Más allá del morbo

Posted on diciembre 16, 2008 por

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Por Lumiph

No se trata en que tengamos una “muerte digna”, sino de tratar de que, sea cuanto sea el tiempo que dure nuestra vida, sea una vida digna.

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Más allá del morbo con el que una cadena televisiva inglesa transmitió en pleno tiempo Navideño y de Adviento,  el pasado miércoles díez de Diciembre, el documental “Derecho a morir”, que mostró en detalle el suicidio asistido de Craig Ewert, de 59 años, más allá de ese morbo se encuentra, no un debate, sino el encuentro con el lado más humano, tierno, misericordioso de cuantos se pueden experimentar: el dolor y el amor.

Este señor, Craig Ewert sufría de una enfermedad neurológica degenerativa e incurable que lo llevó a utilizar el servicio de suicidio asistido de la asociación suiza Dignitas en Septiembre del 2006.

En estos últimos años se ha hablado mucho de la “muerte digna” como solución a cualquier enfermedad que no tenga cura y que, por lo general, deje a las personas postradas en una cama. Pero jamás se habla de una vida digna. La vida, sea cual sea su estado se puede vivir de una manera digna, de una manera santa, más aún cuando se sufre una enfermedad.

Mi papá sufre de insuficiencia renal crónica, por lo cual sus riñones nunca volverán a trabajar bien, pero él recibe asistencia médica adecuada y se dializa todas las noches y creánme, tiene una vida digna, a pesar de que esté sentenciado a depender de una máquina para poder vivir, a pesar de que nunca podrá meterse en una piscina o en el mar, a pesar de que ya no puede tomar en las fiestas, a pesar de que sufre, a menudo, de dolor abdominal, a pesar de todo, repito, tiene una vida digna. Porque, a la verdad,  en medio de una enfermedad sí hay otras opciones a la muerte, sí se puede decir “sí” a la vida, sí a un tratamiento adecuado y pro-vida, sí a la enfermedad, sí al dolor mismo.  Sólo en medio del dolor se puede ver al Crucificado con unos nuevos ojos, con los ojos de que aún en el dolor yace el amor.

Y el punto no es tanto que la persona sufra de alguna enfermedad incurable, sino que la persona considera que esa enfermedad le hace valer menos que los otros seres humanos. La cultura occidental, el mundo occidental, para orgullo de Nietzche, considera como basura y estorbo al que no es como todos, al que está enfermo, al que es especial. La cultura occidental les quita toda salida, de tal manera que consideran que lo único que pueden hacer para evitar sentirse menos es suicidarse, buscar dizque una “muerte digna”.

Ojalá volviera el tiempo en el que una enfermedad era deseada, aún pedida, por el creyente; el tiempo en que una enfermedad era la oportunidad de parecerse al Crucificado, era la oportunidad para ofrecer amor. Porque esa gente no pensaba como lo hace el mundo occidental, pensaba como Dios lo hace.

Al negocio de mis papás a veces va un niño especial.  Se llama Oliver y evidentemente, sufre. ¿Se imaginan ustedes preguntarle a ese niño: “¿quieres que te matemos porque eres especial?”?, ¿qué creen que les dirá el pequeño?. Seguramente los mirará con unos ojos extrañados y les preguntará: ¿Y yo qué te hice para que me odies tanto?”. Ese niño no pedirá la muerte, pedirá siempre la vida. Y saben él porqué, bueno, porque simplemente ese niño no piensa como adulto, sino como niño, lo que me hace recordar esas palabras del Señor: “Si no os hacéis como niños…”. Pese a su enfermedad Oliver tiene una vida digna y lo que es más importante aún, él es feliz.

[Fuente Imagen]

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Posted in: Opinión, Reflexiones