Por el derecho a querer más que simple sexo

Posted on diciembre 1, 2009 por

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Por Mockinpott

(cc)mrgraphicsguy

¿Qué es la liberación sexual? ¿Qué es la revolución sexual? ¿Qué revolucionó? ¿A quién redimió? ¿Quién se liberó? ¿Qué se liberó? ¿Quiénes se beneficiaron de esa revolución? ¿Qué  nos queda hoy de esa revolución? Hoy el sexo se presenta como algo natural, saludable, necesario, incluso obligatorio para toda persona “normal”.

Estaba con un grupo de gente tomando café cuando una amiga comentó con desprecio: -¿Se imaginan una vieja virgen a los 50 años? Hasta a los 20 ya eso no es normal. Debe ser una reprimida, terrible-. En seguida otro amigo, que es gay, comentó: -Ni siquiera. Debe ser muy, pero muy fea-. En estos tiempos de “libertad” sexual, el sexo, más que una decisión libre, se volvió un imperativo, una obligación. Todo el que no tenga sexo cada que pueda, piense en cómo tenerlo cada momento de su vida, y desee tener sexo a como de lugar, es un anormal reprimido o es tildado de feo o incapaz de hacer un ‘levante’.

La liberación sexual ha sido la bandera  de la lucha por la diversidad sexual, ha permitido que las mujeres se apropien de sus cuerpos y reclamen su derecho a ser dueñas de  él y de su placer; pero esa es una cara de la moneda.  No quiero menospreciar estos logros, pero quiero resaltatar el otro lado, el lado que se articuló con el orden patriarcal en vez de retarlo. La liberación sexual elevó la mercantilización y la explotación sexual de los cuerpos, en su mayoría femeninos. El sexo es hoy el producto más rentable de la industria, cuya principal materia prima son las mujeres. La trata de personas es una práctica común en todo el mundo. En situaciones de guerra y pobreza, millones de mujeres no tienen más opción que vender sus cuerpos o entregarse sexualmente para suplir sus necesidades básicas, entrando en prácticas de explotación sexual forzada.

Esto no es mojigatería. John Stoltenberg, reconocido académico y activista anti-pornografía de EE.UU., describe cómo la pornografía es un mecanismo por el cual se justifica y reproduce la noción de superioridad masculina. En la pornografía, dice el autor, los cuerpos femeninos se presentan siempre deseosos de sexo, esperando todo el tiempo la posibilidad de satisfacer a un hombre; se valoran sólo ciertas partes de ellos (como la vagina y los senos) y ciertos momentos eróticos, en especial la penetración y la eyaculación del varón. Este material plantea pautas de sexualidad que esperan satisfacer necesidades masculinas. El placer de la mujer se asume como algo que responde directamente a la satisfacción masculina. No se reconoce a ésta como sujeto de deseo sino sólo en la medida en que responde al deseo del hombre.

Un caso insignia de esta explotación es el de Linda Susan Boreman, más conocida como Linda Lovelace, quien protagonizó ‘Garganta profunda’ (Deep Throat, 1972), un hito de la pornografía. Después del gigante éxito del film, Linda manifestó que fue obligada por el director, quien era su esposo, para rodar varias de las escenas. “Todo el que haya visto esa película me vió siendo violada”, dijo Linda. Su marido en ese entonces, la forzó en varias ocasiones a realizar cosas que no quería al punto de apuntarle con un arma. Ella incluso recuerda ser forzada a dejar que un perro la penetrara. Aunque éste es un caso extremo, muchas personas, principalmente mujeres, son forzadas de alguna manera a tener ciertas conductas sexuales.

La conversación que narré al principio de este artículo es el testimonio de este tipo de presiones en un nivel más cotidiano. También he escuchado varias historias de hombres que desprecian y maltratan a mujeres sólo por negarse a tener sexo con ellos, por que ‘no se lo dan’ (estoy seguro de que varios de uds han visto casos). Pareciese que la liberación sexual quisiera decir, para estos hombres, que todas las personas quieren sexo todo el tiempo, y que ellos pueden disponer de ese deseo cuando les venga en gana -como en una película porno-. Por eso una persona que se rehúsa a tener sexo es señalada de reprimida y hasta de estúpida. Eso no es liberación sexual, la liberación sexual debe ser, precisamente, LIBRE. Cada persona debe ser capaz de decidir por sí misma lo que hace con su cuerpo y con su sexualidad, eso incluye el no tener sexo si así lo quiere. Estas personas no son enfermos ni enfermas ni anormales.

A las personas que son vírgenes se les estigmatiza como mojigatas-mojigatos o reprimidas-reprimidos, incluso se descartan como posibles parejas por quienes se sienten atraídas o atraídos, como si estos últimos no pudieran entablar relaciones sin que se consuman sexualmente. Hay grandes prejuicios con la virginidad. En la comedia Wedding Crashers, por ejemplo, se presenta un hombre atormentado por haberse acostado con una virgen (este comportamiento también lo vi en varios de mis amigos de adolescencia). Según el personaje, ahora la mujer lo iba a perseguir irremediablemente creyéndolo el amor de su vida. En el caso de los hombres, la pérdida de la virginidad se trata, en muchos espacios, como una iniciación a la ‘verdadera’ masculinidad. Un hombre que no tiene experiencia sexual (heterosexual, claro) a cierta edad es visto patriarcalmente como incompleto, incluso se empieza a selañar de ‘marica’. A estos prejuicios se les puede sumar los del ‘verano’, como cuando le dicen a alguien “eso es que está todo veraneado”, en un esfuerzo de mostrar a la persona como histérica y desvalidarla sólo por no tener sexo en un tiempo “razonable”.

En estos tiempos de “libertad” sexual debemos respetar a las personas que no desean perder la virginidad antes de cualquier edad, o que no desean tener sexo con regularidad. Hay que respetar que el sexo signifique algo distinto a una necesidad,  que algunas personas no hayan encontrado a la persona con la que quieran compartir su cuerpo; hay que respetar las creencias de cada persona, o que no quieran sentirse utilizadas, que disfruten más masturbándose, o que sencillamente no se les de la gana de tener sexo. Eso hace parte de la liberación sexual. Este es un escrito para reivindicar a los que hacemos el amor en vez de tener sexo, a los que prefieren la intimidad al simple orgasmo, a quienes escogemos a quien ‘darselo’ pensando en más que si está ‘re-buen@’, y al resto de personas que se resisten a ‘tirar’ por ‘tirar’; porque tenemos todo el derecho a querer mucho más que simple sexo.

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