El Problema no es del licor, es de quien lo bebe

Posted on octubre 1, 2009 por

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Tóxico

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Por Camilli1240

Quiero compartir una parte de mi historia, para que generar conciencia acerca del uso del licor sin caer en un discurso moralista, sino mostrando los hechos tales como son.

Cuando tenía entre 8 y 10 años, mi familia y la escuela me enseñaron que el licor era malo pues generaba enfermedades y problemas, pero al mismo tiempo, me cuestionaba sobre la veracidad de sus comentarios ya que al mirar alrededor me encontraba que en todo los lados se encontraba presente el licor, y más que visto como una fuente de enfermedades, era visto como algo sagrado.

Me cuestionaba por qué el productor de ese mal, del cual me advertía mí madre, era el patrocinador de la selección Colombia, siendo esta un sinónimo de orgullo nacional…por qué las niñas más bonitas siempre aparecían en sus anuncios o aun peor se hacían reinados por la causa de ese mal,  por qué los  viernes mi padre llegaba tarde a la casa por ir en busca de eso o por qué la sangre de Dios era representada con el vino malo…en esos momentos creía que mi familia y la sociedad querían no compartir esos néctares de ambrosia, pero luego de mirar que las palabras de mi madre eran ciertas y que el licor había traído la desgracia a mi familia me di cuenta que la sociedad era una partida de cínicos, bipolares e hipócritas los cuales decían algo pero hacían lo contrario.

Luego llego mi pre-adolescencia -ya me creía grande recuerdo- como una etapa en la cual quería romper las reglas, escuchar solo Rock N’ Roll, tener una niña bonita  y escapar de la realidad que me hacía sufrir, encontrando que el licor solucionaba todos mis deseos y problemas. Entonces en mi inocencia y de manera moderada decidí probarlo y comprendí que los adultos recurrían a el porqué les permitía ser, decir y  hacer lo que querían sin miedo a la crítica o  la pena, encontrando en el licor una especie fórmula para expresar lo que las personas eran en verdad. Una noche un tiempo después de esto mi padre llego tomado a la casa y yo todavía me encontraba despierto por lo cual se acerco a mí y dijo que me amaba y que se sentía orgulloso de mí, en ese momento no sabía si llorar, amarlo u odiarlo porque en sano juicio no me decía eso y lo único que hacía era regañarme y herirme, -aunque gracias a Dios mi padre cambio eso y ya no sufro como en esa época-, pero volviendo al tema esas palabras me mostraron que el licor mostraba la verdadera forma de ser de las personas.

Luego llegaron mis 15 y mi adolescencia, y junto a esto las fiestas y reuniones de amigos en las cuales no podía faltar el licor como socializador y embellecedor. Todos los jóvenes tomaban por querer ser grandes o porque ya el licor los estaba empezando a coger en los peores casos, aunque ellos no se daban cuenta, y en medio de este ambiente un año después tuve mi primera borrachera y con eso comprendí que era cierto que al otro día se pagaba con creces lo que se disfruto en la noche, pero más allá de eso que conocí una faceta de la cual no me sentía orgulloso y que era un vivo ejemplo de lo que repudiaba en mi padre por lo cual no volví a tomar en mucho tiempo; pero en ese círculo de mares de licor era muy difícil no volver a caer en él y efectivamente volví a tomar pero ahora con ese temor de no pasarme, hasta que un día me di cuenta que ya no necesitaba del licor y que podía mostrarme tal como yo era de otras formas.

Pero a mis 17 llego el amor y con este el despecho, siendo este el momento ideal para un acercamiento entre el licor y yo. Por fin entendí por qué Darío Gómez, Vicente Fernández y todos esos autores de música popular vendían tanto, por qué los adultos solucionaban los problemas en el licor y por qué los borrachos perdían el control de sí mismos, puesto que me volví a emborrachar pero esta vez hasta el punto de perder el conocimiento en medio de groserías, rencores y lagrimas. Al otro día que me contaron lo que había pasado la noche anterior, me sentía mal, patético y por fin entendí completamente que ese discurso moralista de mi madre era 100% cierto y decidí no volver a tomar en la vida una copa, cayendo en un radicalismo total.

Pero una noche que me quede en la casa me quede en la casa de mí abuelita paterna encontré la respuesta a mis dudas y a una persona que no era hipócrita puesto que ella me dijo que el problema no se encontraba  en el licor, sino nosotros mismos y que el licor era malo sólo cuando le dábamos un mal uso, poniéndome como ejemplo a ella , puesto que a sus 64 años de vez en cuando se tomaba sus cervezas sin perder el control y que ella no se encontraba ni enferma, ni en problemas por eso, y más allá de eso, me mostro que aunque el licor divierte y soluciona problemas no es la única forma de pasarla bien y que siempre eran mejor los buenos recuerdos sin licor que con esto.

Mi objetivo con lo anterior no era contar que el licor era malo o bueno ó si la sociedad se contradecía respecto al trago, puesto que cada uno le dará su respuesta personalmente a estas cuestiones, pero sí es mi objetivo mostrar que debemos controlarlo porque sino él nos controlara. Yo nunca más me volví a emborrachar y aprendí que ni el alma de la fiesta, ni la solución a los problemas están en el licor y aunque de vez en cuando me tomo una cerveza, no paso de allí porque se lo que puede pasar y no quiero repetir el pasado convirtiéndome en ese ser que odio.

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Posted in: Opinión, Reflexiones