¿Cuándo aprenderemos?

Posted on octubre 10, 2009 por

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Por Ktica Cardozo

Hice este artículo porque sentí la necesidad de contar lo que está pasando, pero quiero aclarar que más que una anécdota es un llamado a la prudencia, a la sensatez y a valorar un poco más la vida.

Hace casi un mes saliendo del colegio, me dirigía con una amiga para mi casa (en su carro) y en la autopista nos estrellamos y caímos a una cuneta. Mientras sentía como dábamos vueltas pensé que no volvería a ver a mis papas, hermanos, amigos. Pero hoy gracias a Dios estoy viva, con algunas cicatrices en mi cuerpo que diariamente me recuerdan aquel instante, pero viva que es lo importante.

¿Si amamos tanto la vida porque tentamos a la muerte? Es la pregunta que pasa por mi mente cada vez que recuerdo ese momento, y también cuando pienso en la cantidad de muertes y accidentes que han ocurrido en el último mes en la ciudad de Cúcuta.

Desafortunadamente la imprudencia se ha llevado consigo la vida de 6 menores de edad en menos de dos semanas. Y trato de arrebatarme la mía.

La ley de la vida dice que somos nosotros como hijos quienes debemos enterrar a nuestros progenitores, pero lamentablemente los hechos demuestran lo contrario, y en las últimas semanas muchos padres han tenido que pasar por el terrible dolor de enterrar a sus hijos.

Esto no es lo peor, muchos de ellos han ido muriendo poco a poco, su cerebro no resiste más no quiere seguir luchando, mientras tanto en las salas de cuidados intensivos los padres se aferran a la esperanza de que despierten de un coma, (sabiendo que las posibilidades son muy escasas) pero así son nuestros padres: nunca pierden la FE.

Toda historia tiene dos caras y mientras mucho padres lloran la ausencia de sus hijos, otros en su afán de querer “ser mejores” padres o para tapar sus ausencias y faltas con cosas materiales creyendo hacer lo correcto, le regalan a sus hijos camionetas captiva último modelo, murano, mazda 3, cuando estos solo tienen 14 o 15 años.

A esa edad no creo que se tengan la madurez necesaria para asumir la responsabilidad que conlleva manejar. En esto las estadísticas también concuerdan.

Otro factor importante es que ahora los jóvenes (especialmente las mujeres) ya no piden viaje o fiesta de quince años, ahora piden carros. Debo confesar que cuando me aproximaba a cumplir esta edad también se pasó por mi mente pedir este regalo, pero gracias a Dios tengo unos padres cuerdos y centrados que dieron una negativa a mi petición.

Ahora cuando puedo manejar entiendo porque mis padres dijeron que no y les agradezco que lo hayan hecho.

Mi padre muy a menudo me decía que con los carros, así como con las armas también se mata. La diferencia está en que las personas temen a lo segundo, mientras que con lo primero juegan y hacen combinaciones tan mortales como velocidad con alcohol.

En las instituciones educativas se adelantan programas frenar el consumo de alcohol llegada la adolescencia. Se hacen campañas mostrando el peligro de combinar la velocidad con alguna otra sustancia y aun así parece que no escuchamos.

¿Cuantos jóvenes más vamos a esperar que se mueran para hacer algo?

Es irónico e ilógico para mí ver como en las funerarias se agrupa la gente lamentando la pérdida de un ser querido, pero pasado varios días de esto se ve en las calles esa misma gente manejando a excesos de velocidad, tomando, tentando a la muerte y riéndose pensando que nunca les va a tocar a ellos. Pero lo cierto es que tarde o temprano nos va tocar a todos. Solo que así como tratamos de llevar una vida digna y feliz, tratemos de que nuestra muerte también sea digna, y de que sea cuando ya hallamos realizado la misión para la cual cada uno de nosotros fue llamado.

Y tú ¿Qué estás haciendo con tu vida?

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Posted in: Opinión, Política