Sacerdocio, Pederastia e Iglesia.

Posted on abril 9, 2010 por

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Por Lumiph

(cc)~Sosido

Siento mucha tristeza al escuchar que sacerdotes han abusado sexualmente de menores; siento tristeza de que los obispos que sabían que bajo su dirección se encontraban sacerdotes con problemas de pederastia los hayan encubierto, los hayan protegido en vez de denunciarlos y en vez de que respondieran por sus actos. Siento mucha tristeza de que haya sacerdotes que sean capaces de ser fieles reflejos de Jesús y que no tengan escrúpulo alguno de violar a quienes se les fueron confiados.

Siento orgullo a la vez de toda la inmensa mayoría de clérigos que anónimamente viven su vocación llenos del Espíritu Santo, que educan, que cuidan, que proclaman un reino de Dios con su ejemplo, inmersos en la genuina y primigenia caridad evangélica y en la verdad.

No hay pie para generalizaciones, eso es lo primero, ante una problemática como esta no hay posibilidades para generalizaciones, que un sacerdote tenga problemas no significa que todos los sacerdotes sean pederastas, decir que todos lo son es ser injusto, ciego y prepotente, es desconocer el buen ejemplo de los verdaderos pastores para sólo querer ver lo que causa controversia, morbo, oportunidades sádicas para ventilar guardados personales sobre la Iglesia, todo disfrazado de una hipócrita preocupación por la niñez o la juventud.

La Iglesia es susceptible de ser afectada por la pederastia, no porque sea inherente a la Iglesia, decir Iglesia no es una automática proclamación de pederastia, así como decir padre de familia no es una automática proclamación de violencia intrafamiliar; los términos en sí no se hacen mutua relación y pensar en uno no equivale a pensar por definición en el otro. La Iglesia es susceptible al tema en cuestión en tanto que está constituida por hombres, por seres humanos, capaces de lo mejor pero también de las más grandes aberraciones; la pederastia no es exclusiva de la Iglesia, cualquier institución conformada por hombres está posibilitada para ser afectada, desde el gobierno de una nación hasta la más simple familia de cualquier rincón del planeta todas son susceptibles.

No protejo a los sacerdotes implicados en violaciones, por mí que paguen ante los tribunales civiles lo que hicieron y que ciertos obispos dejen de dárselas de mesías en una cuestión en la que lo único que cabe es la denuncia, es el no encubrimiento, es la investigación exhaustiva y total de las actuaciones de los sospechosos para no dejar sin castigo a violadores, para no dejar sin justicia a los violados, para no destruir la fe de la inocente anciana o del que siente una vocación, para no mancillar más la Iglesia. Soy enfático: el manejo de esto no es con encubrimientos, sino con denuncia, con la expulsión del clero del implicado, con ejemplares condenas civiles. Un manejo por debajo de la mesa sólo empeora el ya de por sí inmensamente escandaloso tema.

A mi entender una de las razones de que en la Iglesia se presente esto es la poca o nula formación humana que hay en seminarios diocesanos o de comunidades religiosas. La formación de un futuro sacerdote no consta sólo de aprenderse lo teórico en esa formación filosófico-teológica, la formación ha de incluir lo humano, en ese sentido es esencial un seguimiento psicológico y espiritual de los formandos, un acompañamiento que descubra cualquier inconsistencia y le dé pronta solución, y en caso de que eso sea imposible, que al superior no le tiemble la mano a la hora de expulsar. No se puede estar con miramientos ni con miedos dentro del proceso formativo de los que aspiran a ser algún día sacerdotes; lo que empieza bien termina bien.

Otra razón para esto es la falta de sinceridad por parte del seminarista; muchos no entran al seminario por vocación sino por encubrir su homosexualidad o sus tendencias pederastas, creen que el voto de castidad les asegura el manejo de su gran inconsistencia y se cierran a los formadores, callan cosas y poco a poco hacen creer a todo el mundo que son más santos que el mismo San Pedro; y cuando les gana la tentación, saben que por el -a menudo mostrado- manejo a escondidas del asunto, prefieren caer en manos de un obispo que en las manos de un juez. Para los que tienen problemas de pederastia se les presenta como más conveniente ser parte del estado clerical que del civil, sin importarles que de hecho no tengan ninguna vocación.

Me molesta terriblemente que haya gente tan ingenua que crea que el celibato es la cuna desde donde nacen los problemas sexuales de ciertos clérigos, ¿acaso al padre de familia pederasta el poder tener sexo con su mujer lo cura? ¿acaso por tener sexo con una mujer deja por ello de violar a su niñita de diez años?

El celibato es un estilo de vida, no es una cura para algo que necesita tratamiento psicológico; si el celibato fuera el culpable de la pederastia pues, aleluya, pongamos a todos los pederastas a tener sexo hasta que ya no puedan más y listo, están curados. Como estilo de vida, es la forma en como el sacerdote que tiene vocación se niega a entregar su amor a una mujer o a unos hijos para ser capaz de pensar más universalmente y amar a todos, para poderse desplazar a donde lo mande la obediencia sin ningún tipo de ataduras. El celibato es un estilo válido de vida, el que no sea capaz pues que simplemente no se meta de cura y ya.

Me molesta, así mismo, la gente que se vale del escándalo que sacude a la Iglesia para meter reformas como el sacerdocio de la mujer, no, ¿eso que tiene que ver con el tema en cuestión? Nada y sin embargo reconocidos columnistas del país del norte ya proponen hasta eso… gente desubicada.

A la Iglesia le esperan tiempos de purificación, de examinar sus actitudes ante la pederastia, de dejar lo que encubre y obstaculiza; la Iglesia ha de estar en una continua limpieza, debe mostrarse resucitada de lo que la mancha. Gracias a Dios el que esto de la pederastia se descubra hará que la Iglesia, al limpiarse de sus errores, renazca brillante y santa, como el Resucitado.

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