Partido Verde: la nueva Unión Republicana.

Posted on abril 14, 2010 por

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Por Javier Silva

(Uso justo)Antanas Mockus

El pasado 15 de marzo Rodrigo Uprymny publicó en su columna de El Espectador un comentario sobre el inadvertido centenario de la reforma constitucional de 1910. Allí Uprymny nos recordó  la importante lección histórica de cómo se puede llevar a buen término una política alejada de los rencores partidistas, donde se respete a las minorías políticas  y el Estado de Derecho. Continuando con el recuento de la historia de 1910, quisiera extender la ya expuesta analogía entre el saliente presidente Alvaro Uribe con el general Rafael Reyes[1] a la propuesta política del candidato presidencial por el Partido Verde, cuyo candidato para la presidencia es el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, y el movimiento de la Unión Republicana liderado  por el ex presidente Carlos E. Restrepo.

En 1904 después del gobierno de Manuel Antonio Sanclemente, en cuyo periodo de gobierno ocurrió la guerra de los mil días, sube al poder el general Rafael Reyes, quien se encargó de aplicar con mano firme las políticas de la regeneración en pro de la instauración del capitalismo moderno y la consolidación de la paz tras la victoria conservadora en la guerra.

Ante la oposición realizada por algunos sectores del legislativo, el general  Reyes en 1905 cierra el congreso y se convierte en dictador para materializar el proyecto de modernización del Estado. Con el fin de legitimar sus actuaciones, contrarias a la constitución de 1886, Reyes decidió crear una asamblea nacional permanente compuesta por tres diputados de cada departamento, cuyos nombramientos fueron asignados por el presidente. Dentro de las reformas realizadas por la Asamblea Nacional se encuentra la modificación de la constitución de 1886 para que el caudillo conservador se mantuviera en el poder por el bien de la patria. “La Asamblea Constituyente de 1905 aprobó un texto para el récord Guinness del derecho público: “El periodo en curso, y sólo mientras esté a la cabeza del Gobierno el señor general Rafael Reyes, durará una década que se contará del 1º de enero de 1905 al 31 de diciembre de 1914… (cuando) el Poder Ejecutivo deje de ser ejercido definitivamente por el General, el periodo presidencial (será) de cuatro años para el que entre a reemplazarlo (…) esta duración será también la de todos los periodos subsiguientes” ”[2]

Para el año de 1908, a pesar de los importantes avances en infraestructura y el mantenimiento de la paz, debido al carácter dictatorial de su gobierno, la popularidad del General Reyes estaba en bajada, e importantes figuras políticas del partido liberal y conservador comenzaron a unirse en torno a un tímido movimiento que tenía como propósito principal retornar a la democracia y deshacer las reformas autoritarias del actual gobernante. Dicho movimiento adquirió el nombre de la Unión republicana y fue liderado, sin pretendérlo en un principio, por el abogado antioqueño Carlos E. Restrepo. Pero no fue sino hasta 1909, con la revelación de la firma de un tratado secreto entre el ejecutivo colombiano, Panamá y los Estados Unidos sobre la aceptación colombiana de la independecia panameña a cambio de una indemnización de 2,5 millones de dolares[3], que se aceleró la caída del dictador.

La firma del tratado fue el florero de Llorente que cohesionó a la clase política en torno a la exigencia del retorno Estado de Derecho. El aumento generalizado en los niveles de presión hizo que Reyes convocara a elecciones para consejos municipales y de congreso el 26 de mayo. Bajo esta nueva perspectiva se consolida la Unión republicana, como una opción distinta de poder político frente a los partidos tradicionales y los seguidores del general Reyes. Lamentablemente el proceso electoral fue obstaculizado por estrategias poco sanas por parte del ejecutivo en contra de los candidatos de la oposición, como acusar a Nicolás Esguerra de ser masón o de impedir que los simpatizantes de la Unión Republicana inscribieran sus cédulas para votar[4].Pero a pesar de los esfuerzos realizados por Reyes la oposición ganó las elecciones, tras lo cual el dictador sale del país y deja como presidente encargado a Jorge Holguín, quien a su vez renuncia, para permitir entonces que el congreso eligiera a Ramón González Valencia como presidente delegado para gobernar el país hasta el 7 de agosto de 1910,  fecha en la que originalmente terminaba el periodo presidencial de Reyes.

De la manera en la que termina el gobierno de Reyes y la polémica que produjo su actuación anticonstitucional podríamos resumir su gobierno en el siguiente comentario de Darío Mesa “…(Rafael Reyes en su gobierno) aplica su espíritu de empresa al rescate del país en desintegración; pero al empresario no lo guía necesariamente la idea democrática, cuya práctica ha sido el resultado a que llegan los Estados nacionales que se consolidan. No se podría decir que fuera dictador típico de América Latina en ese momento, pero exageraría quien llamara a Reyes gobernante democrático”[5](paréntesis fuera del texto original). En este mismo tono los contemporáneos Henao y Arrubla, recordemos que la primera edición de su obra se publicó 1910, dijeron “Reyes figura, sin duda entre los pocos magistrados eficientes que ha tenido la República…pero si hubiera meditado más y obrado menos, si se hubiera agitado con más serenidad, su administración no habría tenido tropiezo; el progreso material, que lo preocupó, habría corrido parejas con la moral, con el respeto al derecho y las garantías de los ciudadanos”[6]

Con el fin de permitir un cambio constitucional legal, según las normas vigentes, Ramón Gonzalez Valencia convocó a la Asamblea Nacional, determinada por los concejos municipales elegidos popularmente, para que tratara los temas de las reformas hechas durante el quinquenio. Dentro de los primeros temas discutidos por la Asamblea estuvo la elección por parte de la misma de un nuevo ejecutivo, eligiendo así al líder de la Unión Republicana Carlos E. Restrepo. Gracias al mando de Restrepo en los debates de la reforma constitucional hecha por la Asamblea Nacional de 1910, se logró reducir el periodo presidencial a 4 años, dar garantías a la oposición a través de la representación de las minorías y un cambio en el sistema electoral, así como dotar de una importantísima herramienta de control de legalidad sobre las leyes producidas en el congreso, la acción pública de inconstitucionalidad[7].

Se podría resumir entonces el proyecto político de la Unión Republicana, que lideró los debates de la Asamblea Nacional de 1910, como una propuesta que pretendió unir a la clase política en torno a un proyecto suprapartidista que permitiera la intervención democrática de todos los actores políticos y lograr algo que ningún otro proyecto de constitución había logrado hasta el momento, encontrar una salida pacífica y  multipartidista a los abusos de un caudillo. Como comenta Fernando Correa sobre el malestar de la población y la clase dirigente por las prácticas políticas que repetían el circulo vicioso entre la guerra y la creación de una nueva constitución, tal como ocurrió a lo largo de nuestras anteriores 9 constituciones y mayor número de levantamientos armados, la Unión Republicana le dio al país la esperanza de hacer política por un camino diferente a la revancha partidista: “Se había ensayado constituciones centralistas, descentralistas, regímenes parlamentarios, presidenciales, dictatoriales, hasta provocar más de una guerra; pero en ningún momento se había accedido a la práctica de la vida republicana”[8]

En el 2002, después de un penoso diálogo de paz entre las FARC y el gobierno del presidente Andrés Pastrana, que sirvió para aumentar la capacidad militar del grupo guerrillero, sube al poder en primera vuelta Alvaro Uribe Velez. Al igual que el general Reyes, Álvaro Uribe inicia su periodo presidencial con una grave crisis de gobernabilidad dejada por su antecesor, y al igual que Reyes, Uribe no tarda en ejecutar con mano firme las políticas que considera necesarias para solucionar la crisis, particularmente el uso de la fuerza en contra de los grupos armados ilegales.

Como todo buen caudillo, se encargó de crear en torno a su figura un aura mesiánica pero accesible a las masas, se le veía trabajar incansablemente, y al mismo tiempo era capaz de estar al tanto de los problemas locales de todas las regiones, llevando a sus ministros de municipio en municipio “solucionando” problemas específicos, a pesar de ser un país descentralizado a nivel administrativo, en un show televisado llamado “consejos comunales”.

Lamentablemente  Uribe aplicó el caballito de batalla de Reyes de “menos política y más administración” para lograr los importantes resultados obtenidos durante su largo gobierno. Ante la necesidad de continuar con los buenos resultados de su administración y en ausencia de una figura igual de carismática que se vislumbrara como su sucesor, tal como hizo Reyes, Uribe se sacrificó por la patria y modificó la constitución para poder ser reelegido, aprovechando sus mayorías parlamentarias y un par de notarias disponibles que aseguraron unos cuantos votos difusos. Así mismo, polarizó a la población entre terroristas y patriotas maltratando a varios líderes de la oposición, y llegando a acusar de jueces politizados a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Pero más lamentable aun, es que en nombre de una política llamada de “seguridad democrática”[9] el presidente y sus colaboradores en el legislativo hubiesen puesto en vilo el sistema de pesos y contrapesos, fundamental para el acceso efectivo al poder de todas las facciones políticas, a través de la aprobación de una ley que convocaba a un referendo, que proponía modificar de nuevo la constitución y ampliar únicamente el periodo presidencial, trayendo como consecuencia práctica la cooptación de las altas cortes y el ministerio público.

Podríamos entonces sacar la misma conclusión del gobierno de Uribe que del gobierno de Reyes; a pesar de los innegables resultados de su periodo de gobierno, el importante avance en contra de los grupos ilegales, particularmente los de izquierda, y el retorno de la confianza de los ciudadanos por el país, triunfos innegables, “…pero si hubiera meditado más y obrado menos, si se hubiera agitado con más serenidad, su administración no habría tenido tropiezo; el progreso material, que lo preocupó, habría corrido parejas con la moral, con el respeto al derecho y las garantías de los ciudadanos”[10]

Es en este panorama que el Partido Verde, al igual que la Unión Republicana en 1908, surge como el movimiento en el cual comienzan a gravitar diferentes políticos de diversos orígenes partidistas, con el propósito de convertirse en un alternativa de poder en la que se tuvieran como bases claras el respeto por el Estado de Derecho, al oponerse al atentado a la democracia que implicó el referendo reeleccionista, y el dialogo político para llegar a consensos, en contra del triunfo mecánico de las mayorías sobre la oposición. El hecho de que el Partido Verde nutriera sus filas con tres pre candidatos presidenciales de partidos políticos tradicionalmente divergentes, Lucho Garzón del Polo, Enrique Peñalosa del partido de la U, y Antanas Mockus independiente, que entre ellos lograran una campaña respetuosa por sus diferencias, en la que únicamente se escucharon los elogios mutuos, es una gran lección  de cómo hacer política ante el extremismo ideológico que  han planteado  el gobierno y la oposición en los últimos años.

Si bien puede llegar a ser cierta, en un par de casos particulares, la crítica hecha por la izquierda y la derecha sobre la ausencia de unas claras propuestas programáticas del partido Verde, considero que lo más importante está claramente expuesto: continuar con las políticas exitosas del gobierno saliente, pero a través de un dialogo político incluyente en el que se valoren la diversidad política y la separación de poderes[11]. Un gobierno de éste tipo nos ayudará a aprender cómo debemos romper la cadena de odio entre los colombianos, aprenderemos a vivir respetando al otro, a ver el Estado como un catalizador de los derechos ciudadanos, y no como un instrumento para la realización a toda costa de cualquier tipo de proyecto político, que por más justo que sea, no puede oprimir al contrario, ya que ésta lamentable práctica ha dejado un larga mancha de sangre en nuestra historia.

En este momento histórico tenemos la oportunidad de cambiar la forma de pensar la política y superar el maniqueísmo de enemigo/amigo que se ha sembrado en los últimos años. Por eso invito a que el próximo 30 de mayo apoyemos al Partido Verde, que considero puede llegar a ser la nueva Unión Republicana.

[1] http://www.moir.org.co/HACE-100-ANOS-LA-FIRMA-DE-UN.html tomado el 10 de abril de 2010

[2]El precio de la re-elección, por Jaime Castro. http://www.cambio.com.co/paiscambio/714/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3458816.html Tomado el 10 de abril de 2010

[3]AVILA Luna, Alberto Hace 100 años la firma de un tratado secreto con Estados Unidos origina en Colombia una rebelión popular que obliga a renunciar al presidente Rafael Reyes. TOMADO DE: http://www.moir.org.co/HACE-100-ANOS-LA-FIRMA-DE-UN.html el 10 de abril de 2010

[4] CORREA Fernando(1996), p.p.135-136

[5] MESA, Darío(1980) la vida política después de Panamá EN Manual de Historia de Colombia TOMO III. Instituto Colombiano de Cultura (1980) Bogotá p.118

[6] HENAO Jesús María y ARRUBLA Gerardo (1910) Historia de Colombia para la Enseñanza secundaria. Octava Edición corregida y aumentada (1968) Editorial de la Librería Voluntad. Bogotá p.820

[7] UPRYMNY Rodrigo, centenario de la reforma constitucional de 1910. Publicado en El Espectador, Marzo 15 de 2010.  TOMADO DE: http://dejusticia.org/interna.php?id_tipo_publicacion=1&id_publicacion=752 10 de abril de 2010

[8] CORREA Fernando(1996), Republicanismo y Reforma Constitucional 1891-1910. Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Medellín 1996. p.127

[9] Este término un poco abstracto, tiene como premisa fundamental la lucha sin cuartel en contra de los grupos armados ilegales, para que una vez eliminado el terrorismo utilizado por dichos actores y el narcotráfico del cual se financian, Colombia pueda tener las bases para consolidar las instituciones Estatales y permitir la prosperidad de los ciudadanos.

[10] HENAO Jesús María y ARRUBLA Gerardo (1910) Historia de Colombia para la Enseñanza secundaria. Octava Edición corregida y aumentada (1968) Editorial de la Librería Voluntad. Bogotá p.820

[11] http://www.partidoverde.org.co/ProgramaGobierno.aspx tomado el 10 de abril de 2010.

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