Kirguistán: el país que se disfrazó de base militar

Posted on abril 25, 2010 por

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Por Juan Carlos Rincón

¿Qué sabe usted de Kirguistán? Yo confieso que no tenía más que un vago recuerdo de haber aprendido su capital en una clase de geografía. Cuando leí que un golpe de estado se había presentado en aquel país, -el segundo en 5 años-, empecé a indagar un poco más al respecto, para encontrar que el cubrimiento ha sido escaso y que, al igual que yo, los periodistas tampoco saben mucho acerca de este país, suelen referirse a él como una importante base militar de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.

Es obvio que para occidente lo único importante de Kirguistán es el choque constante entre Estados Unidos y Rusia por tener el apoyo del gobierno de turno. Ambas potencias tienen presencia militar en ese país, convenientemente situado como frontera de China, y siempre han existido pugnas por expulsar la influencia del otro: Estados Unidos quiere tener más espacio para su lucha contra el terrorismo, Rusia no se siente cómodo con tener presenciar militar gringa tan cerca a su terroritorio.

Pero Kirguistán es mucho más que una base militar, que un peón en el ajedrez de la dominación mundial. Es un país de 5 millones de habitantes que no ha podido recuperarse económicamente de la fallida unión soviética, cuya democracia ha sido una ilusión para garantizar la corrupción y cuyos sueños han sido aplastados por líderes egoístas que han traicionado los ideales de la revolución.

Un poco más de 5 millones de personas viven en este país montañoso que ha sido marcado por la violencia. En 1916, cuando el país hacía parte del imperio Ruso, una revolución llevó a la muerte a cerca de un sexto del total de población existente en aquel entonces. Veinte años después se volverían miembros de la Unión Soviética y seguirían así hasta su independencia, el 31 de agosto de 1991.

Su transición a una república democrática (consagrada en la constitución de 1993) fue, en su mayoría, una fachada. Askar Akayev, político reformista que había sido el principal motor de la independencia, fue nombrado presidente y ocupó ese cargo hasta el 2005, ayudado por una serie de elecciones dudosas.

El pueblo empezó a notar un aumento en el autoritarismo y la corrupción de su gobernante. Varios protestantes recibieron disparos de la policía oficial por oponerse a las elecciones, y la tensión fue aumentando. La oposición, que había estado dividida, encontró unión en lo que el mismo presidente denominó la revolución de los tulipanes. En varias partes del país la gente empezó a denunciar fraude, situación que recibió una clara respuesta del gobierno: desplegar actores armados a las zonas de mayor reacción popular.

Leer las noticias de lo que sucedió después [ejemplo] da sensación de Déjà vu. El gobierno respondió violentamente lo que llevó a los pacifistas a marchar y tomarse la sede del gobierno. Akayev tuvo que escaparse, no sin antes dejar un mensaje para el mundo: “quiero que quede constancia que, antes de irme, ordené no usar armas contra los protestantes, a pesar de que hay muchas en el sótano.” -¡oh!, ¡que benevolente!-

Kurmanbek Bakiev, primer ministro de entonces, ganó las elecciones populares y fue nombrado presidente, victoria insignia de la revolución que por fin soñaba con una democracia verdadera y un régimen menos autoritario. Poco se imaginaban entonces que 5 años después estarían marchando nuevamente contra la sede del gobierno para recuperar el poder y tumbar a otro cabrón autoritario.

Los partidos de oposición clamaron por un cambio constitucional que le quitara poder al presidente, y en el 2006 lo lograron…parcialmente. Bakiev, en el 2007, logró que la reforma se declarara ilegal y pidió que se regresara a la constitución del 2003 (impuesta por Akayev). Después disolvió al parlamento (fundamento en la necesidad de crear una reforma del sistema) y organizó unas elecciones que le dieron mayoría parlamentaria y poder casi absoluto. El gobierno instauró prácticas de opresión a los opositores políticos y el autoritarismo aumentaba con el paso de los años. En el 2009 Bakiev fue reelegido en unas elecciones que han sido denunciadas por fraudulentas y carentes de garantías.

La revolución fue traicionada y una vez más el pueblo se tuvo que enfrentar a un gobernante autoritario.

Marchas pacíficas pero desorganizadas empezaron a surgir en todo el país, y el 7 de abril de este año un enorme número de personas caminó hasta la sede del gobierno para exigirle honrar la revolución que lo montó en el poder. ¿La respuesta? Disparos, asesinatos, represión por parte de la policía y una revolución ciudadana. Bakiev tuvo que escaparse para evitar ser capturado. Déjà vu, triste Déjà vu.

Ahora, ¿cuánto de esto le importa a occidente? Estoy generalizando, por supuesto, así que voy a personalizar mi crítica: Obama, ¡que decepción!

La administración Obama, siempre comprometida con la cruzada del país del norte contra el terrorismo, no sólo ayudó al gobierno de Bakiev, sino que el mismo presidente norteamericano le envió una carta elogiándolo. Cómo es el asunto, ¿critican a países como Irán, Venezuela y Corea del Norte por sus gobiernos autoritarios y represivos, pero le endulzan el oído a un régimen autoritario como el de Bakiev? ¿no es incoherente?

Creo que ya entiendo: la democracia y la defensa de los derechos humanos sólo es requisito para sus enemigos. Los aliados del Norte pueden hacer lo que se les venga en gana siempre y cuando estén dispuestos a colaborar contra el terrorismo.

Y ahora que hay un nuevo gobierno (el cual, por cierto, está muy sentido con Obama por haber apoyado al régimen anterior) vemos a la administración gringa ofreciendo ayuda económica y apoyo total al nuevo gobierno (todo mientras su viejo amigo, Bakiev, huye por su vida). No voy a decir más al respecto.

El nuevo gobierno (cuyo líder, por cierto, es una mujer) prometió quedarse en el poder 6 meses mientras se organizaban elecciones, y se pensaba cómo estructurar un futuro más prospero para Kirguistán. No sé si vayan a cumplir sus promesas o si vayan a trabajar por una verdadera democracia -y la historia sugiere que no lo harán-, pero de todo corazón espero que lo hagan.

Kirguistán es un país agrícola que necesita inversión, con un nivel de desigualdad impresionante, con conflictos graves entre etnias y con un atraso tecnológico impensable en una nación que pretende competir en el siglo XXI. Peor aún, su gente, su pueblo, ha visto como sus sueños han sido constantemente destruidos por el martillo de la opresión y el autoritarismo, corroídos por la corrupción.

Bajo el disfráz de base militar hay un país que sufre y que lucha por salir adelante, un país que necesita nuestra ayuda. Es tiempo de empezar a luchar contra el autoritarismo. No sólo de terrorismo muere el mundo.

Imagen principal (cc)I.S.K.


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Posted in: Opinión, Política