Entrevista a un drogadicto

Posted on octubre 23, 2008 por

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Su nombre: José Luis Rivera Sarmiento. Su edad: 19 años. Nació el 6 de  noviembre de 1989. La mayor parte del tiempo, o para ser más precisos, 14 años de su vida, fueron lo que nosotros llamaríamos “normal”. Con un casa y un techo donde vivir, con unos papás, con hermanos, por supuesto con amigos, rodeado por la gente que lo quería, estudiando en un colegio llamado José Celestino Mutis donde cursó hasta octavo grado, practicando fútbol y jugando a las escondidas. Tampoco faltaban sus novias, que como él dice: fueron varias.

Su niñez y parte de su juventud transcurrieron como él suele recordar con alegría y también con algo de tristeza, pero ante la cual no tiene sino una palabra: normal. A los 14 años se vio obligado abandonar su hogar y dejar atrás todo aquello con lo que un día soñó, para sumergirse en el oscuro, y traicionero mundo de las drogas. Él afirma que el motivo por el cual hoy deambula solitario por las calles de Cúcuta, fue una pelea con su padrastro, quien solía maltratarlo físicamente: “entre ninguno de los dos había respeto”, afirma José Luis.Su madre, una mujer humilde, trabajaba en una casa de familia, él le ayudaba un poco con los gastos pues a pesar de ser el menor de tres hermanos, y aún menor de edad, trabaja en un taller de mecánica mientras no estudiaba. Cuando ingreso en el cruel y denigrante mundo de la calle, se sumergió también en las drogas, desde entonces consume cigarrillo y marihuana tres veces diarias.

Su costo: $5000 por “cuadro”, suele conseguirlas en el barrio Lopez. Todo empezó porque una vez su hermano “portaba” un cuadro en el bolsillo, al verlo le causó curiosidad y decidió probarla, sin saber que nunca más iba a ser capaz de dejarla. Después de cuatro años en la calle no le importa nada: “después de tanto tiempo uno termina acostumbrándose”.

Con dolor comparte asimismo : “amigos sólo hay cuando uno tiene plata, los amigos no existen, los compañeros sí”. Recuerda con gran nostalgia cuan mejor era su vida antes de entrar en este mundo, mas una vez allí, todo cambia. Él se gana la vida limpiando vidrios y haciendo grillos con hojas de palma, “me enseñó un paisa”. Esto para poder conseguir lo del desayuno, almuerzo y comida que muchas veces resulta siendo un “cuadro”: “Me libera. No da hambre, ni sueño, me siento relajado y me olvido de los problemas que me llevaron a estar donde estoy ahora”. Cuando no consume, siente ansiedad y no le gusta que nadie le hable, confiesa José Luis

Ha intentado ya muchas veces, tantas que perdió la cuenta, volver a su vida normal, “he intentado, he pagado pieza y duro dos o tres días por fuera y vuelvo”. Dice que le gustaría conseguir trabajo, especialmente si es de mecánico, pero sabe que debido a su situación es casi imposible que lo reciban “soy de la calle y consumo drogas, quién contrataría a alguien así”. Dice que desde hace cuatro años que se fue de su casa no sabe nada de su mamá y de sus hermanos, que los extraña, pero que igual ya se acostumbró a ese estilo de vida.

José Luis se asegura: “honesto, sencillo, respetuoso, no me meto con nadie, evito los problemas, nunca he robado ni matado y tampoco lo pienso hacer, pues esto lo castiga Dios”.

Dice que le gustaría empezar de cero, trabajar y tener un hogar, mas mientras siga así cada vez va a estar peor, y si la gente al verlo pasar en lugar de serle indiferente y mirarlo con repugnancia, lo ayudaran “para mí sería más fácil”. Él dice que conoce a muchos en su misma situación, y aunque no es una vida fácil, “prefiero estar en este mundo que volver a mi casa con mi padrastro”. Sus padres se separaron cuando él tenía sólo dos años, dos años más tarde su mamá conoció al hombre que hoy es su padrastro.

Es el menor de tres hermanos: dos hombres y una mujer, afirma que llevaba una buena relación con ambos: “Hacíamos las típicas travesuras de niños. Eramos muy unidos, lo que era con uno era con todos, siempre nos defendíamos”. “Me gustaría saber de ellos, que hay de su vida, si tienen hijos, y lo más importante, si mi mamá me extraña y qué ha pasado desde que me fui de la casa”.

Cuenta que mientras duerme muchas veces sueña, cómo sería su vida si no le hubiera tocado irse, que estaría haciendo, a la vez que vienen a su mente todos esos recuerdos buenos y malos que muchas veces le perturban el sueño y no lo dejan dormir: “son varias las noches que paso despierto pensando, cuando no son los recuerdos, es el frío o muchas veces que me acuesto sin comer lo que me quita el sueño” “ paso horas y horas enteras despierto, es poco el tiempo que duermo”.

Dice que duerme en el malecón con un cartón, muchas veces de cobija que al mojarse se daña y que siempre le transmite ese silencioso frío de las largas noches. Al hablar, su rostro refleja una profunda tristeza,la tristeza de saber y pensar que algún día “lo tuvo todo” y que en un abrir y cerrar de ojos todo se fue. No tuvo tiempo de reaccionar, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde.

Tan solo pudo mirar como se desmoronaba todo eso con lo que algún día había soñado, y que sabía perfectamente que no iba a volver. “Es duro recordar, pero recuerdo para no olvidar y mantenerme vivo, los recuerdos son lo único que me mantienen con la ilusión de seguir adelante y de pensar que algún día podría salir de este mundo”.

Es resignación lo que siente cuando habla de su vida en la calle y de que le gustaría hacer. Pero más allá de esa resignación y de ese caparazón que él muestra para no sentirse vulnerable ante los demás se esconde un joven tratando de salir adelante, de superar las adversidades, con sueños, metas, aspiraciones y lo más importante la voluntad de superarse, de ser alguien en la vida, de no quedarse limpiando vidrios, mientras ve pasar los años en vano. “Quisiera tener mi propio taller de mecánica, y que ese fuera el mejor de todos, pues antes de venirme para la calle trabajaba en uno y me gustaba mucho”.

Dice que hay días en que el calor es insoportable, por eso prefiere quedarse bajo la sombra de un árbol, que estar parado en un semáforo vendiendo sus grillos de $1000.

Le duele que la gente muchas veces no le colabore “No saben por lo que uno tiene que pasar, para conseguir algo para comer”, que en vez de darle una moneda arranquen corriendo en ese carro a toda velocidad para huir de él y así no darle nada: “Es duro y doloroso, y en medio de todo uno entiende, ellos no están en la obligación de darle a uno nada ni mucho menos de ayudarlo, pero sería bueno que la gente también se pusiera en el lugar de uno y lo entendiera y entendiera todo lo que se sufre en la calle” “ Me gustaría que por un día ellos vivieran como uno, así entenderían que la vida no es como la pintan, y que la realidad que ellos viven no es tan real, sino que la realidad verdadera está en las calles, en los semáforos, la realidad somos nosotros”.

“Sueño con el día en que tenga mi propio tallercito de mecánica, mis dos hijos: un niño, una niña y mi esposa, y poder vivir felices en una casa, mis hijos estudiando y por supuesto dejando atrás todo este terrible episodio de mi vida, que hoy me agobia pero del cual espero salir pronto, para que cuando me vuelvan a preguntar pueda decir con orgullo que así como un día entré también un día pude salir” y sueña salir pronto para así poder ayudar a otros a abandonar ese mundo. “No es fácil pero sé que algún día lo lograré, no me daré por vencido y lucharé hasta el fin, por lograr mis sueños”.

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