De mentiras tapadas y escándalos de pederastia.

Posted on abril 4, 2010 por

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Por Luís Felipe Chisco

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La Iglesia Católica debe replantear muchos de sus dogmas doctrinales, si no quiere perder el respeto que aún le queda hoy en día.

Definitivamente, la explosión mediática de casos de pederastia por parte de sacerdotes de la Iglesia Católica, no le cayó en el mejor de los momentos a ésta. Y es que, es precisamente en Semana Santa, cuando la credibilidad de esta importante institución religiosa se ve amenazada ante los ojos atónitos de sus miles de millones de fieles a lo largo del planeta.

Papa Ratzinger no ha podido explicar todavía, y con total claridad, porqué él mismo no tomó medidas contundentes cuando era Arzobispo de Múnich, contra lo que parece ser una cadena de abusos sexuales en los años ochenta en esta ciudad por parte de varios sacerdotes.

Uno de ellos, que fue difundido esta semana, describe como al Papa le fue remitido “un informe en el que se decía que el sacerdote Hullermann (comprobado pedófilo) iba a volver al trabajo pastoral parroquial unos días después de empezar el tratamiento para superar su pedofilia, terapia que el propio Ratzinger autorizó.” En uno de los tantos abusos sexuales de este sacerdote, obligo a un menor de 11 años a practicarle sexo oral.

Pero tal vez el caso más sonado y reprochado por estos días, es el de un sacerdote estadounidense que abuso sexualmente de alrededor de 200 niños sordos (¡qué barbaridad!) entre 1950 y 1970. Al parecer, y aunque obispos de Estados Unidos enviaron cartas al Vaticano alertando de este asunto, fue el propio Ratzinger (en esos días, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que tiene el poder de apartar a curas del sacerdocio), quien no lo aparto de su labor eclesiástica, no denunció a las autoridades civiles ni respondió las misivas de los obispos, que se referían a este sacerdote.

¿Hora de replantear?

Si en los años cincuenta Juan XXIII humanizó la Iglesia Católica, acomodándola a los tiempos de posguerra, y en los años ochenta Juan Pablo II “globalizó” el mensaje cristiano, volviéndolo más popular; hoy es necesario replantear dogmas propios de la doctrina de la Iglesia que van en contra de la naturaleza (que ellos tanto pregonan). Para esto, no es necesario que abandonen los fundamentos conservadores que son pilares de la misma creencia, como lo hicieron los anteriores Papas.

El celibato es el primer precepto que se encuentra en el ojo del huracán. Hoy no es posible hablar de una fidelidad completa y única a Dios, sino se le da al hombre la oportunidad de amar y de relacionarse con un ser mortal. Esta oportunidad no implica una traición al ser por el cual se ha decidido vivir espiritualmente, ya que ella encuentra un complemento perfecto y necesario en el mundo terrenal.

Cuando se le cohíbe al hombre de amar o vivir su fisiología sexual plenamente, se está abriendo una caja de pandora impredecible, que puede parar en hechos atroces como los escuchados en estos últimos días. Los abusos sexuales son una muestra de que, aunque el ser humano puede amar a su Dios sin vacilaciones, en este esfuerzo no se puede socavar su propia naturaleza, y el mantener relaciones sexuales hace parte de ella.

Lastimosamente, el sacerdocio, y con él, el celibato, se ha convertido también (de eso estoy seguro), en una “manta moral” que cubre el homosexualismo de muchos de sus participes. Ante una sociedad intolerante, intransigente y retrograda (fomentada y alimentada irónicamente por la mismo catolicismo), que concibe una orientación sexual como un “pecado” o como una aberración, quienes cargan con el miedo de una segura discriminación, en muchos casos no tienen otra alternativa que ser aquello “en lo que menos se sospeche”, aquello que les imponga un pensamiento “correcto” y “natural”; pero ¿Cómo?, pues yendo, paradójicamente, en contra de su misma naturaleza.

Lo más lamentable es que quienes terminan padeciendo esa contra natura forzada, son niños inocentes, seres que dentro de su universo mágico, conciben a un sacerdote como un héroe enviado por Dios, pero que no saben cuanta energía reprimida hay en el interior de ese héroe. Lo catastrófico vendrá, claramente, cuando esa energía no aguante más compresión, y tenga simplemente que explotar.

La Iglesia Católica tendrá que replantear pues, su tratamiento a la comunidad LGTB, porque no alcanza a deslumbrar que tanto, la estigmatización que ella ha ayudado a fomentar contra esta población, ha conducido a que ella se sienta perseguida, y que en el caso de muchos homosexuales, acudan al sacerdocio como fatal salida.

Finalmente, quiero referirme a las mujeres, ya que son ellas las que completan este cuadro de replanteamientos. ¿Por qué no pueden ellas ser sacerdotes?, ¿Por qué nunca podremos tener una Papa o una Mama (ni sé como se le llamaría)?, luego,  ¿no es hora de rectificarse con ellas por el machismo histórico que han padecido en manos de esta sociedad?

Es suficiente con que, históricamente, el judaísmo y el cristianismo denigren que fueron ellas las que “tentaron” al hombre para comer del gran fruto prohibido, como para que ahora no les demos el espacio que se han ganado en los últimos años, y que peor aún, la Iglesia Católica les niegue un lugar digno y no “misericordioso” en el seno de su institución.

Tal vez de estos últimos hechos tan reprochables que ha acontecido en el interior del catolicismo en los últimos días, pueda surgir un sentimiento de reforma radical, que sea capaz de reconocer una sociedad moderna y no una que cree todavía que el uso del condón es un pecado que te llevará al infierno.

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