Sociedad Inconsistente (Parte I)

Posted on marzo 29, 2009 por

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Parte I de varios artículos sobre la droga en Colombia.

Mi abuelo traumatizó a todos sus hijos de por vida, maltrató a mi abuela y perdió su fortuna, todo bajo los efectos del alcohol. Después de varios años de trago y cigarrillo, ha perdido completamente su mente.

El mejor amigo de mi tio ha sufrido constantemente por problemas provocados por el cigarrillo. Mi tio, después de 35 años de fumar, lo dejó al sentir sus efectos tan cerca.

Mi mejor amigo se fuma un porrito semanal. Lo hace encerrado en su casa, sin hacerle daño a nadie, sólo a sí mismo.

Ahora yo pregunto ¿Cuál tiene más derecho de seguir con su adicción?

El tema de la legalización ha sonado bastante recientemente. La guerra contra el narcotráfico se está perdiendo, al menos eso dicen varios políticos e intelectuales reconocidos que se reunieron a hablar sobre el tema en Brasil.

En lo personal, quiero llevar el asunto un paso más adelante: la guerra está perdida.

No importa los avances del gobierno en seguridad democrática, la droga sigue nutriendo a las guerrillas y a los otros actores que pertenecen al negocio. La crisis económica no los afecta, el narcotráfico es, probablemente, el negocio más rentable actualmente.

En ese orden de ideas, me parece frustrante que nuestro presidente, con su pasión habitual, le pida a su bancada (mayoría, por cierto) que se oponga a cualquier tipo de legalización e, incluso, tumben la ley que permite la posesión de dósis personal.

Señor Presidente, las cárceles están llenas, y se seguirán llenando, de personas que no necesitan un castigo, sino ayuda médica.

La referencia política era importante para llegar a lo siguiente: Es necesario que dejemos de tratar a los adictos como delincuentes. Consumir droga es una adicción. Al igual que el borracho que va a Alcohólicos Anónimos, el drogadicto necesita ayuda especializada, necesita una mano amiga, una sociedad dispuesta a ayudarlo, no un gobierno que busca criminizarlo y castigarlo.

Además, la ayuda debe venir por voluntad del mismo enfermo. El proyecto que plantea la bancada uribista busca llevar a rehabilitación obligatoria a todos los portadores de dosis personal que sean detenidos. ¿Creen, sinceramente, que algo así va a funcionar? Si asociamos la rehabilitación con una imposición autoritaria del gobierno, entonces vamos a perder cualquier posibilidad de ayudar a aquellos que lo necesitan.

El problema no se soluciona a la fuerza.

Pero, el asunto va mucho más alla de la terquedad de un mandatario, la situación es universal.

El narcotráfico no es rentable simplemente porque la geografía colombiana es propicia para el cultivo de la droga. El negocio, como cualquiera, se alimenta de la demanda, y más si hablamos de un producto cuya calidad es digna de exportación.

Colombia es productora, pero no somos los consumidores, o al menos no los principales.

En todo caso, mi intención no es hablar de los obstáculos políticos o legislativos. Yo quiero hablar de la sociedad incoherente que critica a los drogadictos, pero considera común emborracharse hasta perder la conciencia, o fumar varias cajetillas de cigarrillos en un mismo día.

El primer argumento contra la legalización es la libre distribución de la marihuana y la cocaína (las dos drogas consideradas en la discusión), lo que provocaría una degeneración en nuestros jovenes y terminaría por condenar las futuras generaciones de colombianos.

Noticia de última hora: los jovenes ya tienen fácil acceso a la droga. La prohibición termina siendo una forma de ocultar lo que ya es una realidad: la droga se consigue muy fácil, es consumida por muchas personas y la adicción se ha esparcido.

Todo el mundo tiene acceso al alcohol, es muy fácil conseguir un cigarrillo y lo mismo pasa con las drogas. El que se atreva a negar eso, que me explique porque me han ofrecido desde los 12 años todo lo anteriormente mencionado.

Entonces, la idea, de que si algo está prohibido no se encuentra, es falsa.

Ahora, les propongo lo siguiente: legalizamos la droga, le ponemos impuestos, publicamos letreros que digan “consumir es perjudicial para la salud” y le apostamos de una buena vez a un proyecto educativo de prevención efectivo y ambicioso.

Yo no tomo, no fumo y, a pesar de la gran curiosidad que me causa, no consumo droga alguna. Mi abstención no es por miedo a la prohibición, o por posibles problemas con la ley (soy menor de edad). Mi decisión es producto de una buena educación y sentido común.

Desde pequeño mi mamá me mostró los errores de mi familia para analizar a fondo las consecuencias de consumir cualquiera de los productos ya mencionados. En ningún momento me lo prohibió. Mi mamá confiaba en que apelando a mi sentido común iba a lograr que me alejara de todo vicio, y lo logró.

Por eso, el proyecto preventivo debe empezar en las casas. Los padres deben poner todas las cartas sobre la mesa, hablar claro con sus hijos, decirles los pro y los contras, en vez de refugiarse en un prohibicionismo que despierta más curiosidad que miedo.

La droga, el alcoholismo, la adicción al cigarrillo son realidades latentes que no pueden ser ignoradas. Los niños deben comprender que no vivimos en un mundo inocente y puro. Les aseguro que el golpe con la realidad es mucho más amable si es dirigido por los padres. No debemos permitir que el primer contacto con el mundo real que tienen los infantes sea en la calle, deben ir preparados.

El segundo punto para que la prevención sea eficaz es en las escuelas. Por supuesto, estamos en un país donde la educación pública inferior es una basura, y la superior es el hogar de la clase media-alta colombiana que no puede pagar universidades privadas de lujo, pero desean tener un aprendizaje digno.

Sin embargo, el cambio es posible. Necesitamos una reforma educativa que invierta en las futuras generaciones. Cuando tengamos un sistema educativo que otorgue las mismas posibilidades a millonarios y pobres por igual, tendremos una prevención efectiva.

Cuidado, Colombia se ha enfocado tanto en la guerra que nos hemos olvidado que la solución está en un pueblo educado.

A grandes rasgos, he expuesto los cambios necesarios en nuestro país para combatir la drogadicción y las otras adicciones, en otro artículo me preocuparé por los enfoques más técnicos de la legalización en Colombia.

Ahora, el argumento más fuerte contra la dosis personal es el origen de la droga misma. El consumo está permitido, la producción no, por consiguiente, todos los que compran droga están financiando al narcotráfico.

Entonces, cabe preguntarnos, ¿la mejor solución es prohibirlo? De nuevo, les pido disculpas, pero esto necesita un artículo aparte.

Regresando nuevamente al hilo conductor de este artículo en especial, quiero recordar una historia que mencionaba Diego Arango durante el debate sobre la penalización de la dosis personal.

En su elocuente intervención, el señor Arango nos comentaba como su único hermano había sufrido una degradación impresionante por culpa de su adicción a las drogas. A pesar de tener hijos y una familia por la cual responder, la adicción fue más poderosa y terminó viviendo en el cartucho. Después de mucha lucha y sufrimiento, el señor Arango logró sacar a su hermano de la enfermedad y hoy día es un miembro ideal de nuestra sociedad. Para enfatizar su punto a favor de la penalización, Diego Arango le preguntó a su hermano su opinión sobre el tema, quién respondió que la prohibición era necesaria pues “(…)a mi me tuvieron que prohibir que yo siguiera adelante”.

Triste y delicada historia, sin duda. Pero, aprovechando la emotividad dedicada al tema por el señor Arango, permitan que les narre una historia muy cercana a quien les escribe:

Mi abuelo era una de las personas con más dinero en Norte de Santander. Inteligente, caballero y sagaz por naturaleza, era lo que se podría llamar un hombre ideal. Se casó a muy temprana edad (como era tradición por esa época) con una de las mujeres más admirables que he tenido el placer de conocer. De este matrimonio salieron cuatro descendientes.

A medida que el tiempo pasó, el temperamento violento de mi abuelo causó graves daños en toda la familia, traumatizó a sus hijos y cometió barbaridades contra su esposa. Todo esto impulsado por una droga aprobada en la sociedad.

Después de separarse, siguió siendo victima de la droga en cuestión y en unos pocos años todo su capital se esfumó. Él que antes era un gran hombre ahora ya no tenía un centavo, estaba quebrado, sin familia y peor aún: sin felicidad.

Actualmente vive en un ancianato, casi sin conciencia de su propia existencia y con serios problemas de salud ocasionados por haber fumado y tomado hasta el cansancio.

Todo por una gran influencia del alcohol y el cigarrillo, dos drogas legales y ampliamente difundidas en la sociedad.

Finalmente, a lo que quiero llegar es lo siguiente: Todos los extremos son malos. Pero también existe la moderación, el tomarse un traguito con los amigos puede ser comparado con el porrito semanal de mi mejor amigo (no lo acompaño, no aguanto el olor).

Colombia, por el amor a Dios, nuestra selección es patrocinada por Águila. ¿Saben cuantas muertes y cuanto dolor se ha causado por borrachos que no se controlan? Tantos que ya nos hemos vuelto insensibles a esto, incluso, lo hemos aceptado en nuestra cultura.

En mi opinión, debemos aceptar que existen drogas, y hacer lo que hacemos con el alcohol, el cigarrillo, el café, el té y todas las sustancias psicoactivas que son legales: prevenir.

Para empezar a solucionar el problema, debemos comprender que existe un problema. Penalizar la dosis personal es simplemente ignorar el problema.

[Jkrincon Fuera…por ahora]

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