Preocupaciones…menores

Posted on marzo 3, 2009 por

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nacho

Por Sbasgomez

Ya es conocido en Colombia el hecho de la influencia que ejercen los movimientos armados en los diferentes ámbitos de la vida nacional (política, economía, etc); así como también es conocido el hecho de que aún faltan muchos cabos por atar, con los cuales podríamos hallar más pistas sobre el alcance que tienen las relaciones entre los personajes de la vida pública y los líderes de estas organizaciones.

Pues bien, a medida que nos vamos introduciendo en el ritmo, no sabría si catalogarlo como avasallador, de la sociedad colombiana, nos damos cuenta de que también podemos atar esos cabos sueltos, situaciones desconcertantes que nos obligan a madurar con su crudeza y entender de una vez por todas que no estamos más bajo la protección de nuestra inocencia.

La disputa que hay por las instituciones educativas, especialmente de educación superior, era una situación ya conocida para mí. Pero aún no comprendía la magnitud de los errores que se cometen al interior de una gestión política, o la gran cantidad de atrocidades por las cuales se intenta alcanzar un pensamiento personal o una idea del gobierno.

Algunas universidades en Colombia son conocidas, quizá por hacer parte de un grupo de instituciones con algunos problemas ocasionales de orden público, relacionados directamente con el tema de este artículo, y que pasaré a definir:

Primero, se ha venido incrementando la violencia contra los sindicatos que existen en estas instituciones educativas. ¿El motivo? Sencillo, acabar con los paros que se generan a raíz de los panfletos y mensajes amenazadores que reciben estas personas.

Ahora pregunto, que pensarían ustedes al leer frases como la siguiente:

“Nos identificamos con la política del Presidente Álvaro Uribe Vélez y estamos con él hasta la victoria final sobre los guerrilleros disfrazados y camuflados de civil como representantes estudiantiles – sindicalistas de sintraunicol”

Por mi parte, las raíces de este problema se encuentran en dos elementos esenciales: El primero de ellos se fundamenta en el fanatismo que generan los discursos del presidente de la República. No quiero decir que el presidente se equivoque con los adjetivos que utiliza para referirse a los milicianos de las Farc. Tan solo digo que en un país como el nuestro, es mejor abstenerse de pronunciar algunas palabras.

Por otro lado, la cultura “pro exterminio de la guerrilla de la manera más sanguinaria que se pueda concebir” genera falsas visiones y, en ocasiones, estereotipos equivocados acerca de los intereses de otros auténticos grupos políticos.

El segundo elemento es, sin duda, la intolerancia a las ideas que puedan tener otros ciudadanos y que marquen oposición a las propias. Existen quienes quizá estén intentando reclamar sus derechos mediante huelgas y manifestaciones, pero siendo realistas, alteran el curso normal de las actividades y generan malestar.

El tercer elemento es la, ya conocida, cultura de violencia existente en este país. No se puede, de ninguna manera, solucionar problemas de una manera diplomática. Es sencillamente imposible intentar entablar una conversación con la persona en conflicto, pues se convierte prácticamente en símbolo de debilidad, las armas son la mejor alternativa para limar y acabar con las asperezas.

¿Qué tenemos? Una muy poco sana combinación de intolerancia política con, desafortunadamente, una diversidad de intereses dentro de una nación dividida en Uribismo y Oposición, en definitiva, una situación digna de ser la base de una hecatombe.

Fotografía por niño bomba distribuida bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Colombia License.

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Posted in: Opinión, Política