De cara a Monserrate y de espaldas al país

Posted on noviembre 10, 2009 por

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Por Mockinpott

El_Bobo_by_lauritapotter

(cc)lauritapotter

“De cara a Monserrate y de espaldas al país” es una expresión con la que se señala a la Universidad de los Andes cómo una institución elitista y poco comprometida con la problemática de la nación colombiana. Siendo la universidad más costosa del territorio nacional, esta institución se pavonea por su calidad académica, y se escuda en ella para mantener -y elevar- sus costos. ¿Será que es atrevido utilizar la frase inicial de este escrito para referirse a una institución que sencillamente cobra lo justo por una educación de calidad? ¿Será que esta institución si desempeña labores que buscan ayudar al país? De ninguna manera.

Las cartas del rector de la institución, Carlos Angulo Galvis, para defenderla de este selañamiento son varias, me ocuparé en abordar algunas dando las razones por las cuáles no son del todo concluyentes en esta polémica.

La primera carta, para empezar hablando del costo, es que la educación de calidad cuesta, y como Los Andes ofrece una educación acréditada, laboratorios de avanzada, y una biblioteca envidiable, es lógico que el costo de la matrícula sea tan alto. Esta primera razón tiene varios puntos débiles. Teniendo en cuenta que para el próximo año la matrícula tendra un costo de más de 10 millones de pesos por semestre para todos los programas de pregrado -a excepción de medicina que tiene un mayor costo-, estos recursos se ven distribuidos de forma diferencial: aquellos que se inscriben en programas de ingeniería o administración ven rendir su inversión con laboratorios y comodidades impresionantes, pero otros programas en ciencias sociales, humanidades y diseño; ven sus recursos limitados, sus laboratorios y talleres decaídos -o ubicados en las sobras que dejan los flamantes laboratorios ya mencionados-, o aún deben ver sus programas encartados para lograr su acreditación, y a sus profesores angustiados por falta de espacio para una oficina donde acomodar a un nuevo profesor de planta -pues son escasos y necesitan varios para ofrecer posgrados ‘decentes’-. Así pues, esa afirmación del rector no se aplica sino para algunos programas consentidos de esta universidad, no para todos los uniandinos.

Por otra parte, bordeando el tema de la responsabilidad social de la universidad, el rector se escuda en los planes de financiación que ofrece para aquellos estudiantes que carezcan de recursos para ingresar, en el que se incluye el programa quiero estudiar. Debo admitir que la combinación de ‘Quiero estudiar’ con el FOPRE (Fondo de Programas Especiales) fue una linda carta de presentación de la universidad como una institución comprometida. Mientras la primera ofrecía becas -léase préstamos condonables- para estudiantes de estratos 0,1 y 2 (desde el 50% hasta el 90% del valor de la matrícula); el segundo les ofrecía una ayuda para sus gastos de transporte, copias y materiales. ¿Suena lindo, no? Pues eso ya se acabó. Hoy en día para aplicar a ‘Quiero estudiar’ se deben demostrar recursos suficientes de manutención que requieran de un apoyo mínimo, monetario claro está, de la universidad, y un respaldo para pagar el préstamo condonable; es decir, ahora está dirigido a personas de estrato 2 en adelante. Además, solo se podrá aplicar al FOPRE después de cumplir esos requisitos, pues sólo lo pueden hacer estudiantes matriculados. Aún si esto fuese una ayuda significativa, es sólo para pocas personas, siendo que muchas terminan pagando una deuda gigante al graduarse que llevarán durante varios años. He conocido gente graduada en 1998 que aún debe millones de su matrícula en los Andes al ICETEX y otras instituciones de lineas de financiación que ofrece la universidad.

Estos son solo algunos puntos, mucho más se puede decir al respecto. Aquí solo les dejo un bocadito de preocupación por la mercantilización de la educación y el elitismo académico (aunque suene redundante).

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