen del artículo le pertenece a Matador Cartoons y es reproducida aquí sin ánimo de lucro ni de violar los derechos de autor.

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