. Playa Girón .

Posted on diciembre 4, 2009 por

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Por Almarosa Lunazull y María Isabel Niño

(cc)MauricioGQ

El siguiente artículo fue pensado y plasmado bajo la ténica de “escritura a cuatro manos”, es decir, fue trazado entre dos personas.

Hoy, luego de tu partida… Declaro mi Playa Girón una vez más en Revolución… ¡¡Sí!!…  En contra de toda realidad insinuante y bastarda, de todo contraste mediocre, de la locura paga, de tu recuerdo, del dinero, de la moda, de mí misma… ¡¡Revolución!!… (¿Una vez más?)

¡¡Vivo aquí desde que la memoria me pesa, me apabulla y me congela de recuerdos, desde el amanecer de las olas y la eternidad del viento… Vivo aquí, en este inquietante lugar, por convicción propia, por anhelos retorcidos y por mi constante nada…!!

Pero mejor calmémonos, calmémonos, pensemos las cosas, respiremos… ¿Será que todavía estamos pa’ pendejos?… La revolución ya no es lo mismo, si tú te vas ¡Te vas!… Y punto. Si te vi, no me acuerdo… Ya deja de pensar en el recuerdo, que esta Playa ya tiene dueño…

Ahora el pasado es un recuerdo del futuro que no será de nuevo, y esta Playa no se salvará otra vez… Fue y será un lugar de esos en los que las buenas ideas no crecen, sino que se mueren, y las mentes son incapaces de volver a parir sueños… Entonces dice el Maestro, sentado en la arena picante, hablando de todo y nada al tiempo… “No odies tan sólo porque no entiendes lo que el amor no quiso hacerte sentir… Odia cuando notes que te ha obligado a creer que sentiste… Odia cuando te haya empujado a hacer lo que dijiste, pero que realmente no querías expresar… Odia cuando dejes de ser tú sólo por ser como ellos…”. Y con tantas ideas y argumentos en la cabeza, al final, no se sabe si uno escucha al maestro o a sus demonios…

Por eso, acabando de perder mi sentido de la discordancia, me encontraba en medio del caos absoluto, ya no comprendía las viejas conversaciones que me hacías con respecto a nada… Y recordaba al Maestro… “No odies cuando creas que no sabes distinguir lo complicado de lo simple… Odia cuando únicamente sepas diferenciar… Pero no disfrutar…”.

¿Cómo perderle el sentido al sentido?… Yo jamás quise encontrarlo, yo no lo estaba buscando… Creo que nunca lo perdí, porque nunca fue mío… No lo necesité cuando nací… Pero ahora, dependo de sus juicios, de la seriedad de sus verdades, ya no puedo escapármele al sentido directo y objetivo, de la finalidad de las causas, que tienen sujetos claros y con bases firmes en lo real y absoluto del ser, verdadero en todo lo existente…

Y en aquel momento cuando ya la nada esta malgastada y lo lógico es nuestra premisa incurable, el sentido halla tu conciencia y mis recuerdos, se adentra aún más y te ciega ante lo notable de la existencia… Si, aquella existencia  de lo natural y lo predecible del mundo.

En ese mar de cuestiones apareces… Una vez más, dos, tres… No entiendo esa fragancia de pregunta, esa necesidad sin vergüenza de un abrazo. ¿Acaso algo cambió? Sigo siendo la misma, aquella que pasó su juventud luchando contra un sistema de pertinentes premisas cuadriculadas, aquella que tenía en la garganta la palabra cambio, aquella de la Guerrilla de Ideas y Subversión Incurrente. Sí, sigo revolucionando el alma… Soy la misma, la mismo que acusaste de soñadora impedida, mujer de solo palabras, de loca, de guerrillera, sí… Ésa Soy… ¿Fuiste tú el que cambió?… Te veo igual, con un aire de tipo independiente, pero al fin y al cabo aprendiz, veo en tus ojos la soledad pecadora, la codicia, veo tu sociedad capitalista de sueños y sentimientos… Te veo…

Te observo en medio de tus discursos moralistas en retribución a los Santos Mártires que sí fueron valientes y ahora admiras… Ellos, que no son como tú. Deberías callar de vez en cuando. Fijarte más en que a cada paso que das, te acercas más a tu desgracia… Por no entender que muerte, justicia y culpa, nunca significan lo mismo…

Y del amor, por favor no hablemos. Hagamos ver a las excusas como lo que son: Verdades atenuadas, verdades enmascaradas para que no hagan tanto daño. Si ya nos cansamos de ellas, si ya no quedan motivos para deshacerlas, si nada las sostiene, si no las necesitas, si ya agoté mis medios para fabricarlas… Que venga pues la marea y arrastre contigo y conmigo. Por favor, no hablemos del amor. Puedo aceptar hablar sobre los demás, sobre los otros que permanecen siempre anónimos y ajenos a nosotros, pero jamás sobre este amor que se nos murió.

Quedamos entonces, en no hablar más de mi amor, ni de tu amor. Eso ya es sagrado. Pero déjame decirte que yo nada más te quiero salvar de tu desnudez en pleno centro de la soledad… Me quiero salvar haciendo revolución desde tu cuerpo de cristal…”. Algún día entenderás, lo sé…

A veces, sueño que no nos rendimos. Sueño que aceptaste el reto de seguirme hacia el monte virgen y apartado de los hombres de piedra, hacia el peligro de ir en contra, hacia mí misma. Escucho a lo lejos al que trova: “Voy de mí hacia ti… Voy de ti hacia mí…” Ojalá estuvieras despierto. Desearía abrirte lo ojos… Hacer que las letras de ese verso desnudo, como el de quien ayer cantaba, fueran vida en nuestra existencia, para que te dieras cuenta de que sí es posible lo imposible…

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