Historia familiar II: Crónica electoral.

Posted on marzo 25, 2010 por

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Por Mockinpott

Ésta es una historia de mi familia que en su cotidianidad nos deja ver algunas maneras en las que se hace política en nuestro país. Principalmente quisiera que como lectores pensaran en las maquinarias tradicionales y en el conflicto regional con el centralismo de la cápital mientras la leen, aunque cada uno es libre de sacar sus propias conclusiones y reflexiones. No uso nombres propios para evitar herir sensibilidades o personalizar la discución.

Mi papá es un abogado costeño, casado con una mujer costeña tras separarse de mi madre -una mujer cachaquísima proveniente de una familia tradicionalmente privilegiada y de gran tradición en la política de nuestro país-. Para las pasadas elecciones al Senado fue contactado por un compañero de su universidad que decidió lanzarse como candidato, él buscaba que lo asesorara en cuestiones jurídicas y lo apoyara en su campaña. Cuando me comentó su decisión por hacer parte de esta campaña quise conocer más de la propuesta de este personaje, así que accedí a ir a una reunión en la cual el candidato discutiría sus motivaciones, argumentos y propuestas.

En primera instancia, él promovía el “voto limpio” o “voto de opinión”, es decir, que cada persona vote con la plena certeza de la propuesta por la cual vota y con pleno convencimiento de su apoyo a esa propuesta y rechazaba las maquinarias políticas clientelistas o mercantilizadas. Seguidamente, abogaba por la restitución de libertades que se han venido perdiendo, como la dosis personal y las limitaciones -legales principalmente- que tiene la población homosexual en nuestro país. Finalmente, dijo que pensaba investigar a todos los congresistas que pudiera desde adentro para denunciar todas las irregularidades que encontrara en la realización de contratos y demás, esperando lograr la perdida de la investidura de veinte congresistas en un periodo de cuatro años.

Tras presentar sus puntos, pensé que era una buena propuesta -sobre todo la denuncia de los corruptos-, que compartía algunos puntos de vista con él pero no me sentía del todo representado por su persona. El salón en el que se llevó a cabo la reunión estaba ocupado principalmente por hombres, el lenguaje que se utilizaba allí era un lenguaje típico de los hombres de la élite colombiana -lleno de sátiras sofisticadas, lejos de ser cotidiano al punto de ser bastante exclusivo y siempre queriendo parecer muy culto y ‘decente’-. Sin embargo, se contaban algunas mujeres como mi mamá, que compartía los nobles orígenes con el candidato y le parecía maravillosa cada palabra que éste articulaba; de hecho felicitaba a mi papá por apoyar a tan digno candidato casi sin poder creerlo, dadas las diferencias políticas que hubo entre ellos.  Yo, por otra parte y a pesar de mis afinidades con él, no estaba convencido de darle mi voto a un hombre de élite, más bien para esas alturas estaba casi decidido por darle mi voto a una mujer que tuviera mi confianza electoral.

Mi casa se volvió un circo en estas épocas de campañas, se llenó de afiches, botones y pulseras alusivas al candidato y la esposa de mi papá pasaba todo el día llamando a sus familiares y conocidos para que le ‘regalaran’ el voto. Ella se vanagloriaba de la cantidad de votos que conseguía gracias a que sus familiares sólo votaban por un familiar, por un amigo o algunos por quien les diera unos doscientos mil pesos. Ya avanzada la campaña, el candidato le dijo a mi papá que quería contratarlo como investigador de los congresistas si llegara a ser elegido. Cuando mi padre me preguntó si iba a votar por dicho personaje le dije que no estaba seguro, en seguida su esposa me acusó por no apoyar a mi papá y mi familia al dudar de votar por él. Le contesté mientras señalaba el afiche que estaba en la ventana con la proclama “Voto Limpio” que prefería seguir su propuesta y votar limpiamente por quien pensaba fuera el candidato que me representara lo más plenamente posible. El resto de la campaña fue para mí un continuo intento por convencerme por parte de mis padres (recuerden que mi madre estaba encantada con su familiar lejano) y un reproche incesante de mi madrastra.

Finalmente, yo no voté por él y no llegó a ser senador, lamentablemente -no por mi papá solamente, sino que me hubiera encantado ver cuantas investiduras podía hacer perder-.

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