Democracia vs. Utopía democrática.

Posted on febrero 10, 2010 por

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Por Blanca Rolón*

[picapp align=”none” wrap=”false” link=”term=Uribe&iid=7408344″ src=”a/d/f/2/UN_Climate_Change_e425.jpg?adImageId=10132366&imageId=7408344″ width=”351″ height=”594″ /]

La polarización que vive el pueblo suramericano está regida por resentimientos, el hambre y la falta de tolerancia intelectual. Quien piensa diferente, no sólo es irrespetado, sino que además es considerado un enemigo. Esto hace referencia a que no es un tema que pareciera ser sólo de diferencia ideológica, es un tema de odios como lo demuestran las relaciones entre los presidentes Chávez-Uribe. Es una guerra fría entre el imperialismo y el Socialismo del Siglo XXI.

En Colombia la polarización está entre el autoritarismo uribista y el autoritarismo chavista; entre la izquierda y la derecha; entre los ricos y los pobres; entre los paras y la guerrilla; entre las fuerzas armadas y la insurgencia; entre usted y yo y entre usted y su vecino.

Al pueblo no le interesa que haya una posición intermedia, ya que si soy de izquierda quiero una propuesta de izquierda o si soy de derecha, mi la propuesta debe ser derecha. Pero lo importante a estas alturas sería ¿qué soluciones se han logrado? ni de una parte ni de la otra, y no pueden darlas, pues los extremos conllevan al error y sus posiciones son extremistas. Así que las propuestas de uno y otro lado crecen, como igualmente crecen los problemas faltos de soluciones.

Ante esta situación lo que se logra es sólo la crítica y no la oposición, que debe darse en cualquier democracia, que debe tener el espacio para ello y discutir respetuosamente sus diferencias y si la madurez es tal, entonces postular acuerdos de integración ideológica, de procedimiento y de ejecución.

Cuándo será que vamos a gozar de un ambiente democrático en nuestros pueblos. Cuándo vamos a ser conscientes que la renovación en el poder es un elemento esencial de los sistemas democráticos, que la renovación es un elemento esencial del progreso, que hace parte de la dinámica de ejecución administrativa. Que la renovación es un estado natural del hombre y todas sus instituciones. Nadie es esencial, todos somos renovables.

No se trata de si prefiero a Chávez o a Uribe, al Polo Democrático o al Partido de la U, se trata de que hoy la economía del mundo está mal, estamos en crisis, que nuestros pueblos están sufriendo las consecuencias del hambre, de la falta de sistemas de salud adecuados, la falta de vivienda y de la falta de oportunidades de trabajo y educación.

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Con todo estas situaciones es de dejar ver, que tanto el chavismo como el uribismo están equivocados, ambos quieren perpetuarse en el poder, ambos luchan el uno contra el otro aunque piensan distinto actúan igual y lo que es peor, luchan en contra de todos nosotros bajo los parámetros autoritaristas, totalitaristas y dictatoriales. Pues rompen a diario las instituciones y las tradiciones democráticas. Irrespetan al pueblo y sus constituciones. Todo en defensa de su bandera y del poder absoluto del mesianismo latinoamericano.

No podemos quedarnos únicamente en la crítica del gobierno de Uribe, porque caeríamos en un análisis netamente oficialista o de oposición. No se habla de reelección realmente, se habla de Álvaro Uribe Vélez y de extender su mandato. Por lo tanto el tema está mal planteado y este es un tema de demasiada importancia y trascendencia para la historia constitucional colombiana, como para que el país se lo plantee mal. Pero la culpa no es del ciudadano colombiano de a pie, es culpa de los administradores del estado quienes les interesa su futuro político inmediato y no les interesan las consecuencias para la democracia. Muy poco les importa el futuro del país.

Nuestra constitución no debe reformarse a cada rato cuando el gobierno, el congreso o cualquier partido Político le de una pataleta reformista. La Constitución debe estar por encima de las necesidades de turno y de los impulsos o las necesidades partidistas. La reelección es un tema netamente constitucional y ha de ser parte de las consideraciones y las políticas de estado y debemos conocer las consecuencias de una reelección en el futuro cuando ya Uribe no esté gobernando.

El hecho de que hoy tengamos en la jefatura del gobierno nacional a un hombre que llena la expectativa y es del gusto de las mayorías, no quiere decir que debamos estar de acuerdo con la reelección, porque así como hoy podemos estar de acuerdo con el gobierno, en un futuro la mayoría puede verse desfavorecida ante los poderes absolutos y ocultos de un gobierno que se perpetúa, sin el apoyo real y cierto del pueblo.

La reelección es un tema de orden constitucional, es un tema de política de Estado, hace parte del marco normativo con que se construye la historia colombiana, no es un tema coyuntural, ni un tema de turno según las conveniencias del momento por eso no debemos pensar sólo en las necesidades de turno sino en un futuro político a largo plazo para Colombia.

No podemos olvidar los colombianos que la pugna por el poder entre las ramas ejecutiva y judicial hace unos meses, es netamente política ya que es la corte quien tiene la tarea en estos momentos de pronunciarse ante el referendo reeleccionista, por lo tanto de ninguna manera debe entrar la rama judicial, con intereses políticos ni parcialidades que dilaten más este asunto tan abrumador que se entiende únicamente como reelección de Uribe y que en términos de justicia sólo perjudica a su heredero de la política democrática Juan Manuel Santos.

Ahora algo más cuestionable es cómo nuestro actual presidente no se ha acogido a la ley de garantías electorales y sigue usando el dinero de los recursos del Estado para hacer campaña. De igual manera, se ha visto que en las actuales campañas se ha percibido un despliegue de propagandas por cada uno de los candidatos postulados en los diferentes grupos políticos, ocasionando una gran contaminación visual en cada ciudad. Se espera que los órganos de control y justicia de nuestro país tomen cartas en el asunto e investiguen la procedencia de dineros de estas campañas para no tener nuevas sorpresas de filtración de dineros ilegales y sigamos viendo semejante descalabro de congreso como el que nos tocó en estos últimos años.

Como se percibe este ambiente político en plena campaña electoral, las cosas marchan nuevamente hacia una ideología que conduce a una fuerte polarización de la sociedad y ausencia de oposición real que tanta falta hace a los gobernantes elegidos. Por lo tanto la corrupción de la democracia, como concurrencia pacífica y reconocimiento de la legitimidad del adversario, es algo que no se puede convertir en un contexto de cultura democrática patrocinada por la violencia que engendra el descontento de un pueblo. Se necesita una nueva sociedad que piense, actúe y pueda discutir las diferencias para beneficio de todos. Una verdadera democracia que se legitime en la gobernabilidad…

*Blanca Rolón es profesora de Ciencias Sociales en el Colegio Calasanz de la ciudad de Cúcuta.

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