De las votaciones y otros demonios.

Posted on abril 6, 2010 por

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Por Andrés Alaix

(Tomada de Noemí Sanín Presidenta, Fair Use)

Es divertido pensar  siempre que todo está bien. Sólo basta con buscar un poco en sí mismo -sin necesidad de escarbar mucho- para encontrar motivo suficiente de depresión. Esta práctica, ya común en mi, me sigue causando mucha curiosidad y hasta ha provocado impulsos y pulsiones extrañas, como la idea de declararme abiertamente sadomasoquista, pero finalmente creo que los látigos, el látex y demás objetos típicos de esta corriente no cortan muy bien con mi personalidad algo colorida y variante.

Pero como declararía el popular adagio, es imposible tapar el sol con un dedo, me basta con recordar algunas acciones del pasado no muy lejano para que la culpa, el remordimiento y la desazón se apoderen de mi; por nombrar alguno de esos acontecimientos (únicamente exorcizables mediante la aceptación pública), me referiré a mi voto por Noemí, ¿La Sra. de la cara inflamada por el botóx? ¿La que se llama Marta Noemí del Espíritu Santo Sanín Rubio de Posada y que se declara abiertamente homofóbica? ¿ahh la que ganó la consulta esa del partido conservador?, pues sí, esa misma, de la que se podría responder con afirmaciones todas las anteriores preguntas, y demás cosas monstruosas que atraviesen su cabeza, la que ha remplazado el papel que en mis pesadillas ocupaba Ivie Queen.

No hace mucho tiempo solía decirme a mí mismo con intención de convencerme, y decir a todos mis conocidos y allegados, que votaran por la señora en cuestión para que fuese la candidata del partido conservador a la presidencia de la república, argumentos que esgrimía mi cerebro intentando ser estratégico, y que recogían frases como, “Si ella gana, los votos de uno que otro mal maquillado podrían dividirse” o mejor aún “ya estamos cansados de ver en la presidencia a enanos que toman aguardiente montados a caballo” y aunque hoy sigo aceptando y entendiendo el valor de esas máximas indiscutibles que arrojó mi cerebro, el descontento que me produce haber participado en la consulta interna de tal partido y las declaraciones que su “candidata” ha hecho posterior a su victoria, se convierten para mí en un látigo más terso al usado por los sado, y carente de cualquier indicio de placer.

Debo confesar que por una profunda admiración a las mujeres, al paso y la huella que ellas han dejado en mi vida, y un enorme sentido de deuda social que creo tenemos los hombres para con ellas, siempre he tenido la convicción profunda de que Colombia, el país del sagrado corazón, necesita a una mujer que con carácter fuerte y sensibilidad abrumadora comandé sus funciones. Pero también es la oportunidad de expresar que esa mujer debe evitar decir cosas como “Que con el tanque (militar) llegué el tractor al campesinado colombiano” o “estamos hablando de mi hijo como una persona con criterio estable para tomar sus decisiones” (en referencia a que su hijo no sería gay y si lo fuese sería una persona sin criterio) y muchas otras cosas que en este momento se me escapan, pero que son tomadas de lo que la candidata del partido conservador responde cuando se le cuestiona por su programa de gobierno y convicciones ideológicas.

Declaraciones que recuerdan el instante mismo en que puse una x sobre su rostro dibujado en una hoja por la que un árbol tuvo que ser sacrificado, y que me hacen con profunda honestidad amar a los árboles, y simultáneamente odiar al sistema electoral y a sus más elocuentes representantes; conclusión que me deja nuevamente del lado de la utopía negativa, es decir sin una propuesta clara y determinada para cambiar la sociedad, y con la profunda convicción de que cada vez es más visible la mutilación que sobre los conceptos de política, democracia, y representación se hacen en nuestro país.

Bueno, sólo restaría recomendarle a la candidata que le exija a su esteticista algo para desinflamar su rostro, no sea que nuestro alicorado registrador se confunda en el momento del conteo de votos y declare por presidente de la república al joven y enérgico Dr. Galat.

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