¿Qué motiva a alguien a matar?

Posted on enero 28, 2010 por

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Por Ktica Cardozo

[picapp align=”none” wrap=”false” link=”term=violence&iid=301378″ src=”0297/37a9e416-b26a-447f-b90a-8d153ffcb4b2.jpg?adImageId=9554114&imageId=301378″ width=”500″ height=”333″ /]

Siempre he sentido curiosidad por  saber la respuesta a este interrogante, quizás porque soy fanática de muchas series que exponen este tema a la perfección, y que logran captar mi atención por los  escasos 60 minutos de su duración.

Pero aunque me sienta atraída hacia este tipo de entretenimiento, que salta entre la fantasía y la realidad, no creo tener las agallas, razones, motivos o la valentía necesaria para matar a alguien.

Para matar a alguien solo se necesita querer hacerlo, dirán muchos. Pero acaso hay algo en el mundo que justifique este hecho.  Seguramente -si llegara a preguntar- oiría que por dinero, avaricia, poder, envidia, lujuria, orgullo o lo que comúnmente se conoce como “ajuste de cuentas”, pero también estoy segura  que me encontraría con respuestas como se lo merecía.

Desafortunadamente  la historia es otra, y desde principios de la humanidad ha existido la violencia, la guerra, las muertes por dinero, la venganza y todos aquellos hechos que dejan entrever el poder de la mente humana. Todos estos actos han atentado contra la vida como si por ello hubiera que pagar un precio para mantenerla a salvo.

¿La vida tiene precio? creo que no, y si lo tiene no es el que le estamos dando actualmente. Creo que la vida es algo maravilloso, un regalo  que se nos fue dado para aprovecharlo al máximo, y hacer de ella algo productivo, por ende  creo que ningún ser humano tiene el derecho de decidir donde debe empezar o acabar la vida de otra persona.

Lamentablemente no todos tienen esa misma ideología, (sería absurdo que así fuera), pero si la mayoría coincide en que la muerte es algo que debe venir por sí sola, no hay que forzarla.

La guerra y la violencia desembocan en muerte y tristeza, la principal razón del sufrimiento humano contemporáneo.  Muchas de estas muertes son por la falta de tolerancia de las personas. Ahora ante cualquier ofensa recibida se responde con violencia en vez de recurrir al diálogo como instrumento mediador del conflicto.

Otra causa puede ser la falta de educación, o el entorno en el que nos desarrollamos. Alguien que nunca ha tenido que padecer necesidades, que no sabe lo que es ir a pie hasta el colegio, que no ha pertenecido a pandillas o bandas regionales, no actuara del mismo modo que alguien que haya tenido que afrontar esto. No quiere decir entonces que se justifique que alguien que haya tenido que pasar por los conflictos anteriores, pueda matar.  Lo cierto es que somos víctimas de nuestro propio invento, y ante esto los únicos responsables somos nosotros mismos.

La mente humana es un instrumento muy poderoso, al que le hemos dado otros fines que los que realmente debería tener. Por desgracia muchas de las mentes más poderosas del mundo utilizaron su ingenio y poder en conflictos bélicos, catástrofes mundiales, y en ocasionar dolor y sufrimiento durante muchos siglos.

Pero así como la mente es un instrumento poderoso, también es bastante vulnerable y manipulable en muchos casos. Un ejemplo es ver hasta donde es capaz de llegar  alguien por dinero, es increíble ver las atrocidades que se comenten, y también resulta insólito ver la pasión y el deseo que este genera en las personas.

El dinero tiene el poder de influir en las personas para bien o para mal.  Lastimosamente si hablamos del conflicto interno de nuestro país, creo que me inclinaría por la segunda, pues el dinero genera poder, y como dicen por ahí, “el poder corrompe”.  El dinero también es usado para impulsar el narcotráfico, el cual muchas veces genera conflictos entre los mismos narcos, sicarios o grupos al margen de la ley.

El dinero es causa de traiciones entre los mismos sicarios y narcos a los cuales no les importa matar a su propia familia con tal de salvar su pellejo. Y ni que decir  cuando se hiere lo más importante en sus vidas: su madre. Ahí si no hay argumento que valga para perdonarle a alguien la vida.

Pero no solo el dinero es el causante de que los sicarios maten, extorsionen, roben, también existen diversos factores como la falta de sensibilidad por parte de las personas, la que ocasiona muchas veces que la gente recurra a estos métodos con tal de conseguir lo que quieren.

La necesidad también juega un punto muy importante en este sentido, pues muchos movidos por la desesperación proceden de manera errónea, para lograr cambiar su condición. Los niños (principales víctimas de esta absurda guerra) se les ve desde muy temprana edad empuñando armas, sus sueños ya no son los de antes, ahora se les ve preparándose para ser sicarios, y desafortunadamente se vanaglorian de esto.  Su cara ya no refleja la alegría y la inocencia de antes, ahora en ella hay oscuridad y tristeza.

“El que ha hierro mata, a hierro termina”, esto es solo una prueba de que la violencia solo genera más violencia, y que cada vez son más las victimas que la muerte se encarga de poner de su lado.  Una decisión sin acción es solo una buena intención. Si queremos cambiar nuestra situación no necesitamos buenas intenciones, necesitamos buenas acciones.

Necesitamos gente dispuesta a luchar por un mañana mejor. Debemos cambiar la manera de pensar que tenemos respecto a la guerra. No es ignorándola y negándola como se soluciona, es mediando y buscando los mecanismos necesarios para erradicarla.

Se debe también eliminar la falta de sensibilidad, que sufren la mayoría de las personas, frente a su prójimo. Muchas personas ven a alguien sufriendo y en lugar de tenderle la mano para ayudarla, prefieren pasar desapercibidos, como no son ellos lo que necesitan ayuda. Es importante hacerle ver a la gente que si todos ponemos de nuestra parte, podemos lograr la Colombia que queremos.

Una Colombia en la que reine la igualdad, que se rija por la justicia, donde haya paz, y una vida dignidad para todos. Donde los niños dejen las armas, y vuelvan a jugar en los parques, a correr en las calles, a contagiarnos de su alegría y entusiasmo. Donde se les garantice la educación, se les proporcione ayuda. Un lugar en el que podamos caminar sin el miedo y la preocupación de que nos podrá pasar, donde se pueda escuchar las aves cantar, en lugar de oír cuántos muertos, dejo una riña entre pandillas.

Espero que ese lugar no este solo en mis sueños, sino que sea un ideal, algo que queremos todos los que hacemos parte de esta tierra, y quienes queremos que haya un mejor futuro.

Colombia no soy yo, ni tú, sino todos los que creemos en ella.

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