Ciudad Bolívar

Posted on octubre 18, 2009 por

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Por Alejandro Galvis

Ciudad Bolivar

(cc)Nathaa

Siempre he pensado que la vida es una especie de montaña rusa, en la que se está en la cima, pero en el instante que menos se lo espera, se puede pasar a la otra punta, la más profunda de esta atracción mecánica. Se preguntarán a qué viene la comparación. Llevo unos meses viviendo en la ciudad de Bogotá y hasta hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer un sector muy conocido de la capital colombiana, más adelante entenderán lo de la montaña rusa y este sector.

Sí, es reconocido, pero no precisamente por la opulencia en la arquitectura de sus edificaciones, tampoco por los automóviles lujosos que pasean por sus calles, menos por tener excelentes instituciones educativas o de salud. Hace parte de Bogotá, pero parece un sector de otro mundo, porque los contrastes que se ven entre este sector y el norte la ciudad, por ejemplo, son abismales. Todo el mundo lo conoce, pero muy pocos se atreven a adentrarse en Ciudad Bolívar.

Ciudad Bolivar 2

(cc)alison.mckellar

Hogares sobrepoblados de niños, casas hechas rudimentariamente, sin la obra de un arquitecto que haga planos y garantice que esas casas cumplen con los requerimientos para dar una vida digna de aquellas personas que viven en ellas, calles con un altísimo nivel de peligro que es causada por los grupos delincuenciales que operan en la zona. Al interior de los hogares se presenta un alto índice de violencia intrafamiliar, en la que no se discrimina la edad ni el sexo, por lo que los menores son en muchas ocasiones el blanco de ataques físicos y psicológicos de los mayores. El alcoholismo y la drogadicción se han erigido como el pan de cada día, ese combustible que lleva en picada a este sector. Es gracioso decirle sector, cuando ciudad Bolívar tiene muchos más habitantes de los que tiene la ciudad de Cúcuta. En pocas palabras es una ciudad de necesitados.

Como ya lo había dicho, estuve allí, acompañando a un grupo de personas que acostumbra ir a realizar diferentes obras sociales con los habitantes del sector. Ver sonreír a los niños por las actividades que se les llevan preparadas, ver la cara de esperanza de una madre soltera luego de una consulta jurídica gratuita, ver como se le colabora con un mercado semanalmente o simplemente sentir el fervor que brota por sus poros en el momento de celebrar la Eucaristía, sin importar la cantidad de inconvenientes que carguen en sus espaldas, es sin duda un ejemplo a seguir para todos aquellos que piensan que su mayor problema es que la selección nacional no haya logrado un cupo en el mundial.

Esto lleva a reflexionar cuánto hace cada uno de nosotros para retribuir un poco de todo, repito, todo lo que hemos tenido la suerte de vivir. No es volverse la hermana Teresa de Calcuta o Gandhi, es mirar cómo se puede ayudar con lo poco o mucho que cada uno tiene a aquellos que están ahí, en frente mío y que necesitan una mano. Ayudar no es pensar en los niños pobres de África o en los sectores deprimidos de Centroamérica, porque en Colombia hay suficiente labor para hacer, como en Ciudad Bolívar.

Es muy fácil preguntar qué es lo que va a hacer mi país por mi, lo complicado es saber qué estoy haciendo yo por mi país, como dijo alguna vez el expresidente de Estados Unidos, Jhon F. Kennedy. No esperemos a que el Estado actúe, porque aunque lo hace, el volumen de necesitados es tan grande que nunca acabaría de ayudar a todos los que lo necesitan si fuera el único que auxiliase a los sectores pobres del país.

Por muchas dificultades que tengamos, si comparamos nuestra montaña rusa con la de una persona de la localidad de Ciudad Bolívar, nuestro vagón va a estar en la cima y el del otro va a estar el fondo de la misma. Hay que dejar de quejarse tanto por problemas que muchas veces no valen la pena y empezar a contribuir para hacer de este país un lugar mejor.

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Posted in: Opinión, Política