De amenazas y condenados.

Posted on diciembre 15, 2009 por

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Por Mockinpott y Louise Carroll

(cc)highdarktemplar

Las directivas de la Universidad de los Cóndores de las Alturas se retorcieron entre sus murallas, rodando por sus rincones super-vigilados en estupor, al ver unas cuantas líneas que franqueaban su segura burbuja y se posaban en su intimidad virtual. En un correo electrónico firmado por las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia, para aquellos que piensan, en la cuna del conocimiento, alejados a prudente distancia de lo referente a las balas salvajes de la chusma armada) se advertía el fatídico final de trece estudiantes de artes, y quizás de humanidades, por rebajarse a las inescrupulosas actividades del consumo de la Cannabis Sativa, llamada por los menos entendidos en las ciencias “marihuana”. En tal mensaje, se decía que fueran preparando los funerales de los nombres que se presentaban en una lista en el orden que allí determinaban -según la versión que las directivas dieron a los fatigados y angustiosos padres que nunca llegaron a ver la sentencia de sus hijos e hijas-.

Tras contactar a las autoridades que garantizan la seguridad, Policía y SIJIN (sigla obviamente conocida) en un clamor de auxilio que los llevara al fantoche autor de tal amenaza, mediante elegante carta clamando “responsabilidad compartida”  se convocó a padres y madres. En la penumbra, causada por una imprevista pérdida de energía eléctrica, la sala de la rectoría recibió a cada padre y madre. Entre ellos apreciados miembros del claustro, cada uno con su respectiva víscera en la mano. Los acontecimientos que siguieron parecían hacer parte de ‘The Truman Show‘,  de haber sido dirigido por Luis Buñuel con el guión de Alfred Hitchcok.

Torrente de ruidos y voces. -Les aseguro que sus hijos no son delicuentes ¡no tienen ese perfil!-Nooo esto no es política, más parece un mal chiste porque es sabido que AUC no hay en Bogotá desde el 2000-Estamos convencidos de que se trata de una amenaza sin importancia, una locura de algún estudiante, una broma. -¡¡¡¿¿Broma??!!! ¡¡así han desaparecido estudiantes en otros departamentos!!-Yo trabajo aquí, y hasta ahora me entero de todo esto-Noooo, no se preocupe esto es tan simple como algo que sucedió hace unos años sin consecuencias, una amenaza tonta a un grupo de estudiantes LGBT esas son cosas de niños, de jóvenes ociosos-.

Una de las madres que estaba vinculada a la organización manifestó una preocupación que no se había planteado hasta entonces: -A mí me preocupa lo que está enseñando la universidad, ¿qué es lo que la universidad va a hacer para promover la tolerancia y el respeto por opiniones diferentes en vez de amenazar a cualquiera que parezca raro?Nuestros hijos estudian artes, son creativos y extravagantes, pero no por eso se les puede amenazar así. ¿Que va a hacer la universidad, como una institución educativa, para educar en el respeto y la toleracia?-. Pero el comentario se perdió en el torrente. De pronto, un silencio previo a una sentencia final:

-Nosotros  estamos aquí para proteger a sus hijos, no lo duden, pero… es también posible que uno de ellos sea el chistosito, así que iremos hasta las últimas consecuencias: La cárcel. Ya les contactaremos.

Y como un buen cuento de hadas: Días después… las montañas se mantuvieron inmutables. Nada se supo. Silencio. Sonrisas educadas en el mejor de los casos. Silencio. Algunos estudiantes de la lista, no todos, unos pocos, cuatro amigos, fueron citados e interrogados por la SIJIN. ¿¿Y?? Nada. ¿¿Resultados?? Si los hubo, no los conocieron los extrañados padres. No los llamaron. Hasta allí llegó la responsabilidad compartida. En cada casa quedaron la zozobra, la angustia, el miedo al miedo, al vecino, al amigo, al compañero, a la novia, etc.. En cada casa quedó el sabor de vivir en el país y no en la segura cumbre de fabulosas nubes blancas donde habita el cóndor. Seguramente algunos padres y madres viven entre los cóndores y saben que pasó, pero otros aún esperan una respuesta.

¿Donde está la “responsabilidad compartida”? ¿Con quién la comparten si aquellos padres y madres que trabajan en esas alturas no saben a ciencia cierta lo que pasa, ni son tenidos en cuenta al enfrentar la situación? ¿Que pasó finalmente? ¿A quien le importa el sufrimiento, la angustia y el temor de padres, madres y estudiantes? ¿Será que aquellos cóndores no son tocados por el dolor y por las lágrimas de quienes habitan tan elevadas aulas? ¿Es esa ética encumbrada la que enseñan a sus estudiantes y resguardan tras monstruosos protocolos de seguridad?

Esta cuna de conocimiento y sabiduría, de heraldos del avance de la humanidad hacia realidades más sublimes y prósperas, es la fortaleza de la competencia despiadada y el miedo que sostiene a los ‘colombianos de bien’ en las alturas. Así pasan las personas de ser amenazadas a ser sospechosas. Así se castiga a quien al ser amenazado por sospecha de fumar porro pone en juego el nombre de las aves. Porque vale más el prestigio de las cumbres que la vida de un estudiante amenazado. Porque es más importante proteger los valores de la ‘gente de bien’ que proteger a quien recibe una amenaza, o calmar el temor de padres y madres. Porque para proteger a esta gente se duda del amenazado. Porque el desorden del torrente de ruidos y voces calla los reclamos de la angustia. Porque lo que pasa en las cumbres “no es política”. Porque el silencio es la certeza del olvido y se impone como la cura de cualquier dolor.

Finalmente, en las alturas se apeló al imperativo de la normalidad de sus habitantes para acallar a aquella madre que permanecia en su seno, con dudas de la labor de tan elevada institución en tan vergonzosa situación. Como visto de cerca nadie es normal, la universidad se acercó lo suficiente para encontrar motivos.

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