Colombia: ¿200 años de libertad o 518 de Dominación?

Posted on mayo 8, 2010 por

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Por Camilli1240

Este año Colombia celebra sus 200 años de independencia, tras la conmemoración del 20 de Julio de 1810 y “el grito de independencia”, hecho en el que los criollos se levantaron contra de un régimen del Virrey Amar y Borbón, que les negó la participación política y la capacidad autogobierno, como consecuencia de las conocidas reformas borbónicas de siglo XVIII, que impusieron el absolutismo en todo el Imperio Español.

Sin embargo, al mirar la actual situación del País, me cuestiono sobre la existencia de ese hecho, o por lo menos de la importancia y la trascendencia que se le ha ofrecido dentro de nuestra historia nacionalista y teleológica.

Este semestre estoy viendo en la universidad Historia de las Instituciones, una materia donde hemos analizado la historia colonial  y del derecho indiano (incluyendo el español también), con el fin de conocer cómo fue el proceso de independencia desde las instituciones jurídicas del antiguo régimen, y cómo fue el choque entre la modernidad y lo tradicional dentro de la revolución liberal hispanoamericana del siglo XIX. En Esta materia he leído autores reconocidos de la historia y el derecho como Margarita Garrido, Eduardo Martire, Josep Fontana, François -Xavier Guerra y Annie Rieu-Millán, entre otros, quienes me han dado una perspectiva muy diferente de nuestra historia.

Lo que me llevó a escribir este artículo fue una visita que hicimos a la exposición Palabras que nos cambiaron“, de Margarita Garrido, y que se encuentra en este momento en la sala de exposiciones de la biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá, puesto que dentro de ésta encontré que no existen tantas diferencias entre la sociedad colonial criolla y la Colombia actual. Las palabras que en ese momento se utilizaron para buscar la independencia son muy similares a las que en la actualidad el pueblo demanda.

Mi objetivo con este artículo es mostrar que la independencia, más que ser un proceso revolucionario liberal, fue un proceso conservador que utilizó el discurso liberal como una herramienta para sustentarse, pero que en realidad buscó regresar al estado de autonomía colonial que existió antes de las reformas borbónicas en donde los criollos gobernaban. También quiero mostrar  qué elementos del antiguo régimen fueron heredados por la actual sociedad colombiana, y como, desde nuestra historia, podemos ver nuestra situación actual asimilándose al reflejo de un espejo.

Quiero hacer el salvamento que este artículo es una opinión personal sobre un suceso histórico y sus consecuencias desde lo que he aprendido, por lo que no reflejará directamente las tesis de los autores que mencioné anteriormente, ni de la exposición, y que su objetivo más allá de lo anterior, es hacer pensar al lector qué ha sido nuestra historia y qué es en la actualidad Colombia.

(cc)Cultura Banco de la República

Una visión diferente de nuestra historia

Desde el colegio se nos enseñó que la independencia fue EL momento histórico donde nuestra nación obtuvo su libertad del “yugo español”, trayendo con sigo la modernidad institucional a través de las ideas de la revolución francesa que proclamaban “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Sin embargo, al analizar los hechos que vinieron después de 1820, nos damos cuenta que ninguna de estas premisas se cumplió completamente, y que solo hasta 1991 se dio una verdadera aplicación de estos principios (aunque, incluso en nuestros días, todavía falta que ese discurso se haga realidad en muchas partes de la sociedad).

Si la sociedad moderna se construyó con base en estos principios, ¿por qué existen en Colombia tantas desigualdades sociales, limitaciones de derechos y guerras entre bandos? Sencillamente porque la revolución no quiso un cambio social, sino que buscó la legitimación de los intereses de un grupo de criollos que había perdido el poder que había tenido por más de un siglo en el Nuevo Mundo.

Desde 1492, los españoles que llegaron a América tuvieron muchos derechos de conquista y grandes facultades de autorregularse y administrarse por parte de la metrópoli, producto de la gran distancia y las diferencias de problemáticas entre el Nuevo Mundo y España, lo que permitió a los criollos autogobernarse en la mayoría de materias y administrar América como querían. Tras la llegada del absolutismo -traído por los Borbones desde Francia-existieron grandes limitaciones a los derechos de los criollos, ya que el rey buscaba ejercer todas la funciones de estado, controlando todo el imperio. A muchos criollos esta limitación del poder no les gustó, y en consecuencia,  la consideraron  en contra del orden natural de las cosas y  las buenas costumbres. Estas reformas fueron muy criticadas por los criollos puesto que le otorgaban derechos a los indígenas, incluso casi igualándolos con los españoles, expulsaron a los jesuitas de América, y otorgaban  cargos administrativos importantes sólo a los peninsulares aunque los criollos fueran los gobernados.

Sólo una parte de la población del virreinato de la Nueva Granada fue afectada directamente con estas reformas: los criollos, puesto que perdieron su poder de autodeterminación y sus derechos que habían obtenido de la conquista, por lo que buscaron un medio para regresar al orden original de poder en el nuevo mundo, encontrándolo en la revolución hispanoamericana, y utilizando el vacío de poder generado por la invasión napoleónica a España para recuperar sus derechos.

Los criollos necesitaban del resto de la población  para poder levantarse en contra de los españoles, ya que tras el fracaso de las Cortes de Cádiz, no podrían recuperar su poder a través de la negociación con los peninsulares: sólo quedaba la guerra de independencia como salida al problema, por lo que utilizaron el liberalismo como herramienta para lograr sus objetivos. Los criollos, a través de la construcción de una red de difusión de ideas en todas las ramas y lugares de la sociedad como las iglesias, en los juzgados, en las tertulias, en los colegios mayores, en las plazas, y otros sitios, llevaron el discurso de la igualdad, la fraternidad y la libertad a las otras castas mostrándoles una idea optimista de lo que sería la nueva nación, un lugar de iguales para iguales, de americanos para americanos y de libres para libres.

Pero tras la independencia quedo en evidencia que esta igualdad nunca se dio socialmente, sólo se consagro en la ley formalmente y al mirar más a fondo en el ordenamiento, la ley fortaleció los intereses económicos y sociales de los criollos. Aunque desde finales del siglo XIX aumento el mestizaje en las élites repúblicanas, el poder siguió conservado en manos de los descendientes de los criollos hasta nuestros días, ya que el sistema implantado desde la independencia esta hecho para mantenerlo en las mismas manos, evitando el asenso social, la distribución de la riqueza conservando y la estructura colonial en la actual sociedad, pero sin hacer diferenciaciones directas a través de derechos optimistas que consagran la igualdad.

La Sociedad estamental de Siglo XXI

Un gran ejemplo de esto es que en Colombia no se dio una reforma agraria en el siglo XX, y que lo más  cercano que se ha  dado en este comienzo del siglo XXI sea AGRO INGRESO SEGURO. En Colombia todavía existen latifundios, terratenientes y gamonales, que heredan el poder económico de generación en generación, generando dinastías de familias poderosas que concentran ese poder a costa de la explotación de esa riqueza. El problema no es que hayan poderosos, sino que se aprovechen de la debilidad del estado robando, o invirtiendo los recursos de la nación para aumentar más la desigualdad social como paso en AIS, donde el dinero de nuestros impuestos terminó regando los campos de los grandes terratenientes de Colombia.

La educación es una fuente de riquezas y el medio de acenso social más efectivo, pero hasta la fecha, la educación de calidad a nivel escolar y superior sólo se encuentra al alcance de esos privilegiados, mientras que el resto de la sociedad, por cuestiones económicas, sólo pueden acceder a la educación pública, la cual fomenta la mediocridad a nivel básico, y a nivel superior se encuentra en manos de las clases medias y altas del país, puesto que un pobre no puede pagar o acceder a ella por su mala formación a nivel básico.

El ejemplo más evidente del carácter colombiano es la sociedad estamental que se encuentra implantada en nuestra nación, ya que los Afrocolombianos (descendientes de esclavos), y los indígenas (perseguidos y empobrecidos por los blancos), se encuentran en la base de la pirámide social al ser la población más vulnerable por las condiciones de marginalidad y pobreza en las que viven, por lo que han sido denominados “los pobres de los pobres”.

Aunque la ley colombiana consagra la igualdad de razas (art. 13 Constitución Nacional), 518 años de limitaciones de estas comunidades no se solucionan a través de la norma, ya que aunque existe la igualdad formal, no se encuentra la igualdad  material, puesto que ellos no tienen en general medios propios de producción que les permita generar riqueza y superar sus dificultades, sino que se crea una relación de dependencia del débil al fuerte que no permite ese avance social, en donde este último sólo le entrega el mínimo esencial para vivir, evitando que exista un posibilidad de ahorro que permita al pobre generar sus propios medios para romper esta dependencia. La política estamental se evidencia en  Colombia en el denominado “salario mínimo” que no alcanza para cubrir todas las necesidades básicas del ser humano.

Aunque, en teoría, existen acciones positivas por parte del estado, en la práctica estas son insuficientes para corregir todo este tiemnpo de desigualdades, ya que todavía falta un cambio político en las prioridades del país que distribuya los recursos de manera más equitativa para que todas las personas puedan generar riqueza y no sólo unos criollos.

En el medio de los estamentos se encuentran personas que ascendieron y superaron sus dificultades económicas a través de la educación o los negocios, obteniendo una estabilidad relativa, aunque se encuentran más cerca a los pobres que a los aristócratas de Colombia, puesto que en su mayoría son de origen humilde. Aunque ellos pueden llevar una vida digna, no tienen generalmente poder político puesto que representan la oposición de los partidos tradicionales de la aristocracia criolla.

Por último, se encuentra la clase alta, que concentra la mayor parte de la riqueza nacional y se encuentra conformada por los herederos de las élites criollas. Aunque existe también acenso social hacia la cima de la pirámide, sólo unos pocos lo han logrado, por lo que se puede afirmar que no esto no es un fenómeno social fuerte en nuestro contexto.

¿Qué se está conmemorando este 20 de Julio?

Las demandas de “Igualdad, libertad y fraternidad” que pidieron los criollos ese 20 de Julio no fueron hacia los que hoy podríamos definir como colombianos, en su mayoría, sino hacia los españoles que les negaron su origen, pero nunca fue el reconocimiento del Indígena como igual al criollo y por ende a sus descendientes, los denominados “gente de todos los colores”. Si partimos del hecho que la mayoría de la población es mestiza  y tiene un origen campesino en la actualidad, podríamos afirmar que la independencia nunca quiso que lo que hoy es Colombia fuese cubierto por el discurso liberal.

Los indígenas, mestizos, y algunos pocos afrocolombianos que apoyaron la independencia, lo hicieron porque el discurso criollo liberal los llenó de esperanza y optimismo para la superación de las imposiciones de la sociedad estamental, aunque en realidad fueron usados para conseguir un fin, que era la posibilidad de los criollos de autogobernarse. Es triste mirar que las castas inferiores de esa época creyeron en los criollos, pero es más triste darse cuenta que nunca se dio esa igualdad material, esa libertad y esa fraternidad que serían la recompensa de la lucha contra los españoles, aunque por 200 años la mayoría de la población lo a creído.

Esta identificación de la mayoría de los colombianos con un hecho que no fue completamente trascendental en sus vidas se da por el tipo de narración que se nos mostró de los hechos en la escuela, la cual buscaba generar una identidad común entre dominantes y dominados a través de una historia nacionalista que se enorgullecía de las batallas y el liberalismo, generando una identidad común que facilitara el gobierno de los criollos y evitara los cuestionamientos del pueblo con relación a lo que son, ya que debemos partir del hecho que los descendientes de los criollos y las demás partes de la sociedad colombiana culturalmente eran muy diferentes, y aunque gracias a la imposición de la cultural de los fuertes  a través de las políticas estatales se redujo la diferencia, en la actualidad todavía  podemos encontrar grandes que los descendientes las élites y el pueblo viven en dos mundos diferentes.

Otra posible causa de la identificación con este hecho de la mayoría de los colombianos es la validación del discurso autodiscriminativo que por siglos se utilizó en Colombia y que ha permeado hasta nuestros días. La autodiscriminación se evidencia claramente en el lenguaje coloquial en la utilización de la palabra “indio” como un adjetivo inferiorizador, que es utilizado en nuestra sociedad comúnmente, aunque la mayoría de los colombianos tenemos algún ancestro indígena; también al tratar a las personas menos favorecidas de igualados, iguazos, montañeros,guisos,etc., se genera una sociedad estamental en la que si no se encuentra la persona al nivel del dominante no es digna de compartir con ella,  aunque lo curioso de este caso, es que muchas veces los mismos que utilizan estas expresiones son discriminados por otros.

Otro ejemplo lo encontramos en la practica social de buscar novio o novia “blanc@” con el fin de “mejorar la raza”, siendo una afirmación hecha por mestizos, afrocolombianos …; o en la búsqueda de ancestros y apellidos “nobles” al interior de  las familias con el fin de considerarse más europeos o civilizados que el resto de los demás. En consecuencia sólo reconocemos nuestro origen europeo pero no el americano, y mucho menos el africano.

En conclusión, podemos afirmar que los estamentos, el racismo, el linaje y otros elementos sociales del antiguo régimen castellano todavía viven en nuestra sociedad moderna, en nuestra cultura y en nuestro modo de pensar, y aunque se han vuelto menos directos de ver , con relación a hace dos siglos, todavía están presente en lo que he denominado “el feudalismo del siglo XXI” que hace referencia a una sociedad estamental disfrazada de un estado moderno que se evidencia en nuestra sociedad.

No se puede afirmar que la independencia haya dado un rompimiento total o un cambio trascendental entre el antiguo régimen y la modernidad, puesto que el poder que se encontraba  antes del siglo XIX en Colombia es el mismo que está ahora y al igual que ocurrió en esa época todavía creemos en un discurso de libertad, igualdad y fraternidad, que tal vez nunca se dará.

Esta sociedad estamental colombiana es la causa de gran parte de los problemas nacionales como la guerrilla y el narcotráfico, ya que nunca el pueblo tuvo poder ni apoyo por parte de la oligarquía criolla, y por el contrario, estos últimos crearon condiciones de miseria y desigualdad social que llevaron a campesinos, sacerdotes, estudiantes e indígenas, entre otros, a dedicarse a estas actividades ilicitas con el fin de protegerse de la élite. Sólo hasta que en verdad se cumplan esas promesas liberales, se dará fin a estos problemas, se generará más riqueza y la convivencia será más fácil, lo que nos llevará a poder decir con certeza:

¡Al Fin Soy Libre!

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