¡Micheletti y Zelaya son unos cabrones!

Posted on septiembre 26, 2009 por

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Por Miedosa

Honduras, Honduritas, Hondureños, compadres, hermanos…cuanto lo siento. ¿Qué se siente vivir en el país rechazado? ¿qué se siente ver como los chicos populares -de este sucio club que llamamos mundo- te abandonan? ¿qué se siente estar completamente a la deriva? ¿qué se siente ser el odd man out -como dirían los gringos-?

Y el problema es que este cuento, peor -o, mucho mejor- que cualquier telenovela [inserte aquí el gentilicio de su país favorito], tiene muchas traiciones, noticias -chismes- falsas, la intervención de una manada de desparchados que se apodan a si mismos comunidad internacional -también vistos en las películas de Hollywood como Superman resguardadores de la DEMOCRACIA-, la publicidad gratuita en toda la prensa inter[nacional] y un montón de barrabasadas más que, sin duda, entretiene mucho, pero nos distrae de una realidad preocupante: el pueblo de Honduras ha sido abandonado.

Sí, lo admito, es muy chévere (como dicen los colombianitos) ver a Chávez montado en su caballo imaginario y pidiendo el regreso de Zelaya al poder (porque eso sí, él es el libertador de todos los pueblos menos el suyo, o qué le pregunten a algún venezolano si ha conseguido leche fácilmente en los últimos meses); o ver a Lula, con su creciente reserva petrolera ego, dándole resguardo al presidente derrocado en su embajada; o ver a los españoles retirando su embajador como quién esconde su dinero al ver un indigente; o escuchar a Obama, con su carita de yo no fuí, diciendo que no reconocerá al gobierno de Micheletti; o ver a la OEA (otro country club) retirar de sus filas a Honduras, igualitico a lo que hizo con Cuba hace ya varios años; o ver a Uribe, el presidente que ha vendido la instalación de bases gringas en su país con la idea de que es una decisión soberana sobre la cual nadie puede hablar, condenando abiertamente los graves problemas de soberanía en Honduras; o…bueno, creo que ya entienden el punto. El mundo se ha vuelto un circo, y todos payasean sin pensar, sin dar respiro, la prensa condena, los países atacan, Zelaya dice que va a regresar, Micheletti le dice que no, los populares del country club balbucean, y el pueblo de Honduras sigue jodido.

El pueblo está jodido porque está atrapado en la disputa de los altos poderes de su país, esos elefantes que nunca sienten el terremoto que le causan a las hormiguitas -los hondureños-. Y para colmo de males, toda la comunidad internacional (hipopótamos, elefantes, jirafas y hasta dinosaurios) se ha metido en la pelea y se ha olvidado de que, al no reconocer a un país, no sólo afecta el ego de unos cuantos gobernantes, sino que afecta la calidad de vida de todos los ciudadanos. Si sos cubano me entenderás.

Lo peor del asunto es que la disputa es entre dos cabrones que han violado los derechos de sus ciudadanos -cada uno en su propio estilo-, y Honduras no tiene un futuro muy brillante si cualquiera de esos dos está en el cargo.

Empecemos por Zelaya, el mártir de la película. Resulta que el tipo, contagiado por esa fiebre de autoritarismo y perpetuación en el poder que viene desde el sur del continente, empezó a reñir con los otros dos poderes legítimamente establecidos en la prostitución Constitución de Honduras (ese librito que se vuelve cada vez más molesto para los presidentes de hoy en día, ¿por qué será?), amenazó con cerrarlos, desacató órdenes del congreso y violó varias normas constitucionales. (si quieren más información, revisen aquí)

Su última joyita fue ordenarle al ejército que repartiera balotas de votación para un referendo que no había sido aprobado en el congreso (las molestias de no tener un congreso comprable, ¿cierto Colombia?).

Por esto, y por orden de la Corte Suprema de Honduras, Zelaya fue destituido de su cargo y escoltado fuera del país por las fuerzas armadas.

Aquí, según la constitución de Honduras, debía asumir la presidencia el presidente del congreso, y fue así como Micheletti llegó al poder, prometiendo que lo dejaría tan pronto se efectúen las elecciones de enero (que, por cierto, no serán reconocidas por el country club).

Como lo sacaron grupos que favorecen la derecha, y sabiendo que en Venezuela está la reencarnación de Simón Bolivar, Zelaya armó un escándalo y fue llorando a donde San Hugo, quién afirmó que en Honduras se había creado un golpe de estado para tumbar el gobierno de la izquierda, los voceros de la revolución. Pero la verdad es otra: Zelaya es un cabrón, un criminal y un violador de la constitución (parecido a varios presidentes del sur), pero a diferencia de lo que pasó en el sur, los otros poderes reaccionaron a tiempo y lo sacaron de su puesto.

Hasta ahí todo iba bien y legal, pero entonces Micheletti mostró los dientes y en el congreso de Honduras leyeron una carta falsa donde Zelaya renunciaba, con ayuda de la Corte Suprema decretaron estado de sitio, cortaron comunicaciones en todo el país y se suspendieron derechos fundamentales…todo con la excusa de restaurar el orden. Pura mierda.

Nacen muchas dudas acerca de las decisiones tomadas por el gobierno de Micheletti: si todo es legal y acorde a la constitución ¿por qué no permitir que los medio documenten los acontecimientos? ¿por qué suspender los derechos de los ciudadanos? ¿por qué decirle al mundo que todo está bien pero no dejar que el pueblo exprese lo que piensa?

Zelaya es un delincuente, hay pruebas de eso, pero por alguna razón el gobierno sintió la necesidad de poner una gran cortina de humo mientras se llevaba a cabo la destitución de Zelaya. Por eso los chicos play del country club saltaron, por eso la prensa se fue en favor del mártir, por eso el mundo no sabe lo que piensa, quiere y necesita el pueblo hondureño.

La cruda realidad es que a Micheletti, y al congreso, y a la Corte, nunca les interesó el pueblo. Vieron la amenaza de un déspota y por eso lo tumbaron, legalmente, pero motivados por intereses propios. Como en la mayoría de las revoluciones, sólo que esta vez ligeramente más descarados, lo que causó el cambio fue que los grandes perdieron un poquito de comodidad.

Por todo esto, las cosas no se han solucionado. Micheletti sigue haciendo ruido, Zelaya insiste en regresar, la comunidad internacional lanza reclamos al aire y el mundo entero mira embrutecido el circo que está en la ciudad…todo mientras el pueblo de Honduras no tiene ayuda internacional, no tiene un gobierno reconocido y ni siquiera tiene una voz -o, mejor dicho, no tiene quien escuche lo que dice-.

Honduras, Honduritas, Hondureños, compadres, hermanos…cuanto lo siento.

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