La Torre de Babel.

Posted on enero 14, 2010 por

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Por Andrés Páramo

(cc)manhunt

Época de elecciones. Tal vez sea en Colombia, la época en que menos se tiene en cuenta la posición del otro. No hay discusión verdadera, hay una fe ciega en que alguno de los candidatos (sólo uno y sólo su nombre, no sus propuestas) nos salvará, o nos sacará del embrollo en el que estamos, o será la fuerza opositora que pueda vencer al más opcionado.

Pocas veces hay discusiones de calle o de pasillo, que alienten y rescaten aquella  humana capacidad de conseguir la razón a través de argumentos.

Mockus pide a sus conciudadanos algo sencillo: argumentos y un voto pensado durante un tiempo prudente. Incluso se inventó el acertado movimiento civil “Voto Vital” que se trata nada más (ni nada menos) que de pensar el voto. Cosa a la que invito.

¿Pero quién le hace caso a Mockus? Ni sus votantes hacen caso al lema “Yo por Mockus, pídame argumentos”. La escena me recuerda ese sueño horroroso que tuvo Raskólnikov, aquél personaje de la afamada “Crimen y Castigo”, ya cuando el relato está llegando al final y se ve a sí mismo en un mundo donde nadie escucha a nadie, donde todos creen tener la razón. Una verdad distinta cada uno, defendida a capa y espada sin dejar un rincón en la consciencia para otra cosa. Pero era un sueño. Acá es la realidad de cada cuatro años.

Por la ambición de alcanzar a Dios construyendo una torre, según la Biblia,  los hombres fueron condenados cada uno a hablar una lengua distinta. ¿Así qué torre se va a construir? Si los obreros no pueden ni pedirse un ladrillo, el palustre, un bultico de cemento o una pala, pues nada se puede hacer. El proyecto se vino abajo. Igual que Colombia. Cada cual hablando su propio idioma, cada uno sin entender a fuerza de no escuchar al otro. Cada uno yendo para su lado ¿qué sociedad se va a contruir? Éste es uno de los países donde más rencor y menos reflexión hay.

Ahora Uribe. Que es la luz perpetua en el foco. ¿Sirve Uribe para alentar un debate al menos en torno a él y a su candidatura? No. Ésta vez los colombianos no hablamos cinco o cuatro idiomas, sino dos: “No más Uribe” versus “Sí más Uribe”. Como cavernícolas.

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