Una lucha vacía

Posted on septiembre 21, 2009 por

7


1353365572_81323862a2_o

(cc)miguelmatus

Por Sbasgomez

Los ideales son a prueba de balas

V de Vendetta

Guerra de guerrillas, paramilitarismo, insurrección, corrupción, violación de derechos. Suena tan desalentador como siempre, ¿verdad?

En esta ocasión, me alejaré un poco del simple hecho de enunciar los problemas que tiene Colombia, por el contrario intentaré concentrarme en algo más importante, los ideales de las personas y el papel que juegan estos en el ámbito político.

Para empezar a ahondar en el tema hay que convenir que los problemas de nuestro país se generan por, entre otras dificultades, la violación de las ideas con las que los gobernantes ganan sus campañas, demagógicamente o no, eso no importa por ahora.

Estudiando en una universidad pública se está en contacto de muchas maneras con la realidad de la nación, y a un nivel menor se empiezan a entender a fondo los problemas que aquejan el sistema.

Las constantes equivocaciones de los gobiernos y sus relaciones turbias con los grupos violentos, las protestas de los opositores al régimen (que en muchas ocasiones se trasladan al terreno de la lucha armada), las falsas concepciones, las violaciones a la ley y hasta atropellos contra los derechos humanos modelan a diario el entorno en que vivimos los colombianos.

Todas estas situaciones se constituyen en verdaderos problemas para la administración actual, y por eso se debieron tomar medidas.

Pues bien, se tomaron las decisiones “pertinentes”: La fuerza armada colombiana [ejército y policía] ahora tiene acceso a los campus universitarios [del estado] cada vez que sea necesario, sin ningún reparo (una decisión muy acorde con la posición que ha mantenido el gobierno de Uribe.)

Es en este instante donde surge la pregunta: ¿Vale la pena criticar las decisiones del gobierno cuando han demostrado, por ahora, efectividad?

La Colombia que leí todo este tiempo se materializa ahora ante mis ojos, y los problemas son más palpables. El contacto con esa realidad que ignora el respeto a los (mis) derechos se convirtió en la razón de mis palabras, y me enseñó que las circunstancias ponen en tela de juicio a los ideales, que no podemos seguir ciegamente una doctrina alejándonos con ella del suelo que pisamos. Por el contrario, seguirla, con la plena conciencia de sus alcances, es más meritorio.

¿Efectividad? Bien, a diario se ve que en los diarios y noticieros informan acerca del control del territorio nacional y del debilitamiento de los grupos subversivos. No es del todo cierto, ni las FARC, ni el ELN ni ninguno se ha extinto, ¿Por qué? porque sencillamente tardaríamos años en asesinar a cada una de esas personas, así como propone el gobierno; si no hay un cambio en la mentalidad y las acciones de la administración actual, y se disminuyen el número de atropellos que a diario se cometen, jamás se logrará que los grupos subversivos dejen de ser una salida directa para luchar contra las injusticias.

Ahora, la militarización de las universidades públicas es una medida desesperada, tras las cual el gobierno esconde una serie de fallas en el sistema de seguridad y una aparente falta de control. La incursión violenta y el control militar en los centros de aprendizaje se convierten en un acto de inequívoca incompetencia, pues siembra la violencia desde edades tempranas en la población joven, esperanza de la nación. (Finalmente, cualquier parecido a hechos históricos cercanos, es solo una coincidencia).

Por otro lado, y citando un caso que conozco a fondo, muchas de las protestas universitarias, así como en otros países latinoamericanos, se producen por las irregularidades en las que incurre el gobierno, ya sean comunicaciones con líderes subversivos, violaciones de derechos y hasta asesinatos para ocultar dichos actos. Pero hay ciertas equivocaciones en estas manifestaciones, la violencia no es la mejor manera de proceder. Y surgen varias excusas: “que si no se recurren actos como aquellos el gobierno no pone atención a los movimientos”, pero no, con la violencia sólo demeritamos nuestras palabras, y las hacemos míseros discursos sin fondo.

Es aquí donde se necesita fidelidad a nuestras ideas, pero, sobre todo, fidelidad al correcto proceder que hay que mantener para hacer de las nuevas propuestas soluciones posibles a nuestros inconvenientes, alejándose de la lucha armada y fomentando espacios para el debate libre, pacífico y constructivo.

Mientras eso no se cumpla en Colombia, sólo lograremos acentuar las condiciones para la existencia de un panorama conocido: La nación dividida en gobiernistas y opositores, un mando central que obvia procesos y toma decisiones a la ligera, y en el medio, los colombianitos que, inocentes, apoyan la cruzada de la seguridad democrática para luchar contra los violentos.

Share

Anuncios
Posted in: Opinión, Política